Asia 40 12 14
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El mundo árabe se mueve La SI  14/12/40 p. 5-6

El mundo árabe se mueve
La SI  12/40 p. 5-6

            La recién iniciada rebelión en Palestina, contra los británicos, que ha coincidido con la declaración ítalo-alemana sobre reconocimiento integral  de la independencia del mundo árabe, pone otra vez sobre el tapete un problema que, habiéndose iniciado a principios del siglo XX, va tomando características cada vez más interesantes.
            El pueblo árabe es uno de los que más han dado que estudiar en la historia. Surgido en las lejanías de veinte siglos antes de Cristo, de los amores mediatizados  entre Abraham y su bella esclava Agar, no parecía  sino que estaba destinado a vagar penosamente, en una eterna mediocridad, por los cálidos arenales del desierto inmenso. Es un caso raro de larga mocedad de más de dos milenios. Y de pronto, sin antecedentes que lo presagiasen, como aquellas tempestades de arena que suelen irrumpir sin aviso sobre las olas de polvo del desierto, ese pueblo galvaniza en un supremo empuje bajo la égida de Mohamed  y se lanza sobre los cuatro puntos cardinales como tromba que lo arrasa e iguala todo.
            El imperio árabe quedaba formado en unos pocos años, dominando el Corán sobre una multitud de pueblos. Más, no eran solo el poder y la fuerza. Fue la ciencia más vasta, la erudición más maravillosa y el arte más exquisito. Baste nombrar Damasco y Sevilla, Bagdad y Granada, Marrakech y Alejandría para ponderar a qué grado llegaban súbitamente los estudios árabes, que fueron el núcleo de gran parte del renacimiento de la cultura en la Edad Media, puente de unión, además, entre la ciencia del Oriente y la Edad Moderna.
            Los que miran al pueblo árabe como de menor edad,  incapaz de autogobernarse y de colaborar civilizadamente, se tacharían a sí mismos de ignaros si no se supiese bien que simulan esa ignorancia para tapiar su avidez imperialista. Porque los hijos de Agar tienen la desgracia de estar situados en el punto más estratégicamente importante de la tierra, y su suelo estar abarrotado de inmensas riquezas.
            En el mapa de la portada el lector verá la totalidad de los pueblos árabes de raza, y la mayor parte de pueblos islámicos, de razas varias pero de religión mahometana. Los pueblos realmente árabes están situados en ese canal de Suez delicadísimo, que Gran Bretaña –que ha vivido dos siglos de cosas ficticias- ha creído ser necesario a su vida. Y en su suelo, a pesar de su todavía casi total virginidad, han podido ya encontrarse riquezas que,  como los petróleos del Alto Eufrates  y los de la isla Bahrein, rezuman por el suelo a lo largo de muchos kilómetros
            Son estas suficientes razones para que los países democráticos se lancen decididamente sobre otros pueblos y los reduzcan a esclavos. Ciertamente que en nombre de la democracia y con etiqueta de ese cadáver insepulto que es la Sociedad de Naciones. Para que los pueblos de la tierra sepan a ciencia fija qué cosa es eso que han dado en llamar democracia, mixtificando el ideal puro de toda gobernación honesta.
            El núcleo de los pueblos árabes es la Arabia propiamente dicha de la cual el gallardo  Iben Saud, el Napoleón del desierto, ha expulsado toda tiranía extranjera. Para ello necesitó, dieciocho años atrás, lanzarse sobre el que había puesto la soberanía del país en manos extrañas por un plato de lentejas: el viejo rey de La Meca, Hussein, vencido y exilado, por Saud, arrancando sobre cubierta de un crucero británico con sus hijos Abdalah y Feisal
            Bien pronto los demócratas de Londres se dispusieron para recortar de la Arabia Saudita lo que les fuese posible. S.M. el petróleo tiene sus exigencias. Y una de ellas es que los pueblos  pierdan su independencia en nombre de los principios liberales. El petróleo del alto Irak debía verterse, mediante enormes tubos que bajaban de las alturas mesopotámicas, hacia el Mediterráneo. Era necesario pillar en el norte de la Arabia. Era quitado a Saud y erigido –en nombre de la democracia por supuesto- el reino de la Transjordania, sin personalidad alguna, poniendo a su frente al citado emir Abdalah. Por él pasa el tubo petrolero. Esta su razón única de ser.
            En lo más interior del golfo Pérsico se alza una isla rezumadota de petróleo. El lector la verá en el mapa mostrado por medio de un diminuto punto negro cerca de la cifra 9. se habían disputado ese islote Persia y Turquía, durante lagos años. llega allá Gran Bretaña en 1919 en son de protegerla contra Alemania, y, naturalmente, se le queda. Para que Estados Unidos no