Pre Guerra 1939 04 29 a

Danzig, actual punto feble de Europa La SI 29/04/39 p. 1

Danzig, actual punto feble de Europa
La SI 29/04/39 p. 1 (se refirió de nuevo a este asunto bajo esta misma expresión en La SI 13/05/39 p. 1 col. 1. JVG)

            La ciudad de Danzig se levanta donde el Vístula desemboca, en una bahía de seductora belleza y rodeada por doradas playas. No directamente sobre la bahía sino en el lugar donde el río empieza a aumentar de lecho se yergue la ciudad, que fue fundada en una época cuando el germanismo era tan poderosos que, año por año, podía mandar colonizadores y magnates de comercio hacia el oriente de Alemania, para hacer surgir allá –de sangre y suelo- una soberbia cultura.
            El espíritu hanseático alemán forjó lo que Danzig es hoy. Jamás pudo ser desalojado de Danzig ese espíritu, que fue el primero en transmitir de la Edad Media a la Época Moderna la idea de Reich y de la nación alemana. Ese insuperable espíritu hanseático le dio a la nueva ciudad la rica variedad de sus majestuosas edificaciones, admiración de quienes las contemplan por vez primera; le dio la cultura vital que debía dejarle impreso su sello en viviendas y salones, en cabañas y palacios; el espíritu hanseático le legó a Danzig  su comercio y su actividad, su osadía colonizadora y la portentosa magnitud de sus iglesias en las cuales ya desde un principio oraron los alemanes en su propio idioma. Allí se mezclaron el espíritu de los Caballeros de la Orden Teutónica y el espíritu hanseático, el ímpetu colonizador y la tenacidad de bravos navegantes.
            Danzig tuvo muchos enemigos que la veían desde la vecindad émulos de su riqueza y cultura. Ejércitos y flotas extranjeras la cercenaron durante siglos, y quién en medio de una mar revuelta defiende su vida a sangre y fuego tiene también derecho a agradecer a Dios en un templo bello como pocos en Alemania: ¡la grandiosa e imponente iglesia de Santa María!
            ¿Qué sería Danzig sin esta su iglesia? ¿Qué podríamos decir de las otras construcciones monumentales de la ciudad: la puerta “Kran”, la torre “Stock”, la “Georgsshalle”, la pomposa “Puerta Alta”, el “Gran Mercado” con el edificio del Ayuntamiento provisto de numerosas torres? ¿Deberíamos hablar acaso de la corte del rey Artus, cuyas glorias cantaron los siglos o referirnos a las construcciones del puerto, a los graneros y mulles, en los cuales se puede leer día por día la historia de un desarrollo de siglos? ¿O es que debemos recordar  de la cristalina bebida traída por un pueblo de navegantes y de tierra propia –los holandeses- que abandonaron su país por razones de religión? Ellos trajeron a Danzig la “agua de oro”, el famoso “salmón de Danzig” y el “Machandel”.
            El puerto de Danzig hoy está empeñado en una crítica lucha económica.  Napoleón hizo de Danzig en 1807 una ciudad libre, arrebatándola del conjunto alemán hasta 1814. Y cien años más tarde debía repetirse por virtud del Tratado de Versalles aquel su primer fracaso experimento. Con todo no ha sido posible desarraigar de Alemania el corazón de Danzig.
            El pequeño Estado libre de Danzig, que lleva en su bandera dos cruces blancas y una corona de oro, es el puente viviente que une el núcleo del Reich con la Prusia oriental. Trenes y vapores rápidos comunican las dos partes.
            La playa de la bahía de Danzig y la ciudad misma invitan a todo aquél que desea gozar de la seducción que ofrece la belleza de las antiguas construcciones monumentales; lo invitan también a aquél que, saliendo de sus preocupaciones diarias, quiere descansar en un tranquilo y romántico balneario; pero no menos tampoco a aquél que gusta frecuentar bodegas de historia centenaria, para libar allí en un apacible rincón; por último, Zoppot se insinúa a aquél que busca en el elegante Casino el placer excitante de la ruleta.
            En una extensión de pocos kilómetros cuadrados se condensa múltiple belleza, como en raras partes del mundo. Y de esta suerte se juntan aquí, para presentar un conjunto armónico, todas las virtudes haciéndose aún más visiblemente notorias por la separación que ahora sufre Danzig de su patria alemana.
            Lo que los siglos crearon y largas generaciones conservaron con lealtad ofrece hoy Danzig en su forma original. Y la naturaleza misma le obsequia a esa bella ciudad del Báltico rayos de so, que doran las extensas playas, el azulado mar y los hermosos bosques de la región.