La SI 41 01 18 25
Índice del Artículo
La SI 41 01 18 25
Página 2
Página 3
Página 4
Página 5
Página 6
Página 7

Crisis en el Plata. Alrededor del estuario del Plata La SI 18/01/41 p. 3-4
La Conferencia del Plata. Cinco países en Conferencia La SI 25/01/41 p. 1-3

Crisis en el Plata. Alrededor del estuario del Plata
La SI 18/01/41 p. 3-4

            Ese trozo de mar –ese trozo de río, como se dice en Buenos Aires- que había vivido anónimamente durante décadas, ha pasado ahora en primer plano. Y ese primer plano se elevaría más en importancia, si pudiésemos poner en la mesa de la discusión  tantas cosas como son tratadas en la obscuridad de los entretelones, y que podrían, por lo mismo, ser inventos de una fantasía afiebrada por el afán de dar campanazos.
            La Misión comercial británica que ha recorrido estos países no lo habría hecho seguramente, si hubiese sabido calcular lo que pensarían estos pueblos, sumidos en los más terribles lances por una manotada antijurídica de Gran Bretaña, tras esa venida del que visita ceremoniosamente a las víctimas de sus caprichosos intereses materiales.
           
            a) La crisis en esos dos países del estuario platense llega a términos extraordinariamente graves. Y alrededor de ella se han acumulado una serie de hechos recientes que vienen a darnos una idea de lo peligroso del instante en esa zona número uno de la economía latino-continental.
            Uruguay vive especialmente de sus lanas y sus carnes. Sus gobernantes no han sabido proliferar la producción, sacándola del proceloso canal de la unidad. Sus carnes están por el suelo, y las pocas que van a Gran Bretaña están amenazadas de tener que ir en préstamo. Londres paga con preferencia productos bélicos y no tiene dinero para nutrir sus despensas. Espera poder vivir pagando mañana: un mañana turbio sobre el cual nadie sería capaz de apostar un penique. En peor situación están las lanas Gran Bretaña ha visto que, apretando las clavijas, no por esto el canciller Guani y los suyos dejaban de ser excelentes anglófilos. Las lanas de segundo y tercer orden no las quiere Inglaterra. Le compra solo lanas de primera clase a precios de tercera. Y no le permite las exporte a Alemania y a la Europa central. Aún las lana de primera calidad compradas, no las leva Gran Bretaña a su isla. Carece de tonelaje y están acaparando las bodegas uruguayas, cuya vaciedad era necesaria para la próxima esquila. Las proporciones de la crisis actual son extraordinarias. Las de la crisis de mañana pueden ser desproporcionadas al índice de sufribilidad del país.
            Está en pero situación Argentina. Toda ella vivía de Europa. Gran Bretaña no puede comprarle, porque prefiere a sus Dominios. Estos la ayudan en hombres -¿qué le cuesta al capital la muerte de cien mil hombres?- y es justo que sean sus productos preferidos por los compradores británicos. El Gobierno argentino ha tenido que ir adquiriendo las cosechas de trigo, maíz y lino, y montañas de carnes y lanas están esperando en las bodegas. Los cesantes aumentan día a día por miles. No se ve, en vista de la duración de la guerra, qué camino puede abrirse en el cual brille un rayo de luz.
            Gran Bretaña, después de la visita de lord Willingdon, ha apretado más las clavijas contra la Argentina, bloqueando más estrechamente sus productos. En perspectiva de poder vender a Rusia, Moscú había prometido organizar una flota de pequeños 200 buques, que llevarían productos argentinos, a cambio de oro sonante, a Vladivostok y el mar Negro. El ministro de abastecimiento británico –otra vez violando el Derecho de Gentes- ha anunciado que no lo toleraría. Sabemos que Argentina ha amenazado con una denuncia contra tales desafueros. Estados Unidos se ha negado a secundarla. Le interesa más a Washington; Gran Bretaña que Argentina. Le interesa, además, que Argentina no halle mercados en Europa, para tener que rendirse a exigencias norteamericanas. La diplomacia argentina, que ya no tiene gigantes estilo Estanislao Zeballos, se ha acurrucado y callado.
            El ministro de Finanzas, Pinedo, había estructurado un plan económico para dar cima a tantas dificultades. Era un plan “ancien regime”, incapaz de curar el mal. Podía, sin embargo, aliviarlo mientras tanto. No ha sido posible ponerlo en práctica. Se basaba en una tregua política dentro de Argentina y una Unión Económica entre Argentina, Paraguay, Bolivia y Uruguay, eliminando audazmente las aduanas, en su totalidad. Uruguay se ha negado a aceptar, a caballo de los viejos prejuicios. Estadistas minúsculos, entre ellos Guani, se quejan de falta de solidaridad americana. Pero se niegan torpemente a adherirse a cualquier medida que indique solidaridad práctica. Pinedo ha caído, más por causas ocultas de política internacional (Uruguay, Estados Unidos) que por los motivos políticos que nos cuentan los diarios. Cuando un pequeño