Guerra 1939 41 06 28
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Guerra en Rusia La SI 28/06/41 p. 1-12

Guerra en Rusia
La SI 28/06/41 p. 1-12

1. La sorpresa número 2
           
            a) Ya está. Las legiones alemanas han irrumpido sobre Rusia. El cañón retumba horrísono por los campos del misterioso Oriente. El mayor ejército que haya jamás organizado el Estado Mayor más sorprendentemente científico de la historia se está enfrentando con las masas más gigantescas de soldados orientales. Y el mundo entero está pendiente de esa orden del Führer y de los choques extraordinarios que parece han de tener lugar en ese frente.
            Ante todo: una lógica y evidente sorpresa.
            En esta guerra, que ya va para cerca de los dos años, se ha hablado constantemente de sorpresas. Distingamos tres órdenes de sorpresas, para que queden aclaradas las ideas.
            Ha habido grandes sorpresas militares, es decir, de orden estrictamente científico-bélico. Los germanos han realizado cada una de sus gigantescas campañas con una nueva sorpresa. En Polonia nos mostraban los últimos ensayos (ya levemente probados en la guerra social española) de las puntas de lanza nuevo estilo, a las cuales nos hemos referido tantas veces. En Noruega nos sorprendían con la filtración de una densa escuadra por entre las fuerzas británicas de mar, sin que éstas se percatasen de ello. Nos mostraban, además, cómo podía reforzarse un cuerpo de ejército a más de mil kilómetros de distancia solamente por la vía aérea: Narvick. De Holanda nos venía la sorpresa de los paracaidistas en la retaguardia enemiga. En Bélgica, la toma de grandes y bien defendidos fuertes (todavía no se sabe por qué medios) por escasos soldados e instrumentos a todas luces insuficientes. En Francia aniquilan en días al ejército más famoso de la historia moderna, que vivía todavía del esplendor de la guerra mundial. En Yugoslavia nos sorprenden con los tanques recorriendo velozmente las crestas de altas montañas, por caminos de agua y de cabras. En Grecia echan abajo en horas la dorada tradición de las Termópilas.  En Creta, hace días no más, vencen a un enemigo atrincherado, doble en número y preparado mediante desembarcos meramente aéreos, no ya para desorganizar las retaguardias enemigas, sino para organizar la guerra sin otro auxilio y en medio mismo del campo enemigo.
            No solo ha habido, por tanto, sorpresas técnico-militares, sino que veinte meses de guerra no han sido más que –por este lado- una cadena de sorpresas perfectas. A su sombra, los ejércitos que se enfrentan con los alemanes son hechos trizas, vaporizados, en cualesquiera circunstancias.
            Más, en otras zonas, nos hablan constantemente los diarios de sorpresas en cosas que eran de fácil prever, por tratarse de corolarios evidentes deducidos de causas y circunstancias a la vista. Nos hablan los aliados de la sorpresa, por ejemplo, de haberse separado la casi totalidad de los pueblos de Europa de la tutela británico-aliada. Y la sorpresa hubiera sido que esos pueblos nada hubiesen aprendido de la historia y hubiesen querido continuar de títeres del Imperialismo contra ellos mismos. Nos hablan los del Eje de la sorpresa de que Norte América y Roosevelt estén dando las cabriolas consabidas al lado de Gran Bretaña, cuando, dadas las circunstancias de la desocupación norteamericana, en función con la incapacidad en Washington, no cabía irremisiblemente otra cosa. Nos hablan ahora los cablegramas aliados de la sorpresa turca en cuanto ese pueblo no ha confiado en el triunfo de Gran Bretaña y ha declarado su neutralidad en esta guerra germano-rusa. Y a Turquía, so peligro de echarse de cabeza al abismo, no le tocaba otra cosa.
            Han pasado, de este modo, por los hilos cablegráficos, durante esta guerra, centenares de sorpresas que no lo son por ningún lado. Sí acaso, solo para los que, estando destinados a perder, no aciertan ver las hilaciones entre los acontecimientos más claros. 
            Sin embargo, fuera de aquellas de índole militar, ha habido ya en esta guerra dos grandes sorpresas. Y llamo así aquellas decisiones que está reñidas con toda lógica, y reñidas también con la conveniencia de aquellos que las realizan. En este caso, verdaderas sorpresas.  Este vocablo (sun-prehensum) indica algo que se agarra a la vida por debajo de la lógica, a matute de las circunstancias, como alejadamente de la luz, por el subsuelo de las nítidas hilaciones. Algo que, relacionándolo con quien decide ese acontecimiento sorpresivo,