América 41 03
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América 41 03
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Fluctuaciones washingtonianas. Las fluctuaciones norteamericanas La SI 01/03/41 p. 7
Una cierta Unión Aduanera La SI 08/03/41 p. 6-7
Congelación de fondos sudamericanos La SI 22/03/41 p. 5-7

Fluctuaciones washingtonianas. Las fluctuaciones norteamericanas
La SI 01/03/41 p. 7

            Mientras el parlamento norteamericano está tratando –para ser aprobada luego- la ley de ayuda a Gran Bretaña patrocinada por el Presidente Roosevelt, es necesario fiar la atención en hechos que arrojan chorros de luz sobre la actuación de aquel Gobierno y en especial en lo que concierne a estas Repúblicas americanas del sud.

            a) Quien desee juzgar la actual conducta de Roosevelt ha de partir de la base –en estas columnas bien conocida desde el principio- de que la finalidad capital de la intervención de Estados Unidos no es otra que dar trabajo a sus millonadas de desocupados, y, por lo mismo, dos finalidades que derivan de la primera como corolarios: 1º que la guerra sea larga, haciendo lo posible que así sea; 2º asegurar este trabajo que da la guerra para el futuro, cuando la paz sea un hecho. Mr. Roosevelt se encontraba en un callejón sin salida respecto del problema número uno de su país: la desocupación. Para hacerle frente, pasaba por todo, aunque ello importe rectificaciones, fluctuaciones, contradicciones.
            Esas fluctuaciones no tienen otro objetivo que realizar en cada instante lo necesario que ese trabajo continúe. La dominación de toda  América no es más que una exigencia para que ese trabajo actual perdure en el futuro después de la guerra.
            Teniendo en cuenta de que se trata de un puro determinismo estomacal, en plena actuación el marxismo capitalista norteamericano, el lector se explicará todo. Y más que nada, se explicará las fluctuaciones en la conducta del presidente, impuestas por los diversos hechos que no penden de él mismo.
            En estos últimos días se han producido algunos, que habían de afectar directamente a la actuación rooseveltiana. Por ejemplo, la declaración de Hitler de que todo buque norteamericano que llevase material a Gran Bretaña sería torpedeado, y la declaración de Matsuoka de que el Japón, por manera inapelable, exige para sí los mares del sud amarillo, entrando en guerra inmediata, además, si Estados Unidos la declara a Alemania.
            Ya no hay nadie que no esté convencido de que la guerra concluiría inmediatamente si Estados Unidos no trabaja para Gran Bretaña. Lo ha dicho el propio Gobierno británico.  La consecuencia es lógica –lógica dentro de la finalidad rooseveltiana-: hay que dar a Gran Bretaña todo lo necesario para que no sea tan pronto vencida, y no darle tanto, que pudiese ella vencer a Alemania. Pongo esta última frase ante los ojos del lector, en la seguridad de que, por más que le choque, está conforme absolutamente con la realidad objetiva. Si estuviese a manos de Estados Unidos hacer triunfar inmediatamente a Gran Bretaña, Mr. Roosevelt hallaría inmediatamente razones para pasar auxilios a Alemania. La guerra debe durar: es ésta la suprema ley norteamericana.
            De ahí la angustia de Roosevelt ante aquellas declaraciones anotadas. Si Gran Bretaña no tiene material, y el material norteamericano no puede llegar a la isla ¿cómo podría durar la guerra? ¿No sería fatalmente cumplida la afirmación de Hitler de rematarla este mismo años? ¿Qué calamidades no traería esa terminación en la economía norteamericana?  Los buitres de la Wall Street no podrían seguir picoteando cadáveres. Ese trágico pueblo estadounidense retornaría a sus once millones de desocupados, para pasar, dentro de dos años, cuando Alemania y Rusia irrumpan sobre los mercados internacionales, a los veinte millones.
            De ahí las dubitaciones de la Casa Blanca ante la actitud firme del Japón. Si éste se alza en guerra y el Pacífico queda abandonado exclusivamente a Estados Unidos ¿qué raras cosas no pueden suceder, que precipiten el fin de la guerra? Más, si la entrada del Japón pudiese plantearse de manera que ello representase una larga continuación del conflicto, esa complicación sería bienvenida, porque respaldaría la finalidad  del teorema fundamental norteamericano: la duración de la guerra.

            b) Esas fluctuaciones norteamericanas tocan directamente a estas Américas especialmente en un punto concreto: si Estados Unidos entra, o no, en la guerra. Norte América ha conculcado los Acuerdos de Panamá, al presentar esa ley que se está discutiendo en su parlamento sin consulta nuestros pueblos. Pero, viviendo internacionalmente pasivos estos