Asia 46 12 28 b
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El Asia no tolera tutores que la opriman La SI 28/12/46 p. 3-5

El Asia no tolera tutores que la opriman
La SI 28/12/46 p. 3-5

            a) Hará unos veinte años que dedicamos una inacabable crítica, en estas mismas columnas, al despertar del Asia. Puede embocarse este problema por una doble faz: por el lado del derecho y por la banda del hecho.

            Por el lado del derecho, bueno está hacerlo flotar por las frases de toda crítica, porque el Derecho no es menos que el Ideal flotante sobre los sucios hechos de cada hora. Ideal que hemos de enarbolar sean cuales sean los hechos miserables de este mísero mundo, empapado en una “Simulación de Democracia” que da asco. Y, cuando, elevándose por encima de la neblina de esas suciedades nuestras, uno hace flotar el Ideal por encima de la mezquindad de los hechos, no parece sino que el espíritu se orea como si hubiese subido a la cima de una elevada y fantástica montaña, que remoza el cuerpo cansado, a base de aire nuevo y oxígeno vivificante.
            No importa que el Ideal esté de capa caída, en estos tiempos de “principios” sofisticados; y que sin vergüenza se los silbe y se los escupa. Hoy mismo, en un diario que se llama serio y que exalta los principios, se hace una burla abierta del derecho objetivo, humillándolo a los pies de los hechos asquerosos. Y ¿no se le llama Ideal, una “monserga”? ¡Monserga el Derecho!
            Cuándo así disparata sin avergonzarse el capellán ¿qué no hará el sacristán? Cuándo esa blasfemia la suelta un viejo que se llama a sí mismo “diario de principios e ideales” ¿qué no disparatarán los infelices que se ríen a todo reír de los derechos, los ideales y los principios inmutables de una moral rectilínea?
            El mundo, salvo la minoría selecta, se divide en dos regiones o bandos: los que abominan de los Ideales y de los Derechos, diciéndolo así y confesándolo de plano, y los que dicen someterse a ideas y reconocedores de Derecho, sin que en la práctica vivida, hagan maldito el caso de esa “monserga”, hablando de derechos solo por el qué dirán los demás. Es decir, que el mundo no se divide, sino, que, de hecho, forma una sola y única kábila que se ríe de los derechos a mandíbula batiente.
            Por eso, entonces, al hablar del Asia y su próxima resurrección, no nos ateníamos a derechos de todas las razas, a derechos de las naciones y otras nobles causas que la humanidad actual juzga “monsergas” y ridiculeces ñoñas. Sino que, mirando la realidad, nos ateníamos al hecho puro. Y el hecho puro (ahora coincidiendo maravillosamente con el Ideal) era que en el Asia estaban echando raíces y próximas a florecer, no ya las acciones explotadoras y las razas de color humilladas, sino que, para el próximo y seguro paso, contaban con Caudillos de valor enorme, que iban a galvanizar a esos pueblos y sacarlos de la sucia tutela colonial que no servía más apara minorizarlas y explotarlas.
            Afirmábamos que sólo el Asia tenía modernamente Caudillos (eran los años anteriores a 1930). Y, comparando esos Caudillos con los caducos, avejetados y marrulleros políticos de la raza blanca, hacíamos sensible el hecho del valor enorme de esos Caudillos al lado de la vaciedad, la torpeza y la nula preparación de los políticos europeos y norteamericanos, cuya fama, los que la tenían, no era más que una leyenda de las agencias noticieras, que les servían a esos políticos para darse mutuamente bombo y auto-elogiarse por manera completamente estúpida.
            Y frente a esos políticos de la vaciedad balnca, presentábamos a Khemal, a Ghandi, a Chiang kai Shek, a Ben Saud, verdaderos Caudillos y creadores de Pueblos, al lado de los viciosos demoledores estilo europeo.
            Aquellos artículos, demasiado largos, pero por lo mismo documentados, levantaron polvo en aquellos años. Unos ignoraban la valía de esos Caudillos asiáticos, cegados los ojos por la polvareda asfixiadora de las agencias y diarios europeos. Otros supieron medir a esos hombres, seguros de que iban a venir años fecundos, que se distinguirían por el levantamiento del Asia contra la vaciedad y la superchería política europeo-yanqui.
            Han pasado tal vez unos veinte años. Todo se ha cumplido. Aquellos gigantes, tres de los cuales todavía viven, están ya en la historia y lo estarán más todavía. El Asia está ahora