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Para la juventud que estudia. La institución militar entre los Incas Pastor Valencia Cabrera La SI 09/12/39 p. 9-10

Para la juventud que estudia. La institución militar entre los Incas
Pastor Valencia Cabrera
La SI 09/12/39 p. 9-10

1. La guerra “mal necesario a la vida de la humanidad”

            Si vis pacem para bellum, dijeron los latinos; y esa doctrina de paz y, al mismo tiempo, jugosa doctrina de guerra, parece que, desde un principio, la entendieron y comprendieron bien los Incas. Por lo menos, empapáronse bastante de ella, cuando la practicaron constantemente durante siglos y siglos.
            En efecto: Hemos hablado, aunque de pasada, de la férrea organización militar a que estaba sujeto el Imperio incaico: las extensas conquistas que llevaron a cabo y los muchos pueblos que sometieron a su dominio, prueban incontestablemente la existencia de dicha organización, con la práctica de la severa disciplina que generalmente se le asigna; organización que arrancó su origen desde los primeros días del Imperio, es decir, desde los tiempos del Inca Sinchi Llokacj, quién fue el que formó el primer ejército y construyó las primeras fortalezas o pucaras, como se expresa en quechua. Este Inca, al parecer, tuvo grandes dotes de gobierno; pues él mismo llevó a efecto la división geográfica del Imperio en las cuatro grandes regiones que conocemos. Así complementó bellamente la obra política de Mancjo Kápak, quien solo gobernó mediante la blandura y la persuasión; mientras que Sinchi Llokacj unió la severidad a la blandura; gobernando, en suma, a los quechuas o con suavidad o con fortaleza, según los casos, hasta que degeneró este régimen en el despotismo absoluto de que hicieron gala los otros Incas, sus omnipotentes sucesores.

2. De la Roma de los Césares al Cuzco de los Incas

            Es curioso observar cómo la organización de los Incas guardaba cierta notable similitud con la organización militar que se tenía en la antigua Roma. Pues mientras en ésta el ejército se componía de legiones, dividiéndose cada legión en diez cohortes, la cohorte en tres manípulas, la manípula en dos centurias, y la centuria en diez decurias, sumando en total, cada legión, un efectivo de tres mil infantes, a los que luego se les agregó una fuerza de trescientos jinetes; la milicia, entre los Incas, también estaba compuesta por grupos de diez, de cien y de mil hombres, respectivamente; a cuyos jefes se les llamaba chuncacamayos, si eran los de diez; pachacamayos, si eran de los de cien; y huarancamayos, si mandaban a los efectivos formados de mil combatientes.
            Como se ve, los pachacamayos, que nombraban los Incas, eran los mismos oficiales superiores a quienes conocía Roma con el nombre de centuriones. Se calcula que el ejército permanente del Imperio incaico llegó a doscientos mil soldados; aun que algunos creen que en esto hay exageración.
            Como tenemos dicho uno se llamaba el general en jefe, el que, por lo común,  pertenecía siempre a la familia de los Incas reinantes, a saber, era individuo de sangre real. Otro tanto ocurría, por supuesto, con el jefe de los sacerdotes; aunque también se dice que gozaba de mucho prestigio y buen nombre el gran sacerdote de Huamachucu, que era de origen plebeyo, por cuanto pertenecía a un culto que no era oficial. En general, los grados elevados de la jerarquía militar estaban reservados a los miembros de la familia real; de esto se colige claramente que la institución militar entre los Incas, era acaso la más importante y principal del Imperio

3. De la Legión romana a la falange macedónica

            Los macedonios –dice el abate Drioux, en su texto de historia, citando a su vez a Bossuet- creían invencible a su falange, y no podían comprender que el talento humano llegase a encontrar algo más sólido. Sin embargo, Polibio, y posteriormente, Tito Livio, han demostrado que sin considerar más que la naturaleza de los ejércitos romanos y macedonios, los