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El sainete del desarme: Acto ll La SI 07/12/46 p. 1-3

            En el teatro de la NU  ha comenzado un nuevo sainete. Su nombre: el Desarme. Su argumento procuraremos desarrollarlo en síntesis en esta mal pergueñada crónica.

            Podría darse a ella la forma de un sainete. Mejor será darle un tinte de alta comedia. Porque sería caso irreverente que nos tomáramos a broma lo que, en el fondo, no sólo es el asunto más grave que tenemos entre manos, sino que revela los entretelones de la farsa trágica internacional.
            No se crea que no hubiese en la NU otros asuntos que tratar. Pero unos, verdaderos problemas, no quieren tratarlos, para que no se les vea la cola. Otros, que no son más fuegos artificiales –como es el famoso y risible VETO- ha agotado muchas horas y el público está ya cansado del asunto y sus actores.  Y es necesario inventar otros temas en qué perder el tiempo, para que después no se diga que unos cobran opíparamente sin trabajar, mientras otros dicen siempre lo mismo, no tocando distintos temas que atraigan al infinítus numerus que se preocupan de cosas políticas y de los actores del día.
            Había que pasar algunos días hablando del Desarme y tomándoles el pelo a los humanos por este lado; porque  se lo han tomado ya magníficamente por otros lados.
            a) En acabando la primera guerra mundial, tenía lugar la primera Conferencia del Desarme. Yo diré los motivos, porque muchos los ignoran.
            Esa primera guerra mundial tuvo la mismísima causa  de la segunda guerra, pero había que camuflagear la tormenta y levantar una muralla de mixtificación entre ella y el público semitonto.  Y se invento la farsa: “se hace esta primera guerra para destruir el militarismo alemán, suprimir los enormes gastos militares y desarmar al mundo”.
            Para mayor brillantez de esa farsa que se pintaba en la superficie, en el epitafio de la guerra -alias, Dictado de Versalles- firmaban el desarme, incluso el propio desarme, y marchaban en la delantera de la gran cruzada los caballeros de la industria pesada, que necesitaban alimentarse de guerras continuas, y comenzaron a gritar contra el armamentismo... a condición de que se les autorizase a seguir de hecho con el armamentismo y engordar a costa de los pueblos armados y sacrificados.
            Por lo tanto, había de armarse un “clima de desarme” a condición de armarse más; y para ello reunían la primera Conferencia y ponían a rienda suelta a todos los obedientes de las agencias noticieras.
            Pero habría sido poco, con ser mucho, “simular”  un desarme. Famélicos son ellos, y no se contentan con poca cosa. Aprovechaban la misma reunión, dedicando largos días y numerosas sesiones secretas a China.
            ¿Qué tenía que ver la pobre China, con los simuladores de la paz? Es que China contenía enormes riquezas naturales y se prestaba, ya,  a una intervención ajena. Y había que aprovechar la ocasión. Nada tenía que ver la China con el desarme; pero ello tenía escasa importancia. La cuestión es que comienza un nuevo acto de mediatización de China. Y así fue como la Conferencia del Desarme, a más de ser la legalización del Armamentismo, se prestaba a algo más suculento en el terreno económico: comenzar a ponerse a tiro del gran pueblo asiático, para darle un empujón cuando fuere la hora, y tranquilamente almorzárselo.
            De este modo aquella famosa Conferencia del Desarme fue una verdadera reunión para “hacerse” con la China. Y entre sesiones –como una especie de aceitunas y tajadas de salame entre plato y plato- se discurseaba sobre desarme y se firmaban unas bases por las cuales cada uno de esos grandes países no solo se reconocían el derecho a un gigantesco armamentismo que sobrellevaban, sino a aumentarlo.
Y esta fue la donosa Conferencia primera del Desarme que se impusieron a sí mismas las grandes potencias.
            Pero bueno sería memorizar dos especiales aspectos, para que las gentes no extrañen ahora que se repitan nuevamente. ¿No son acaso, los mismos actores, que están ahora actuando en el segundo Acto de la gran comedia?