Asia 39 06 24
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Un nuevo acto en la guerra chino-japonesa. Se alza nuevamente el telón en la guerra chino-japonesa La SI 24/06/39 p. 2-3

Un nuevo acto en la guerra chino-japonesa. Se alza nuevamente el telón en la guerra chino-japonesa
La SI 24/06/39 p. 2-3

            a) Quien quiera entender los actuales acontecimientos mundiales ha de partir de lo que llamaríamos base naturista en cuanto a razas, naciones y Estados.
            La Edad Media tendió, por imposición ineludible de los hechos, a formar naciones, que en los siglos primeros eran, precisamente por su cercanía a un común origen, algo pastoso e invertebrado. Pasaron siglos antes que, de la común pasta, surgiesen fisonomías suficientemente avanzadas para constituir miembros distintos de la humanidad. Y es la Edad Media el milenio que tiene por misión el redondear esas naciones, acabar la diferenciación nacionalista de una manera perfecta, hacer surgir naciones vivas, diferenciadas, actuantes, órganos vivos de la humanidad heterogénea, como organismo superior que es.
            Irrumpía la Edad Moderna, entre saltos y disparates, hacia algo también naturalmente necesario: un proceso inverso, aunque no contrario: la formación de Estados. No es otra cosa todo el proceso semimilenario que comenzaba a fines del siglo XV y cuya terminación estamos nosotros viviendo. Cierto que la diferenciación nacionalista era base intangible, porque se trataba de un proceso natural de diferenciación calificada. Pero esa membración de la humanidad no quería decir que las naciones debiesen actuar espalda contra espalda, de reojo y enseñando los dientes. Había que relacionar las naciones según naturales afinidades. Había que estructurarse una serie de coordinaciones superiores a la nación –superiores en extensión, aunque no en calidad e intensidad- para que pudiese decirse que ésta estaba verdaderamente organizada, leal a los hechos naturales.
            De ahí ese proceso de la Edad Moderna tendiente a agrupar naciones según afinidades comunes, aunque pasando por los mil errores de los Estados Forzados. Efecto de la escasa moralidad –o de la escasa visión- de los estadistas.
            Ya aquí, queremos notar una diferenciación entre la Europa y la América. Mientras la Europa, efecto de aquellos diez siglos medievales, tenía ya las nacionalidades bien formadas en el siglo XV, y pasaba los siglos siguientes intentando, como tanteando, la formación de unidades políticas mayores, la América, por razón de su reciente llegada a la civilización, estaba todavía en su Medioevo. Así, mientras en Europa todo tendía en el siglo X1X a la unidad política, a base de respetar la unidad nacional de cada grupo étnico, en América se estaban formando las nacionalidades incipientes. Y ahora, cuando en Europa se entra a un reajuste entre lo Medieval (formación y respeto de nacionalidades) y lo Moderno (formación de grandes Estados superracionales), en América estamos en el siglo XV1 europeo, cuyo signo es la unificación de esfuerzos, la formación de superestados, el Americanismo, si se quiere usar un vocablo vago e impreciso, pero de estas horas.
            Es interesante notar cómo no todos los pueblos y continentes pasan estas etapas en el mismo instante, existiendo en un mismo momento pueblos que viven en la Edad de piedra, otros que están en la Antigua, otros que están formando sus nacionalidades como en la Europa Medieval, otros que están el período Moderno de unidad, y otros, en fin, que inician ahora (Europa) el reajuste entre la diferenciación y la unidad, entre lo medieval necesario y lo moderno necesario, eliminando errores circunstanciales de ambas Edades.
            Bajo este prisma de Filosofía orgánica (o, mejor, si se quiere, de Historia Biológica) hay que encarar los actuales problemas asiáticos, y, entre ellos, pues los hay numerosos, esta guerra entre el Japón y la China, en la cual, bajo mil cosas horrorosas, lamentables e inaceptables, se está cumpliendo el mandato imperativo de la ley biológica que está estructurando naturalmente a la humanidad.
            Y es interesante ver como, bajo una misma política, a veces se realizan hechos que tienden a la vez a la formación nacionalista y a la unificación racial, etapas que parecen –que son- contrarias y que, sin embargo, pueden latir a la vez en un mismo hecho. A la manera de un joven que se casa está en un doble contrario proceso de personificación y diferenciación por un lado (juventud), y por otro lado de unificación (matrimonio), de la misma manera en las evoluciones naturales de los pueblos –actualmente los asiáticos- se realizan muchas veces