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Chilenidad en la educación Rafael Coronel La SI 23/08/41 p. 12

Chilenidad en la educación
Rafael Coronel
La SI 23/08/41 p. 12

            Hay para un ensayo extenso, capaz de llenar un grueso volumen, si se entra en los metafisiqueos pedagógicos de si la educación debe condicionarse a determinada época o si debe impartirse para todo tiempo; si ha de ser regional, nacional o teniendo en mientes un panorama universal. Como las ideologías antitéticas pueden defenderse con criterio genético o finalista,, sin que sea posible llegar a un acuerdo entre estos términos antagónicos, con motivo del 20 de Agosto, que ha sido designada como la Fiesta de la Chilenidad, estudiemos sintéticamente esto que podría caber en substanciosos capítulos.
           
            La Chilenidad
            Debido a la iniciativa de S. E. el Presidente de la República, se ha escogido a O’Higgins como símbolo de lo auténticamente chileno y del aniversario de su nacimiento se ha hecho la fecha en que trata de exaltarse  lo característicamente chileno.
            Filosofemos un poco.
            Un criterio nacionalista puede contener en el fondo un repudio de lo extranjero. Hay nacionalismos boxeristas o antiextranjeros y chauvinistas, cuando con supresión de la autocrítica, y con cierta tendencia bélica, se pasa de lo patriótico, respetabilísimo, a lo patriotero, que es detonante y epidérmico.
            Hay nacionalismos más cerrados que un puño, con más espinas hacia fuera que un erizo. Solo lo nacional es virtuoso: lo restante o es inferior en calidad o debe rehuirse como perjudicial al nacionalismo ciento por ciento.
            Hay nacionalismos, por lo contrario, que conscientes de la valía de un pasado, de las condiciones reales, materiales y humanas de un país, tratan de que se acreciente la vitalidad de éste, acentuando las características individuales y colectivas de sentido positivo.
            Para ahondar en este desarrollo –que es generoso, que es bien orientado- penetramos en la raíz del crecimiento de un pueblo.
            Un pueblo crece de afuera hacia adentro por aprendizaje, , por imitación de procedimientos extraños, por adaptación de creaciones ajenas. Y crece –lo que es más agudo, más difícil, más diferencial y por ende más perdurable- de dentro hacia fuera por obra de la excelencia, de la superabundancia de la propia energía.
            Siendo S. E. el Presidente de la República de Chile profesionalmente un maestro; teniendo la serenidad de espíritu que da la cátedra, hay que interpretar su siembra de nacionalismo lejos de todo lo negativo, de todo lo regresivo.
            Pienso a este respecto que no por falta de cuidado, por equivocación ocasional, sino concientemente ha escogido como símbolo de la chilenidad no al rotito Cámara, dentro de la creación de Blest Gana en “Durante la Reconquista”, sino a Bernardo O’Higgins, de quien no solo su simple fonética nos está recordando el origen irlandés, sino que su misma ideología libertaria está directa y claramente entroncada con la personalidad del venezolano Francisco Miranda.
            El maestro que hoy dirige los destinos de Chile al escoger a O’Higgins como símbolo de la chilenidad ¿ha querido oponer al nacionalismo de ojos cerrados, feroz con lo que crece fuera de los límites del Estado, este nacionalismo integral que teniendo toda la calidad, la riqueza de la tierra chilena, es capaz de nutrirse de cuanto hay de bello, de noble, de virtuoso en el universo?
            Al pensar así he creído que la intención docente del actual Presidente de Chile armoniza con aquello que Pérez de Ayala en “Las Máscaras” decía refiriéndose a Lope de Vega. Lope, decía, está considerado como el creador del teatro nacional; pero andará errando quien interprete que ha hecho teatro nacional con un lenguaje usual, populachero; con temática exiguamente costumbrista; que sea como un Lope de Rueda, el de los “pasos”, en forma multiplicada. No. Lope de Vega creó el teatro nacional español, porque con sensibilidad española mostró como nada de lo humano, a través del espacio o del tiempo, le era extraño.