Pre Guerra 1939 01 28

La broma del “peligro inminente” La SI 28/01/39 p. 9

La broma del “peligro inminente”
La SI 28/01/39 p. 9

            Acompaña a estas consideraciones un grabado que habla claro. Formando línea, después de cuatro firmas puestas al pie de un famoso Convenio, están los cuatro amos de Europa, ya realizada al pie de la letra la aspiración de Mussolini de substituir el cadáver de la Sociedad de Naciones por un Tetravirato europeo, que arreglase a su sabor los problemas graves, solucionando los que conviene solucionar y creando los que a los particulares intereses de esas cuatro potencias conviene crear.
            Ahí están. Encabeza el pelotón Mr. Chamberlain, genuino representante de un país que, después de un siglo de hegemonía mundial, ve como ese poder se le escapa de las manos.  Sus pequeños ojos son este instante más pequeños todavía. Y, en pleno frío europeo, tiene en la mano el blanco pañuelo que le permite secarse el sudor de su frente caviladora.  A su lado, ese campechano de Daladier, legítimo representante de la Francia política, que nada tiene que ver con la Francia viva y trabajadora. Tiene las espaldas cargadas y mira tímidamente y de reojo. Hitler tiene la faz de hombre satisfecho. Acababan de entregarle pacíficamente las comarcas alemanas de Checoslovaquia, y forzosamente había de estar –por lo menos durante unos días- tranquilo y contento. A su lado, en actitud de embestir, Mussolini. Es el toro siempre con los cuernos a punto de enfilar. Nadie hubiera sospechado que estaba en estos instantes pensando en la Saboya, en Niza, en Túnez, en Djibuti, en Suez, en la luna llena.
            Nos ha enviado este grabado una agencia británica. Y detrás de él se lee así: Britain, France, Germany and Italy signed “no moore war” pact”… Y –signo de estos tiempos- en el mismo instante venían las declaraciones del parlamento italiano reclamando los naturales territorios a que tiene derecho Italia…
            Y he ahí planteado el problema, ahora otra vez, y veinte veces más en el futuro próximo.
            - ¿Habrá guerra?
            Se equivocará absolutamente aquel que, a este propósito, raciocine a manera periférica. Hay una base triple de que hay que forzosamente arrancar, si se quiere andar seguro y acertar con buenas probabilidades.
            1º Hay verdaderos problemas en Europa que hay que solucionar, pero que los políticos ponen en segundo orden, porque no saben como solucionarlos. El principal de todos, la desocupación, tanto de hombres como de capitales. Hay solución a ello, pero no quieren aceptarla. En este caso, hay que capear el problema, buscando mil cosas para emplear, más o menos artificialmente, al hombre y el capital desocupados. Los que encaren un estudio formal del armamentismo sírvanse partir de esta base. Se lo aconseja quien está acostumbrado a errar pocas veces, porque busca bajo de la piel de los acontecimientos políticos los acontecimientos naturales.
            2º La Europa, desbaratada y maltrecha por los Tratados de la Santa Alianza de un siglo atrás y el de Versalles de nuestra generación, necesita ser rehecha naturalmente. Y esta idea ha llegado ya a la convicción de pueblos y gobiernos. Los pueblos creen ya  que hay que hacer justicia. Los gobiernos no ven más camino para continuar en el poder que arreglar pacíficamente estas injusticias.
            3º Europa está de tal modo asentada sobre las bayonetas morales  del odio de clases (disimulado, que no suprimido, bajo lo político) que una guerra internacional se convertiría fácilmente en guerra social. Y no hay político capaz de hacerle cara, principalmente porque ella quería decir el fin de los actuales políticos y de sus grupos, tras los cuales hay minorías interesadas en seguir gobernando el Viejo Mundo.
            España, además, resultará otro pacificador y amortiguador, por si las anteriores razones no apartasen del todo la guerra. España es botín a la vista. No solo un botín territorial, sino –y es esto lo principal- botín económico: minas, tierras, etc. Se simularán mil cosas terribles. Para los que están delante del telón: movilizaciones, que dan de comer a los desocupados y al capital; Conferencias y reuniones de políticos, que se “esfuerzan por arreglar” las cosas; innumerables declaraciones, movimientos, polémicas. Debajo de ello, España. Esa España que ofrece platos tan apetitosos, que son los suficientes para que en paz todos los de afuera queden satisfechos.