Pre Guerra 1939 04 29 b
Índice del Artículo
Pre Guerra 1939 04 29 b
Página 2

El diablo predicador. Contextura internacional de la Europa que agoniza (fin) La SI 29/04/39 p. 2

El diablo predicador. Contextura internacional de la Europa que agoniza (fin)
La SI 29/04/39 p. 2 (los títulos de los capítulos que siguen aparecen en La SI 22/04/39 p. 4)

XX11. La carta de Roosevelt  (ver luego La SI 13/05/39 p. 1. JVG)
            En medio de este barullo, el Presidente Roosevelt enviaba sin que antecedente alguno lo hiciese sospechar-  una carta privada a Hitler y a Mussolini, en la cual, después de varias consideraciones, les proponía que respetasen la independencia de una docena de países que nombraba, a cambio de lo cual facilitaría a Alemania y a Italia todo el volumen de materias primas que necesitasen tanto la alimentación popular como sus industrias.
            Es interesante observar cómo la prensa mundial, cada vez más abajo en sus prejuicios, ha enfocado este documento, que podrán leer nuestros lectores, en uno de nuestros próximos números, en la Sección Documentación. Lo han encontrado los críticos o absolutamente malo o absolutamente bueno, sin un tilde que observar unos y otros. Es la decadencia de ese Cuarto Poder que va siendo atacado cada vez más por plumas serenas, a causa de su incapacidad juzgadora.
            La carta del Presidente americano merece ser analizada. Y estamos seguros de que, objetivamente haciéndolo, hallaremos una nueva razón para concluir que la política internacional de las grandes potencias marcha por rieles raros.
            Desde luego, si el examen se realiza en globo y en abstracto, nadie se abstendría de aplaudir este documento, que parece ir destinado al fomento de la paz en esa Europa avejetada que multiplica sus problemas sin dejar uno solo resuelto definitivamente.
            ¿Quién podría dejar de aplaudir cualquier esfuerzo pro paz? ¿Quién sería el anormal que defendiese la guerra por la guerra? Todos los gobiernos, sin excepción, se han cansado de explicarnos el lindo cuento de la paz, realizándolo todo, incluso los actos de guerra, precisamente para lograr una paz estable. No hay discrepancia alguna, conviniendo en este deseo todos los países y todos los gobiernos
            Sin embargo, a nadie sería concedido estudiar una carta semejante en abstracto. Hay derecho estricto, además, a esto: a que lo que uno exige para el vecino, él debe reciamente cumplirlo también.
           
a) Ante todo, se ofrece el siguiente hecho: ¿por qué hay que asegurar la independencia de varios países y no de otros? Nadie podrá convencerse de que esto es justo.  Se comprendería perfectamente que el Presidente propusiese una fórmula de paz mundial y de respeto a la independencia de todos los países. Pero sería absurdo que se pretendiese convenir respetar la independencia de unos (los que va a conquistar el vecino) y no la de otros (los que he conquistado o voy a conquistar yo).
            Este párrafo de la carta de Roosevelt sería más lógico si se transformase así: “Convenimos en respetar la voluntad independiente de todos los países y naciones”. Esto frenaría a Alemania. Pero frenaría a la vez a los demás, en pie de igualdad. Y, ciertamente, que entre esos países tendría que incluirse Palestina y la India. Y también ¿por qué no, si tiene más personalidad que Albania, doble población y mucho más cultura?: Puerto Rico.
            Falla esa carta por ese pie injusto: que se pretende obligar a otros a realizar aquello que no quiero realizar yo.

            b) El párrafo sobre materias primas es pura copia de la proposición británica de años atrás –su autor, sir Hoare- por la cual se proponía a Alemania e Italia un Convenio sobre materias primas. Ahora Roosevelt propone lo mismo. Solo que calla dos circunstancias esenciales:
            1º en días de guerra ¿proporcionaría al país enemigo que haya firmado las mismas materias? No.
            2º en días de paz ¿me dejarán intervenir en los precios, para que sean justos y no extorsionadores, pudiendo con éstos matar mi comercio exterior con diferencias de costos? No.
            Y precisamente esto de que no se habla constituye la parte más delicada y capital del problema. Porque no se trata de tener materias primas, sino de tenerlas a precios iguales a los