Guerra 1939 41 08 23
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En Ucrania, tierra de promisión. Los alemanes en Ucrania y Leningrado  La SI 23/08/41 p. 1-5
La Conferencia “parturient montes”. La Conferencia del Atlántico La SI 23/08/41 p. 6-9
Documentación. Los V111 Puntos de Churchill y Roosevelt La SI 23/08/41 p. 15

En Ucrania, tierra de promisión. Los alemanes en Ucrania y Leningrado
La SI 23/08/41 p. 1-5

 Soplan sobre las anchas llanuras rusas vientos adversos a los aliados de la sedicente democracia. Los telegramas de los diarios, aún redactados por los luminares de la Vl Columna, ya se rinden a la evidencia. Los más recalcitrantes siguen todavía emboscados tras ilusiones efímeras. Pero ya se habla, aún por los más impertérritos ciegos de la crítica, de retirada general rusa, siempre en los extremos de la irrealidad, del mismo río Don.
 No tanto. Lo cual no quiere decir  que la situación rusa no sea gravísima, en esta semana recogidos los frutos de las cuatro semanas anteriores, dedicadas a eliminar fuerzas y a debilitar las restantes.
 Recorramos los cuatro campos de batalla en que se divide actualmente, estratégicamente hablando, el frente de 2.800 kilómetros, el mayor que se haya dado jamás en la historia de las guerras, si se entiende “frente simultáneamente activo en todas sus partes”. 

 a) En el extremo sur, que el lector hallará en el mapa de la portada de este número, los acontecimientos se han desarrollado por manera ultra relámpago, aunque ignoren elementos de geografía y de táctica las eminencias que nos ilustran desde Londres, Washington y Moscú. Procuremos mostrar la situación de la manera más breve posible.
 En un mapa que publicamos el 12 de Julio –el lector será bueno que acuda a él- notábamos, mediante una flecha bien negra, la dirección que necesariamente había de tomar la ofensiva del ejército que había capturado Lemberg. Todo –tanto la geografía del país, como los intereses económicos y estratégicos del Eje- nos daban a entender que la ofensiva se dirigiría preferentemente, no hacia el frente, como nos contaban muchos críticos, sino hacia el sueste, mediante un gran arco que caería detrás de Nicolaief. Han pasado seis semanas. Y ésta precisamente ha sido la dirección emprendida por los ejércitos alemanes y sus aliados. A través de estas seis semanas hemos venido insistiendo, tanto en las gráficas como en el texto, en la probabilidad de una ofensiva de gran aliento en esta dirección. Y así se ha realizado, culminando los esfuerzos y la preparación  en estas semanas, en que ha caído la ciudad puerto de Nicolaief, y precisamente rodeada por su este, como se había avanzado en estas columnas.
 En los instantes en que estas líneas son escritas (miércoles) los ejércitos alemanes se han apoderado, velozmente avanzando, de todo el terreno  (mitad de Francia en extensión) comprendido entre el Bug y el Dnieper, el gran río que inicia en ese sur ucraniano la zona fuertemente industrial y minera. El mapa de primera página nos da la línea exacta del avance. Los alemanes han llegado al Dniester a todo su largo, salvo en tres pequeñas partes –que han de caer forzosamente en horas- y aún han atravesado el río en varios distritos.
 Las tres partes no copadas todavía son: el hinterland de Odessa, que ha quedado formando bolsillo en la retaguardia; una pequeña parte de la desembocadura del río cerca de Cherson; y en medio mismo del arco del gran río (como marca la línea de batalla) en las inmediaciones de la ciudad eléctrica de Dniepopetrousk.
 Odessa –la tercera ciudad rusa- es un puerto moderno, superior en movimiento e importancia estratégica al de Leningrado. Su labor comercial es casi doble del de la antigua capital rusa. Su situación en el fondo del mar Negro lo convierte en puerto de primera magnitud. Su medio millón de habitantes, más que menos; su floreciente industria, que ha poblado todos sus alrededores; su movimiento portuario, el mayor de los Balcanes  tanto de este lado como del lado del Mediterráneo; su rol como puerto mayor exportador de cereales e importador de maquinaria: todo hace de la pérdida de Odessa por parte rusa una operación trágica. Budenny engañado por el Comando alemán ante Kiev, no supo entender que no era la capital ucraniana, sino Odessa y Nicolaiev lo importante. Y, puesta la trampa, caía en ella el Mariscal sargento, a base de aquella falla napoleónica  según la cual “tomada la capital cae todo”, que llevó al Emperador al desastre en España.
 (Napoleón ha sido, para muchos, motivo de remarcables derrotas. Y muchos nos tememos que la estrella del corso sea fatal para los rusos. No hay tiempo para desarrollar esta tesis. Pero sería cosa de no acabar poner en línea las falsas concepciones del Emperador, que mediatizaron su innegable genio militar. Por ejemplo, esos dos hechos, de innegable