Pre Guerra 1939 03 25
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Pre Guerra 1939 03 25
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Terremoto La SI 25/03/39 p. 1-5

Terremoto
La SI 25/03/39 p. 1-5

1. Ruido de armas

            El mundo está vibrando. Todo está conmovido como en los grandes días de 1914, cuando,  siendo la tierra chica para las grandes potencias, desencadenaron la guerra para mutuamente ver de eliminarse, alzados hermanos contra hermanos por causas de unas teorías económicas que, por carecer, carecían de la menor base científica.
            Y allá fueron, las banderas cubiertas de grandes letreros y los corazones hinchados por grandes amores y grandes odios. Y, en el fondo de todo –homo homini lupus”- el ansia criminosa de matar unos pueblos a otros pueblos. Por lo cual todos debían lógicamente (porque la Moral tiene su lógica) salir con las costillas rotas y las manos en la cabeza.
            Han pasado veinte años de aquella hecatombe marxista –porque era el estómago quién decidía en los dirigentes- y parece que todo vuelve a aquel primitivo estado de odios fratricidas. Vibran los cables trayendo y llevando amenazas y gritos primeros. Aguza la bestia sus uñas, a punto de salir de caza. Sonidos estridentes de cornetas lanzan notas marciales. Y mientras los pueblos se deciden a mirarse torvamente, se agitan los de ariba con mal disimulada alegría, envuelta en una leve gasa de pudor: los fabricantes de armas marcan una sonrisa, los diplomáticos se desperezan, cansados de no hacer nada, y los políticos de todo color, pelaje y catadura están en su cielo, con algo que hacer, dispuestos a hacer creer que arreglan algo que los pueblos, disponiendo de sus destinos, arreglarían en horas bien contadas.
            Y habremos de creer –al menos para comenzar una pequeña crítica del momento- a los periodistas, que se bañan en agua de rosas oliendo mayores ventas y, a pesar de que no aciertan una, siendo andando tras lo que –Amén- les ordenan imperativamente ya los políticos, ya los interesados propietarios del periódico. Habremos, a pesar de todo, de creer que hay tormenta, de que estamos en vísperas de quien sabe qué hecatombe, y que ese viejo armatoste que se llama –todavía- Europa está crujiendo desacompasadamente, como si llegaran para él horas trágicas.
            Porque todo está en movimiento. Los soldados reconocen cuarteles en una docena de países las enormes inútiles fortificaciones han hecho el toque de silencio y de prevención. El Rhin, por ambos lados, toma una rara fisonomía, poblados los grandes caminos de orugas de acero. El Danubio Azul vuelve a pintarse de gris. Los Parlamentos, reconociéndose inútiles, delegan sus poderes en cuatro caballeros que no saben lo que se tienen entre manos…o que lo saben demasiado. Los pájaros de acero vuelan siniestramente por todas las rutas sin ruta de los cielos. Y los pueblos cierran sus puños y echan interjecciones más o menos indecorosas, para expresar quién sabe qué tragedias interiores. Y todo semeja aquellos instantes en que el hombre, soltando desenfadadamente la epidermis racional que le disfraza, vuelve a mostrar sus entrañas de animal de instintos y de malos instintos, en el cual el raciocinio sobra, y el corazón es un pequeño miembro molesto.
            Queremos ver de desentrañar un poco este problema en cuanto a sus causas y a los hijos de esas causas, que es la realidad actual. Y un asomo de las consecuencias no más en el futuro, tema que requerirá otras circunstancias. Y hemos de procurar hacerlo según lógica y objetivismo, apartándonos con recia voluntad de los dos rebaños que encuentran irremisiblemente bueno cuanto realizan los suyos, e irremisiblemente malo cuanto se realiza en los campos de enfrente.
            Es una norma dura y difícil, que acarrea siempre molestias en los lectores que saben alzar el vuelo, de los cuales no deseamos uno solo entre los de estas crónicas.

2. Los hechos

            En la primera página hemos grafiado un mapa que responde a la actual realidad internacional europea. El lector debe pasar los ojos, detenidamente, por él, para comprender los hechos de una manera objetiva.