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Para la juventud que estudia. Influencia del descubrimiento de América en la civilización, de Alejandro de Humboldt La SI 21/10/39 p. 8

Para la juventud que estudia
Influencia del descubrimiento de América en la civilización
Por Alejandro de Humboldt
La SI 21/10/39 p. 8

            Corto número de ejemplos han bastado para caracterizar la grandeza de miras y las sagaces observaciones físicas que revelan los escritos del marino genovés. La erupción del colosal volcán de Canarias, al principio del primer viaje de descubrimientos, preparaba, por decirlo así, los ánimos para la contemplación de las maravillas que la Naturaleza, en su salvaje fecundidad, pone de manifiesto en las montañosas costas de Haití y Cuba.
            Limitándonos al corto período de catorce años que media entre el descubrimiento de América y la muerte de Colón, reconocemos en la correspondencia y en las Décadas de Anghiera cuán graves y numerosas son las cuestiones de geografía física y de antropología promovidas desde entonces por los hombres ilustrados de España e Italia. Estas cuestiones, cuyo interés aumentaban tantos hechos nuevos, no preocupa solo a los sabios en aquel siglo de grandes descubrimientos, en aquellos tiempos de ardoroso entusiasmo, sino también al público, lo mismo en Toledo que en Sevilla, en Venecia que en Génova o Florencia, en todas partes donde la industria comercial había extendido el horizonte y ensanchado la esfera de la ideas.
            El contraste que ofrecían las dos costas opuestas, habitadas en los mismos paralelos por la raza negra de cabellos cortos y rizados, y la raza cobriza, de larga y lisa cabellera, de la degeneración progresiva y la posibilidad de migraciones lejanas del género humano. Discutíase la influencia que ejercen los climas en la organización, las diferencias entre los animales americanos y los de África, las causas generales de las corrientes pelásgicas, las modificaciones que experimentan por la configuración de las tierras y los cambios de forma que a su vez hacen sufrir a los continentes y a las islas. Estos asuntos preocuparon extraordinariamente los ánimos desde fines del siglo XV hasta los primeros años del XV1. ¡Cuánto mayor no fue el interés que inspiraban estos problemas físicos cuando los Conquistadores avanzaron de las costas al interior de un vasto continente, y subieron a las mesetas de Bogotá, de Antioquia, de Popayán, de Quito, del Perú y de México!
            Los efectos del crecimiento de la temperatura y las modificaciones que experimentan la forma y distribución de los vegetales, en su escala perpendicular, llaman la atención de los hombres menos habituados a reflexionar sobre los fenómenos naturales, desde el momento en que entran en una zona tropical donde, la región de las palmeras y de los plátanos, sube en un día hasta la región de las nieves perpetuas.
            Esta influencia de las mesetas sobre los climas y las producciones orgánicas no se ocultó por completo a la sagacidad de los griegos, sea en sus sistemáticas discusiones relativas a la altura de las tierras situadas en el Ecuador, sea en su comparación directa de los productos y de la temperatura de las altas y bajas comarcas del Asia Menor; pero las mesetas del Tauro, de Persia y del Paropamiso, accesible a la observación de los sabios antiguos, no presentan los pintorescos y maravillosos contrastes que en corto espacio de terreno, aparecen en gigantesca escala en la zona ecuatorial del Nuevo Continente.
            Las inmensas planicies del Asia Central, recorridas en la Edad Media por Marco Polo y por monjes más bien diplomáticos que misioneros, están situadas lejos de los trópicos. Las alturas de Abisinia y del Congo, o de la India meridional, a igual latitud que las mesetas de Anahuac o del Cuzco, fueron más conocidas de los árabes y de los sacerdotes budistas viajeros, que de los europeos del siglo XV. No cabe, pues, duda  de que los grandes conceptos sobre la configuración de la superficie del globo y acerca de las modificaciones de la temperatura y de la vida orgánica, nacieron y condujeron a resultados generales después del descubrimiento de América, región en que el hombre encuentra inscritas, en cada roca de la rápida pendiente  de las Cordilleras en aquella serie de climas superpuestos o escalonados, las leyes del decrecimiento calórico y de la distribución geográfica de las formas vegetales.
            Sirvió Colón al género humano, ofreciéndole de una vez tantos objetos nuevos al estudios y a la reflexión; engrandeció el campo de las ideas, e hizo progresar el pensamiento humano. La época en que aparece en el teatro del mundo, no es, sin duda, la de las tinieblas que envolvieron un período de la Edad Media; pero la filosofía escolástica solo ofrecía al espíritu