Pre Guerra 1939 02 04

La estrategia del Cuadrumvirato ante el problema colonial La SI 04/02/39 p. 5

La estrategia del Cuadrumvirato ante el problema colonial
La SI 04/02/39 p. 5

            Días pasados hablaba el Duce y ahora ha hablado el Führer. ¿Otra vez tormenta sobre Europa? Borremos ese otra vez, por cierto. Porque no ha habido, todavía, tormenta sobre el Viejo Mundo, en estos últimos años. Por tanto, ¿próxima tormenta sobre Europa?
            Italia quiere no se sabe todavía qué, oficialmente. Alemania quiere, por el momento, sus colonias. Y se dice “por el momento”, porque ahí están Memel y Danzig, y el corredor polaco, y quien sabe cuántas otras cosas más, que, bocados apetecibles que son, los que los huelen tienen la sabia paciencia de escalonarlos, para que una indigestión no los fuere a mal pasarlo.
            Pero vayamos por parte.

            a) Alemania quiere colonias. O, si se quiere -porque es distinto- quiere sus colonias.
            “La Semana Internacional” planteaba este problema años atrás, bastantes, como una de las cuestiones que darían más dolores de cabeza. No se hablaba de ello todavía. Y muchos se rieron de nuestra pequeña profecía. Es que hay muchos –el rebaño mayoritario- que no se acuerdan del paraguas más que cuando ya llueve, atropellándolos los acontecimientos sobre la marcha. Pero si está bueno que un terremoto nos coja desprevenidos, porque la sabiduría de los geólogos no llega a esto todavía ¿es posible que críticos y políticos no vean las cosas que se acercan más que cuando las tienen encima, echándolos de bruces?
            Nuestra tesis –uno de estos días reproduciremos algo escrito la friolera de diez años- era ésta: Alemania resurgirá más pronto de lo que se figuran los ciegos hombres de Versalles. Su economía, y su dignidad, le exigirán a forzar la devolución de sus colonias. Prepárense.
            Claro que no se prepararon. Porque hay algo que cualquiera puede prever: que los políticos no prevén nada.
            Han pasado una decena de años. Y ahí estamos. Los que se reían de la inminencia –y aún de la posibilidad del problema- no se fijarán ahora que se reían. Ahora lo encontrarán tan natural y lógico…
            El año 1939 será, por parte de Alemania, el Año Colonial.
            Dos aspectos tiene el problema: la demanda alemana y la justicia de ella.
            Cualquiera pensaría que estos dos problemas se reducen a uno solo. Porque ¿qué valor puede tener una exigencia, si en ella no hay justicia? Más, es evidente que el que así raciocinara debería vivir en las brumas del Limbo. Porque, en los tiempos felices que corremos ¿cuándo la justicia de un problema ha influido en su solución favorable o desfavorable? Otras razones son, que no la razón, las que deciden. Desglosemos, pues, el problema en los dos aspectos anunciados.

            b) Alemania acaba de plantear decididamente la cuestión colonial. En estos términos: queremos se nos devuelvan las colonias.
            Dada la situación actual del mundo de las grandes potencias ¿puede archivarse este problema, haciendo como que no hemos oídos el reclamo? Gritan demasiado fuerte los reclamantes, para que hasta los sordos los oigan.
            Una frase del discurso de Hitler dice así: “las potencias europeas han de hacer lo necesario para que Alemania no se decida a resolver unilateralmente este problema, como hizo con el del rearme”.
            A nadie se le ocultará lo que esto quiere decir. No: lo que esto dice. Esas grandes potencias se opusieron tenazmente a que, rearmándose ellas, Alemania se rearmara. Y Alemania, simplemente, se armó sin pedir permiso a nadie. Este recuerdo del Führer quiere decir esto: si realizáis la misma torpe maniobra y no resolvéis en paz el problema, lo resolveremos nosotros solos: Y “nosotros solos” quiere decir esto: nos apoderaremos de las colonias.
            La situación de Europa es ésta, en cuanto a posibilidades de guerra: a los dos Estados totalitarios, una guerra, socialmente hablando, no les ofrecería peligro.  En parte por la convicción; en parte por los éxitos obtenidos; en parte por la presión, los ciudadanos responden disciplinadamente al llamado. Una guerra exterior puede más fortificar aquellos gobiernos que


 
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