Pre Guerra 1939 04 01
Índice del Artículo
Pre Guerra 1939 04 01
Página 2
Página 3
Página 4
Página 5
Página 6

Alemania llegó a Ucrania La SI 01/04/39 p. 1-5

Alemania llegó a Ucrania
La SI 01/04/39 p. 1-5

1. A paso acelerado 
            Los acontecimientos nos están atropellando. Ya no basta insinuar su seguro desarrollo. Ni siquiera señalarles día. Están inquietos, se avanzan ansiosos de dar a la humanidad una nueva sorpresa, en el supuesto –evidente- de que esa pobre humanidad no sabe prever siquiera que mañana hará sol. Decíamos en la crónica anterior: ¿qué pasará en Memel precisamente el día 25? Y nos equivocamos. Fue el 23. pero siempre sabíamos que forzosamente debía pasar algo en Memel. Y pasó. Esa monstruosidad versallesca ha dejado de serlo, y una nueva lengua de tierra alemana ha pasado al regazo maternal.
            Esto, por el lado racial. Por el lado de la conquista imperialista, insinuábamos, en el mapa, mediante dos interrogantes tortuosos, que la cosa debía encauzarse por el lado rumano o por el lado yugoslavo. Y a las pocas horas un Tratado muy especial ponía a Rumania bajo el protectorado alemán… que esto significa, sin aceptar palabras despistadoras, esa llegada de Alemania a los feraces campos rumanos.
            He ahí, pues, los hechos posteriores a la última crónica, no menos interesantes por haberlos predicho. Es la predicción despampanante de aquel que adivinaba –y jamás erró- que, tras la lluvia sale el sol, y que una piedra, soltada desde al altura, se va irremisiblemente abajo.
            Desentrañemos, pues, el significado de estos dos hechos y comencemos a entrever las consecuencias, que son de los más variados órdenes. Porque había idiotas en los gobiernos –otrora, por ejemplo, en la Viena del 1815, cuando soberanos de cerebro reblandecido cambiaban el mapa sin ver más que el oropel de un gran Estado –que ni entendían ni pretendían consecuencias medulares. Pero ahora no estamos en este terreno. Esos hechos traerían inmediatamente las consecuencias más hondas y todavía serán más graves las que vendrán a plazo lejano.
            Primero, Memel ha pasado a Alemania.
            Segundo, Alemania se ha adueñado de la economía rumana, por manera tan absoluta, que actúa en ella como soberana.

2. Los “negocios” de los idealistas
            En Memel se celebraron en Diciembre pasado elecciones populares. Fueron basificadas, presididas, influenciadas por el Gobierno lituano. Hubo intervenciones a la vista. Sobre todo: hubo una montaña de aquellas intervenciones que quieren decir persecución bajo todos los aspectos si no se vota de conformidad con la voluntad del Gobierno. Los resultados no fueron debidamente publicados por una prensa y unas agencias democráticas que apoyan todos los despotismos: el 81% de los electores votaron por Alemania, eligiendo a los candidatos que defendían la unión de la región a Alemania.
            Cualquiera creería que, ante un resultado semejante –el 95% mínimo en elecciones libres- los países adheridos a Ginebra, que nos están cantando todos los días himnos a la Libertad, se afanarían a reconocer a Memel su voluntad, dando cumplimiento a los anhelos de una mayoría cien por ciento casi. Nada de esto. En Memel no había pasado nada. Se hicieron los zonzos.
            El lector eche una mirada al pequeño mapa que acompaña estas líneas (p. 1), y también al mapa total que reproducimos del número anterior (p. 4). (Lo reproducimos, también, en obsequio a los muchos que nos han pedido ejemplares de este número, que en nuestra Administración quedó agotado en horas). Hay que ver la situación de Memel, antes de pensar por qué los negociantes de Versalles creaban una monstruosidad tan absurda. Y cometían, a la vez, una injusticia empapada de tiranía, en nombre –se supone- de la democracia.
            Hacia el oriente del Báltico hay una región geográfica que tiene un triple atractivo: militar, productivo, de penetración hacia las inmensidades rusas del norte de Moscú. Son los pequeños países, artificiosamente triturados, de Letonia, Lituania y Estonia. Fueron expresamente rotos en Estados que no tienen más de un millón de habitantes, para hacerlos más especialmente débiles, tanto en gente como en economía, incapaces cada uno de servir sus