diplomáticas 41 04 a 06
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Diplomáticas. Nueva Diplomacia XX1X La SI 05/04/41 p. 12
Diplomáticas. Nueva Diplomacia XXX La SI 12/04/41 p. 6
Un nuevo “missus dominicus” La SI 12/04/41 p. 6
Diplomáticas. Nueva Diplomacia XXX1 La SI 19/04/41 p. 12
Colombia y Venezuela La SI 19/04/41 p. 12
Acta sobre el AntárticoLa SI 19/04/41 p. 12
Diplomáticas. Nueva Diplomacia XXX11 La SI 26/04/41 p. 10
La nave “Alsina  La SI 26/04/41 p. 10
Diplomáticas. Nueva Diplomacia XXX111  La SI 10/05/41 p. 13
Siria intranquila. La SI 10/05/41 p. 13
Dantas y los hebreos La SI 10/05/41 p. 13
Lo dijimos La SI 10/05/41 p. 13
Diplomáticas. Nueva Diplomacia XXX1V  La SI 17/05/41 p. 9
Protocolo sobre fronteras La SI 17/05/41 p. 9
Diplomáticas. Nueva Diplomacia XXXV  La SI 24/05/41 p. 14
Un caso único La SI 24/05/41 p. 14
Diplomáticas. Nueva Diplomacia XXXV1 La SI 31/05/41 p. 10
Desprendimiento La SI 31/05/41 p. 10
Una cosa absurda La SI 31/05/41 p. 10
Diplomáticas. Nueva Diplomacia XXXV11  La SI 07/06/41 p. 12

Diplomáticas
Nueva Diplomacia XX1X
La SI 05/04/41 p. 12

            Esa segunda misión del diplomático moderno no podrá nunca ser eliminada. Y no dejará de dar mucho que hacer constantemente.
            Pongámonos en la hipótesis de que existe un Código de Derecho Internacional Público y de que la mayoría de Estados independientes celosamente lo respetan y cumplen. Nunca dejará de haber un pueblo –hoy, éste; mañana, aquél-  que tirará por la vía de enfrente atropellándolo todo. ¿No hemos visto, en esta guerra actual, que Gran Bretaña, habiendo una Convención en La Haya, se apresuraba a retirar su firma en el primer día de la guerra, es decir, en el preciso instante en que la Convención era aplicable?
            Constantemente habrá pueblos que, ya abiertamente, ya en forma camuflageadora, querrán cimentar su poder y su pujanza en el atropello de los principios internacionales. Es exactamente el mismo caso de los individuos. Aunque la mayor parte de los hombres sean justos, al menos legalmente, no deja de haber una minoría que lo atropellará todo. Y ha habido necesidad de millares de jueces para ponerlos a raya.
            El pacifismo es una teoría muy interesante y lógica con una reserva: que no se crea que se pueda llegar al Mesianismo, es decir, a aquel estado mundial en que todos, individuos y pueblos, cumplirán con su deber, sea voluntariamente, sea amenazados por la fuerza. Ni aún así, se llegará jamás a ese mesianismo absoluto, que sería la realización cabal de la teoría anarquista, es decir, aquel estado de cosas en que no serían necesarias leyes ni tribunales, por la voluntaria sumisión de todos al bien y a la moral.
            No. Cierto que es necesario un Código de Derecho Internacional que marque a todos sus deberes. Siempre habrá quien pruebe de eludirlos. Y cuidar de evitar esto –o, una vez la trasgresión realizada, cuidar de castigarlo-  será siempre una de las funciones más usuales y penosas de una diplomacia deseosa de imponer la justicia internacional.

Diplomáticas
Nueva Diplomacia XXX
La SI 12/04/41 p. 6

            Un tercer rol estará siempre a cargo de la diplomacia, por lo cual no hay que pensar en que jamás pueda ser eliminada por innecesaria: proteger ante el Gobierno donde está el diplomático destacado a sus paisanos, que viven en el seno del país.
            Se han hecho en estos últimos tiempos esfuerzos extraordinarios para que fuese un hecho el ideal de que, en un país cualquiera, un extranjero sea tratado al igual que los nacionales. Se había llegado a un grado bastante perfecto en esa asimilación legal, cuando la broma estúpida de la V1 Columna, que han ideado algunos pueblos para su particular egoísmo y conveniencia, ha hecho retrogradar al mundo hacia los atrasados días de la xenofobia, delatadora de barbarie. Pero, aunque después de esta guerra las cosas vuelvan al buen camino, siempre el extranjero se encuentra en un país en situación más o menos desmedrada, necesitando de la protección del representante de su Gobierno para la mantención de sus derechos.
            La historia está llena de casos, no solo en estos tiempos anormales, sino también en los normales. En innumerables ocasiones se han necesitado gestiones diplomáticas para algún ciudadano determinado. Y siempre, seguramente, sucederá lo mismo, aún avanzando la confraternidad entre las naciones.
            No hay la menor probabilidad, por lo mismo, de que la función diplomática no continúe siendo, bajo este tercer punto de vista, absolutamente necesaria.

Un nuevo “missus dominicus”
La SI 12/04/41 p. 6