EDU en La SI Otros 41 11 01
Índice del Artículo
EDU en La SI Otros 41 11 01
Página 2
Página 3

Narcisismo nacional. Pastor Valencia Cabrera. La Paz. Octubre La SI 01/11/41 p. 11
Ventanas trascendentes Concurso de vidas útiles Rafael Coronel La SI 01/11/41 p. 13

Narcisismo nacional
Pastor Valencia Cabrera. La Paz. Octubre
La SI 01/11/41 p. 11

 

            Desde luego se supone cómo ya es el Narciso, según el concepto clásico formulado por la psicología: un individuo que se cree el más bello y perfecto que muchos, el más lindo dómine al uso de los tiempos de ensimismamiento general <que alcanzamos a vivir; y que luego pasa la mayor parte del tiempo de que dispone, puesto ante el espejo, embebecido en la pura contemplación de su un sí es no es apolínea belleza.
            Parecería preguntar a cada instante, como poseído de ansiedad infinita, al cristal que le retrata de tan fidelísima y persistente manera en –para él- únicas y admirables perfecciones:
            Espejo ¿soy lindo? ¿Es posible que exista alguien que me supere en lindura y donosa gallardía? No, no: yo soy el único ser perfecto de la tierra, yo soy el más hermoso de cuantos apuestos varones produjo mi garbosa y gentil generación…
            Y así va delirando siempre ante el encantador espejo el verdadero Narciso; y de ese modo original va engañándose también cada vez más y más a sí mismo.
            Ahora bien; así como existe un narcisismo en el orden de la belleza individual, existe también un narcisismo singular en la vida de progreso de las naciones: éstas, mirándose de continuo en el espejo de sus propias imperfecciones y defectuosidades características, acaban, al parecer, por convencerse profundamente de que no hay en el mundo individualidades más perfectas que ellas. ¡Triste ilusión!
            Entonces sucede que rigiéndose por tal criterio falsísimo y a la vez soberanamente ridículo, encuentran que todo está puesto para ellas en el mejor de los mundos imaginables; ya no hay vicios ni defectos suyos que valgan corregir, sino únicamente se ven grandes virtudes que loar: solo hay esas gracias naturales y virtudes máximas que imagina descubrir en la supuesta airosa entalladura de sí mismas, suscitando necesariamente su propia y necia admiración.
            El curioso enamoramiento que padecen de sí mismas viene a ser, por tanto, una consecuencia natural de su extravagante manera de ser: creerse el dechado más acabado de las perfecciones físicas, y, acaso, aún de la suma perfección ética, que implica de por sí el hecho de poseerse un alma verdaderamente hermosa por efecto de esa constante transfiguración que operan en ella las virtudes; aunque, de otro lado, bien sepamos que la real hermosura del alma, nada tenga que ver, de manera estricta, con la agraciada fisonomía de la persona.
            Y es entonces cuando puede aseverarse con entera verdad, que se sienten completamente felices y se repantigan harto pagadas de si; no conciben que nadie pueda hacerles sombra, ni que nadie se atreva a disputarles la palma de la belleza y de la virtud intrínseca.
            ¿No será éste también el caso patológico en el que se sitúa nuestra querida patria, relativamente al estudio de las enfermedades sociales?
            Porque aquí, entre nosotros, creemos que todo está siempre bien hecho, aún cuando en sí está mal hecho y se distinga ello hasta la legua; y, por consiguiente, parándonos a mirar en el espejo defectuoso que tenemos al frente, encontramos que no hay en el mundo varones más perfectos ni dichosos que nosotros; aún cuando no seamos, sin embargo, sino pobres y humildes ciudadanos de esta parte del mundo. Por eso no queremos reconocer, casi nunca, el sentido de nuestras propias flaquezas y miserias humanas, que en ninguna parte faltan.
            No digamos, pues, para proceder con más cautela que honrará a nosotros mismos, que, en nuestro medio, todo está a pedir de boca, y que nosotros los hombres más felices del mundo. Tenemos muchas lacras de que curarnos, si posible hasta con hierro candente. Tal es el retrato verdadero que nos presenta la realidad.