Colombia 39 07 a 10
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Colombia 39 07 a 10
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Aniversario de Colombia. El Presidente de la República La SI 22/07/39 p. 4
Colombia medular. Una exuberante floración de revistas no magazinescas La SI 22/07/39 p. 5
Colombia medular. La iniciativa científica en la nueva Colombia La SI 07/10/39 p. 6

Aniversario de Colombia
El Presidente de la República
La SI 22/07/39 p. 4

            Año y medio atrás, la República de Colombia elegía nuevo Presidente. Meses antes anunciábamos en estas columnas el resultado de esa entonces futura elección: era cosa tan natural y lógica. Que podía considerarse como un suceso inevitable. Y este es el mejor elogio que pudiera hacerse de ese pueblo y de su nuevo Presidente.
            En la naturaleza una ley llama constantemente hacia el llenamiento de los vacíos. Llenar los vacíos es algo tan natural como caer un cuerpo hacia la tierra o hervir un líquido  a ciertos grados de calor. Un vacío es algo terrible. Y llenarlo es cosa de alta y providencial finalidad. Los vacíos en el mar y en el aire tienden inmediatamente a ser llenados por el fluido circundante. Si, por algún accidente, un vacío permanece, deviene peligrosa circunstancia. Cuando un avión atraviesa un vacío está en peligro próximo de tragedia.
            En la vida humana los vacíos son igualmente inquietadores. ¿Cuántas cosas raras suceden a causa de vacíos sentimentales? Freíd diría algo a propósito de esto. Y es ley de la estrategia victoriosa llenar un vacío. El editor de libros que sabe “llenar vacíos” se hace rico. Y realiza un bien social.
            En política –la zona del artificio y de la apariencia- raras veces un hombre llena un vacío. Ni un partido. Cuando una organización llena un vacío, colabora al bien común y triunfa en la voluntad de los ciudadanos. Pero, en esa zona artificiosa de la cosa pública, los hombres van pocas veces a llenar vacíos. Todo lo más, a llenar carteras.
            Sin embargo, pocas veces se habrá podido decir con mayor verdad que el advenimiento del Dr. Santos a la Presidencia colombiana ha llenado un vacío, tan hondo como peligroso. Tan peligroso, que forzosamente el instinto popular había de prevenirse llenándolo. Y de ahí que un espíritu previsor pudiese mucho antes de la elección darla por hecha.
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            El vacío consistía en esto:
            Colombia, gobernada durante medio siglo por la Iglesia y los conservadores, se había varado en el recuerdo del pasado. Sorda a los mismos oídos de León X111, permanecía su epidermis estatal clavada en un feudalismo que no se aceptaba de boca; que era un hecho indubitable. En tanto, invencibles las leyes biológicas, bajo la piel corrían los tiempos. Y el pueblo, que se iba desarticulando de los grupos gobernantes, comenzaba a rugir por derechos conculcados por los de arriba, en su doble aspecto económico y gubernamental.
            Es el hecho de todos los países, aquí agravado por estar más a la vista la alianza “de facto” entre la Iglesia y los conculcadores de la sociología cristiana y los derechos de las multitudes.
            Cien cosas raras que trajeron al poder al Partido Liberal, no fueron más que cauce abierto a un cambio necesario. Cuanto más raros estos hechos, más providenciales. Porque Dios ciega a los que quiere desplazar. Esos años de liberalismo frescamente advenido, habían de tirar hacia una exaltación lógica de los oprimidos. Lógica. Porque las leyes del péndulo son igualmente aplicables al equilibrio moral.
            ¿A qué peligrosas partes podía llevar el radicalismo en las maneras de los primeros presidentes liberales, aún siendo doctrinalmente inatacable? Se requería ahora, para detener una oposición rehecha, en lo que tenía de ilógico y de retroceso, nuevas maneras. Las mismas doctrinas exigen a veces nuevos cauces. Se necesitaba que lo que los primeros liberales habían realizado como “obra de partido” pasase ahora a ser aceptado como “obra nacional superpartidaria”. Es decir, a solidar las conquistas y a realizar obra de conjunción. Era ésta la exigencia.
            Para llenarla había nacido Eduardo Santos.
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            Viene de familia oriunda de los agros históricos de Boyacá y Santander. Una ventaja: llevar sangre moza de las lejanías, en la cual Antonia Santos, heroína nacional, brillaba con luz pura. Cursó Humanidades en colegios religiosos y en 1908 recibía el título de abogado en la