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1934 ha sido año de continuos fracasos para la Política y la Diplomacia. ¿Se ha iniciado tal vez, un resurgimiento económico, habiéndose llegado al fondo de la crisis? Lo que podemos esperar del año 1935 La SI 29/12/34 p. 3-8

 

1934 ha sido año de continuos fracasos para la Política y la Diplomacia. ¿Se ha iniciado tal vez, un resurgimiento económico, habiéndose llegado al fondo de la crisis? Lo que podemos esperar del año 1935 La SI 29/12/34 p. 3-8

    Año tétrico, digno de su antecesor, alrededor de cuya losa  no se pueden oír más que lamentos e imprecaciones. Año que, aún en aquello que ha motivado regocijos, no hay más que apariencia y fantasma de bienestar.
    Resumir los hechos sobresalientes de este año, es cosa difícil y forzosamente monótona.  Difícil, porque el rosario de desgracias ha sido interminable.  Monótono, como golpes siempre iguales de un tambor funeral, porque todos se parecen a todos en su fondo doloroso.
    Intentemos organizar esos hechos, como respondiendo a una estructura interior. De poder lograrlo,   se podría entender esa chorrera de dolores. Y, entendiéndola, tal vez se filtraría un rayo de luz quebrando tanta negrura y un halo de tenue esperanza podría edificarse sobre el dolor de tantas ruinas.


1 .Incapacidad política   

    Sería odioso, al querer juzgar la habilidad de la política durante este año infecundo, insistir en condenaciones y extremar juicios críticos.  Será más humano –y, en el fondo, más convincente- limitarse a presentar hechos y todavía unos pocos, sobresalientes, a guisa de suficiente ejemplar.
    
    a) Comencemos por el caso de Francia, al cual los escritores de libros y revistas han comenzado a atribuir importancia decisiva. Francia es pueblo que cuenta siempre como tipo a ser imitado. Desde la Revolución Francesa, Francia ha sido faro que ha iluminado a numerosos pueblos, en lo bueno y en lo malo. Lo que sucede en París tiene trascendencia, no solo nacional, a causa de la centralización de aquella política, sino importancia mundial, a causa del rol de ejemplaridad a que hemos aludido.         
    Escritores de todo país, y también la inmensa mayoría de pensadores franceses, habían confundido ese rol ejemplarizador con la estabilidad de los sistemas.  Habían confundido, también, a la Francia inmortal  con la política mortal de esa Francia eterna. Perdían de vista, por ejemplo, que el parlamentarismo, no es cosa de la substancia francesa, por cuanto se implantó hace sólo cien años, y cuenta aquel país, algunos más, en la historia universal de la cultura. Perdían de vista, también, que aquel dualismo secular  entre el pueblo francés  y el feudalismo gobernante y usufructuante, no había desaparecido con el parlamentarismo partidarista, sino que se había limitado a cambiar de nombre y de sujeto, perdurando en el Hoy republicano-parlamentario con igual fuerza e idénticos atributos internos que en el Ayer monárquico-absoluto. Taine ha hablado largo de esa distinción entre la médula y la piel. Y son muchos los franceses e infinitos los extranjeros que no han entendido jamás esa distinción fundamental del gran historiador-sociólogo.
    La mala sangre de la política francesa explotaba este año, ante las iras ya no reconcentradas del pueblo francés, por el furúnculo Stavisky y una serie de Staviskys de menor cuantía que han revelado aquel dualismo: el pueblo y las fuerzas vivas, a un lado;  los que banquetean sobre la piel desflorando retórica, a otro lado. Y aparecía ese furúnculo afiebrado en el mismo instante en que desparecía el último abencerraje de una minoría que tenía la ilusión de hacer política alta y en serio: Raymond Poincaré 
    En todos los países ha habido ese tipo de político honrado, cuya honradez impecable resalta más por exhibirse sobre un fondo pútrido. España ha tenido su don Antonio Maura, gigante bajo tantos conceptos, incomprendido por los políticos, por el pueblo y por el rey. Estados Unidos tuvo su Wilson, aporreado por todos, aún por los mismos pro-hombre de su partido.  Poincaré fue en Francia el tipo perfecto del hombre inteligente, pero especialmente sano y enérgico, que en algún instante llegó a ser comprendido por su pueblo,
cuando ya no se podía respirar por las emanaciones de las staviskadas de 1926. Hombre incorrupto, tenía sus ideas de la pobreza y de la riqueza y sentía a fondo la necesidad de aparecer y de ser pobre para una correcta gobernación.