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Para la juventud que estudia. Nos falta educación estética. Pastor Valencia Carrera La SI 11/11/39 p. 7

Para la juventud que estudia
Nos falta educación estética
Pastor Valencia Carrera
La SI 11/11/39 p. 7

            1. Algo de Estética Urbana
           
            Si las calles de nuestras ciudades son sinuosas y tortuosas; si nuestra conducta individual, política y moral no sigue siempre una dirección rectilínea; si dondequiera que tendamos la mirada, en los distintos campos de la actividad que entraña nuestra vida, se echan de menos los nobles hábitos de orden, des disciplina y de trabajo, que nos definan y caractericen como a un pueblo de cultura superior, imbuidos de los altos sentimientos de lo bello, de lo grande y digno; si en nuestra misma educación cívica, recibida desde el hogar y la escuela, resulta palpable la carencia de una sólida formación ética, capaz de conducirnos al heroísmo del cumplimiento de los más difíciles y exactos deberes que imponen una honradez y moralidad acrisolada, es porque sensiblemente, nos falta una cierta educación estética en orden al robustecimiento de la misma educación severa del carácter.
            ¿Pero qué es estética? La Estética es el arte de la vida y la vida del arte. En la debida proporción de las formas, de las líneas, de las luces y sombras que pueblan el amplio cuadro de la vida, consiste la ciencia grávida de la estética, al justo decir de Ricardo León.

            2. Un mucho de estética moral

            El conocimiento de la estética contribuye, en efecto, no sólo al suave pulimiento de las facciones humanas en general, sino también a una mayor riqueza y elegancia en las palabras, a una mayor elevación espiritual de los conceptos, a una máxima distinción y exquisitez en el porte del esteta, sea dondequiera que esté, y se trate de la persona con quien se trate. Pues lo que se hace por suma tolerancia y elegancia en el trato común con las gentes, dista mucho de caer en el defecto odioso de los amaneramientos rebuscados por la adulonería cortesana. Es la airosa altivez de la estética intelectual lo que impera entonces sobre el gesto jovial, pero forzado, que pone en los rostros la servidumbre vil en su falso afán de agradar, de distinguirse con los sutiles melindres de la exquisitez, de la afabilidad extrema y del buen porte.
            Empero, la estética tiene sus fueros sagrados e imprescriptibles, a semblanza de los fueros sacrosantos de la verdad para ser oída y respetada; y así como necesariamente no toda manifestación de vida es una clara manifestación estética, de la misma manera todo lo que se aparta de la estética –esa lúcida simetría moral, si queréis, de las almas, de las ideas, de las cosas- implica una grosera deformación de la vida, y, consiguientemente, una rotunda negación de la vida esplendorosa del arte. El laurel de la inmortalidad gloriosa no ciñe sino la frente de quienes vaciaron todo cuanto tenían de físico y de espiritual en los moldes purísimos de la belleza, de la gracia, de la armonía, del orden, en una palabra, de la estética. En el sentimiento de justicia, en el don de la ecuanimidad, en la virtud de la prudencia, en las manifestaciones todas de un talento equilibrado y de un carácter ecuánime también hay innegablemente el rastro de una estética superior.

            3. La estética en la historia

            Por eso, en la historia general del arte y de la cultura humana, vale más Grecia que Fenicia y Cartago juntas, no obstante su ponderada opulencia y auge comercial de siglos. Y sin duda más que la imagen luminosa de aquellos navegantes que, de vuelta de sus arriesgados viajes, secaban sus redes al sol y reparaban sus barcos cerca de los muros de Tiro y Sidón, perdura con más insistencia e inmanencia en el espíritu humano la figura trascendental, más grácil y esbelta a un tiempo, de las Musas del Helicón sagrado las que, al son de la música natural, surgida de la tierra y del roce de las ligeras auras del día “danzaban con pies delicados en derredor de la obscura fuente y altar de Zeus”, según canta Hesíodo. Pues Fenicia no es más que la representación de un grande comercio, del rico comercio al que se entregan a veces,  en