EDU en La SI Otros 41 09 10
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¿Nada hay moral ni inmoral en el arte…? Pastor Valencia Cabrera La SI 20/09/41 p. 9
A imitar: Escuela de Jardineros La SI 18/10/41 p. 8 col. 5 Anónimo
Reina de la Primavera de Valparaíso La SI 18/10/41 p. 9 Rafael Coronel

¿Nada hay moral ni inmoral en el arte…?
La SI 20/09/41 p. 9
Pastor Valencia Cabrera

1. Errores en que constantemente incurre la humanidad

            He aquí un perenne cantarcillo de gesta libre, que tan a propósito se presta para disimular elegantemente la inaudita impudencia y triste desfachatez que encierran a veces las ideas, actividades y palabras de ciertas gentes.
            Vale la pena confesar, aunque con gesto grave, que es un gracioso cantarcillo que oímos repetir incesantemente a la vera de nuestro camino cotidiano, como dulce tonada adormecedora, hábilmente ensayada para introducirnos en la nefasta nirvana de las vergonzosas claudicaciones del espíritu humano, una vez perdida la noción del verdadero sentido moral que informa el desenvolvimiento de las ideas y la existencia de las cosas.
            Y es al propio tiempo, para más señas, un cantarcillo y estribillo tan universalmente aprendidos, que se los oye repetir, de labio a labio, no sin cierta malsana delectación, no solo por los diletantes de la cultura, sino aún por personas que se precian de cultas, con sólida cultura cristiana, basada en las leyes de la decencia y moralidad pulcra y austera que necesariamente debe regir los actos individuales, así en público como en privado, formando la esencia verdadera de la cultura ética de una nación.
            Pero ocúrresenos preguntar: ¿será evidente, en rigor de verdad, que, según se dice tan sentenciosamente a todas horas y a todos los vientos de la erudición, nada hay moral ni inmoral en la concepción personal de la Naturaleza que nos rodea, en la concepción viva del Arte, de la Pintura, de la Estatuaria, en las Descripciones objetivas, reales, en una palabra, de las escenas más encantadoras o repugnantes de que, quiérase o no decirlo, es vasto y hervoroso teatro la Vida?
            Veámoslo brevemente, aunque sin autoridad para ello, en la medida de nuestros cortos alcances.

2. Verdades que precisa tenerlas constantemente en cuenta

            Desde luego, opinamos firmemente que el concepto de naturalismo en el Arte o en las Letras no puede ser nunca la pintura o la descripción impúdica, desvergonzada y cínica de las acciones más crudas que por desgracia acontecen en la vida vulgar, en la vida corriente de cada día; como tampoco puede ser la pintura o exhibición despiadada de las partes más viles que ciertamente hay en el cuerpo humano y en el cuerpo de los brutos animales.
            Naturalismo desbordante puede hallarse, sí, en la lógica exaltación de cierta noble naturalidad de expresión, de carácter, de bizarría, de altivez denodada, de alma inteligente y libre, que existe en el imponente desenvolverse de las acciones humanas; e incluso en la apostura, en la esbeltez y corpulencia necesaria –hasta cierto punto, dentro de lo imprescindible de las formas- de los seres orgánicos y aún de la callada grandeza, majestad y hermosura de las mismas cosas inanimadas que despliega a nuestra vista dondequiera la ancha Naturaleza

3. Veamos las obras monumentales de los egipcios

            Fijaos, si no, para mejor comprobarlo, en la construcción y dibujos milenarios de una Esfinge egipcia, en la construcción y dibujo de aquella famosa Esfinge de Tebas,  apostada con noble y terrible aspecto a lo largo del camino principal de la ciudad, poniendo sus graves enigmas a los desgraciados viajeros que acertaban a pasar, , principiando nada más que por Edipo y las generaciones que le siguieron por luengos siglos de siglos.
            Según es fácil imaginarlo a la mente, sería, a la verdad, algo hermosamente extraordinario y extraordinariamente maravilloso al alma el contemplarla bajo los rayos encendidos del sol de Egipto. Tenía aquella Esfinge al hermoso decir de Carlyle, que la describe