Pre Guerra 1939 04 15 c
Índice del Artículo
Pre Guerra 1939 04 15 c
Página 2

M. Albert Lebrun, nuevamente Presidente de Francia La SI 15/04/39 p. 10

M. Albert Lebrun, nuevamente Presidente de Francia
La SI 15/04/39 p. 10

            La Asamblea Nacional de Francia, reunida en Versalles, ha reelegido a M. Lebrun como Presidente de Francia, para un nuevo período de siete años.
            Cosa rara en Francia, en donde solo una vez ha dado el caso de una reelección, y todavía muriendo el Presidente antes de terminar su período. Por lo mismo se preguntan los críticos a qué se deberá esta reelección.
            Aparte cuanto puedan decir críticos que miran las cosas por encima de piel, podemos afirmar que, las causas de esta reelección, que honra sobremanera al electo, son tres, operando otros motivos como de segunda categoría. Y es interesante que la política francesa, generalmente decadente, como en todos los países, haya sabido reconocer la importancia de los motivos determinantes de esta continuación presidencial
                                                                       ------
            Ante todo, la ecuanimidad con que M. Lebrun ha sabido comprender el instante europeo que toca tan delicadamente al porvenir de la Francia.
            Europa atraviesa por un período que se caracteriza por un cambio completo de relaciones entre Francia y Alemania. Las apariencias son las de una continua querella. La realidad nos muestra una continua convergencia, aún en los problemas más difíciles. Porque no se trata solo de acuerdos comerciales, como el reciente que se acaba de firmar, sino de problemas harto más hondos y fundamentales.
            En ese terremoto continuo que está trasmutando el mapa de Europa era necesario que en Francia actuasen hombres de una gran comprensión, por lo mismo que ese país es de los que han sacado de la política general de los años próximos pasados una excelente parte. Francia tiene un Imperio Colonial enorme, distribuido en los más distintos meridianos y paralelos. Y, al tratarse de conflictos que tenían por base las ansias de Alemania a gozar de ventajas más o menos semejantes, se necesitaba aquel superior espíritu que sabe actuar con gran tino y comprensión de las necesidades ajenas, por lo mismo que ya no hay necesidades propias. Un Poincaré en la Presidencia representaba, en estos instantes, probablemente, la guerra, tan enorme como era la inteligencia de aquel hombre notable. Sin embargo, no la ha representado, ni se llegará a ella con M. Lebrun en la Presidencia, con el cual M. Daladier parte un piñón, tanto en ideas como en características temperamentales.
            En teoría, es fácil comprender que quien lo tiene todota de ser paciente ante los pasos del que nada tiene, y comprensivo. Pero en la práctica ello es de difícil realización, porque con ello se están rozando continuamente el pundonor y el estómago.
            M. Lebrun ha sido ese hombre comprensivo. Y no sería raro que en él arrancasen las ansias de tantos nobles sectores de Francia que desean marchar del brazo de Alemania, cambiando la palabra ex-enemigo por la menos larga y más cordial de amigo.
                                                                       ------
            Otra razón es negativa, y no es necesario insistir mucho en ella, aunque es de gran peso: no se veía quien podría sucederle. La política europea, especialmente de los países occidentales,  cuyos personajes han de pasar por las asambleas, dan muestras, desde hace veinte años, de una esterilidad apremiante. Y Francia no se ha librado de este vacío.
            Actualmente se destacan solo tres nombres, que tenían en su contra ser todos ellos hombres del viejo régimen, y todos anteriores a la gran guerra: Herriot, Buisson Blum.
            Herriot es un espíritu selecto, que lo mismo regenta la alcaldía de su ciudad natal, Lyon, que da una exquisita conferencia en la Sorbona sobre Rubens o Bach. Pero su faz política no se distingue de la de Daladier y del mismo Lebrun, con la agravante de que tiene mayores compromisos políticos –de pequeña política- que sus compañeros.
            La elección de Buisson, que ya dobla los 80 años, hubiera significado un verdadero atentado a la ley del tiempo, además de ser hombre pasado de moda. Tiene grandes simpatías, por su actuación semisecular, pero no tenía probabilidad alguna de ser escuchado en sus