Vascos 39
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La victoria de los vascos. De Francois Mauriac (De la Academia Francesa) La SI 25/02/39 p. 11
Vasconia es así: Breve presentación para los intelectuales de América La SI 05/08/39 p. 1-2

La victoria de los vascos
De Francois Mauriac (De la Academia Francesa)
La SI 25/02/39 p. 11

            Vivimos en una época, en que la víctima del momento, nos hace olvidar la víctima de la víspera; una época en que un crimen hace olvidar otro. Debemos guardar fidelidad a una causa, aunque ésta haya pasado la actualidad. En estos momentos, no se habla mucho de los vascos. Ello no significa que el problema vasco, haya sido resuelto. Hasta que España no haya recobrado la paz, el problema vasco quedará sin solución.
            Hoy en día, podemos afirmar que en el universo católico, y en primer lugar en Francia, los vascos han ganado la batalla ante la opinión. Quiere decir, que no nos hemos batido inútilmente y que las injurias que hemos recibido, no significan nada, ante el resultado obtenido. En estos últimos días, en una primera reunión celebrada para constituir el Comité Internacional de Amigos de los Vascos, la presencia del Arzobispo de París y del Obispo de Dax y de otras personalidades, cuyos nombres no podemos por ahora citar, testimonia que la fraternidad católica, durante algún tiempo vacilante a causa de las calumnias lanzadas, afirma ahora sin reticencias su voluntad a favor de esos amigos fieles que Francia cuenta sobre la frontera de los Pirineos.
            Durante las últimas vacaciones, en la primera página de un gran cotidiano moderado como “La Petite Gironde” ha aparecido durante varios días una encuesta muy favorable a los vascos firmada por el señor Pierre Dumas, sin que ello haya levantado ninguna protesta. De aquellos errores que durante un tiempo circularon en la prensa francesa, nadie o mejor dicho ningún periódico de buena fe, se hace eco.
            Nadie ignora tampoco en Francia, que antes de la guerra civil no solo ninguna alianza no existía entre los católicos vascos y los comunistas, sino que sobre el terreno electoral, lo mismo que en el de las obras sociales, aparecían ambos como enemigos irreconciliables. Atacados por los rebeldes desde el primer día, los vascos se encontraron en la defensa de su país, junto a las izquierdas españolas, de la misma manera que en Septiembre si hubiese estallado la guerra a causa de una agresión alemana, nosotros franceses, nos hubiéramos encontrado luchando junto a la conservadora Inglaterra en el mismo campo que los Soviets.
            Ningún católico ignora tampoco que la obediencia al poder establecido, al poder legal, aunque ésta sea el peor, sigue siendo la regla de la Iglesia, y que solo la pasión política considera como un crimen de los vascos, el hecho de haberse negado a sublevarse. Aún si consideramos que el estado interior de España, hacía legítimo el sublevamiento militar y la llamada al extranjero, aún en esta hipótesis, ninguna ley humana ni divina obligaba en consciencia a los vascos a rebelarse contra el Gobierno oficial de Madrid ante el cual estaban acreditados los Embajadores del mu7ndo entero.
            Los rebeldes y no los fieles son los que tienen que defenderse y presentar argumentos. Por nuestra parte, nosotros admitimos que esos argumentos merecen ser tenidos en cuenta. Pero aquello que no admitimos es que los vascos hayan cometido un crimen al querer mantenerse fuera del conflicto.
            Por otro lado, yo no veo la causa por la cual debían resignase a sostener a los enemigos de sus libertades. En el momento en que acababan de obtener de la República, la autonomía en el cuadro de la nación española, sus aspiraciones iban a ser satisfechas. Era pues inhumano y hasta estúpido esperar que pondrían sus fuerzas a la disposición de aquellos que venían precisamente a aniquilar aquellas libertades a las que los vascos guardan mayor culto que a sus propias existencias.
            Ningún francés de buena fe puede creer hoy en día, que la actitud de los vascos debía haber sido contraria a la por ellos adoptada. No podemos exigir a un pueblo ni a un individuo que se traicione a él mismo.
            Algunos dirán que los vascos han perdido todo y que han sido aniquilados. Esta derrota es solo aparente. Los vascos han ganado la causa y jamás se encontraron más cerca de la victoria. El Gobierno de Euzkadi reside en Barcelona y en París y no es un gobierno “fantasma” puesto que se ocupa de socorrer a millares de vascos de todas las edades y de todas las