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La nueva Carta de la Escuela italiana. Renato La Valle La SI 29/07/39 p. 3
Don Luís Galdames, Director General de Educación Primaria de Chile, habla para “La Semana Internacional” Rafael Coronel La SI 29/07/39 p. 10

La nueva Carta de la Escuela italiana
Renato La Valle
La SI 29/07/39 p. 3

            El cable nos enteró recién de una innovación completa en el régimen escolar italiano. He ahí un resumen del nuevo orden educacional que interesará por igual a cuántos –cualesquiera que sean sus ideas- quieran ser honestamente informados de las novedades pedagógicas modernas.

            La “Carta de la escuela italiana”, aprobada por el Gran Consejo del Fascismo, ha suscitado interés en el extranjero, pues los problemas de la educación de la juventud trascienden de los confines étnicos y de las pasiones ideológicas y se identifican con el progreso de los pueblos. Naturalmente, estos problemas también tienen un aspecto político, es decir, están en función del genio, necesidades y tendencias del pueblo, el cual debe resolverlos y aplicarlos por su propia cuenta; pero también tienen un aspecto espiritual y un aspecto técnico de carácter general que interesan por igual a todos los pueblos.
            Para comprender el espíritu de esta reforma de la Escuela Italiana, podemos tomar como primer punto de referencia una afirmación del Duce (1925): La Escuela italiana tiene que ser formativa del carácter italiano”· el Jefe del Gobierno reconfirmó este concepto en Septiembre de 1929, al dar razón de una significativa medida que ya era todo un programa: “Valiéndome del artículo 4 de la Ley sobre el Primer Ministro, he transformado el Ministerio de Instrucción Pública en Ministerio de Educación Nacional. Con esta decisión (que parece puramente nominal), he entendido reconfirmar, del modo más explícito, un principio: el de que el Estado tiene no sólo el derecho, sino también el deber de educar al pueblo, y no solamente el de instruirlo, para lo cual, al fin de cuentas, también podría bastar una simple concesión a una empresa privada”.
            Educación, pues, y no instrucción. La diferencia entre las dos expresiones es substancial, e indica la novedad de la política escolar de Italia, basada, precisamente, en una concepción pedagógica totalitaria que comprende el corazón y la mente, el alma y los músculos de toda la juventud italiana, desde los 4 hasta los 24 años; el espíritu que anima la educación del niño  en su iniciación escolar es idéntico al que vivifica la Universidad; por otra parte, para el logro total de sus fines, esta concepción pedagógica invita a colaborar con la Escuela, en un coordinamiento racional de funciones y atribuciones a la familia y a las organizaciones  de la “Juventud Italiana del Lictorio” (G.I.L.) y de los “Grupos Universitarios Fascistas” (G.U.F.)
            El documento aprobado por el Gran Consejo es solamente el Estatuto de la Escuela, es decir, establece sus bases, sus caracteres y su estructura, que se concretizarán luego en la legislación especial y en los programas en que dicho Estatuto encontrará su aplicación concreta. La cual será gradual. La razón de ello es comprensible. Los principios en que se inspira la “Carta” determinan una renovación radical de la escuela, no solamente en su estructura, sino también en sus métodos y programas, y no sería prácticamente posible, ni didácticamente aconsejable, poner en práctica de un día para otro esto que podríamos llamar una verdadera revolución escolar.
            La esencia de la reforma se refiere a la escuela primaria y secundaria, y no toca a la Universitaria, a no ser en la disciplina que regula el ingreso en las distintas facultades.
            Estructuralmente, una vez puesta en práctica la reforma, los estudios italianos constarán de los siguientes órdenes: elemental, secundario, superior, femenino, universitario y artístico. Estos “órdenes” están netamente separados entre sí, aunque permiten, cada uno en su ámbito, la mayor variedad, y no excluyen la posibilidad de que los jóvenes pasen del uno al otro.
            La primera novedad es la siguiente: la obligación escolar comienza a los 4 años, con la “Escuela Maternal”, que dura dos años. A los seis años, el niño entra en la escuela primaria propiamente dicha, compuesta de tres cursos. Al cabo de los cinco años, todos los niños, sin distinción, deberán cursar la “Escuela del Trabajo”, es decir, tendrán que aprender y practicar los elementos de las distintas actividades manuales. Esta Escuela, acercando en el taller, en el campo o en la tienda, a ricos y pobres, sean cuales fueren sus condiciones sociales, constituye