Guerra 1939 41 05 24
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Guerra 1939 41 05 24
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Arabia y Francia se ponen de pie La SI 24/05/41 p. 1-9
La fantástica invasión de Creta La SI 24/05/41 p. 11
Bibliografía Werner, Friedrich: Piracy in the Great War. Berlín La SI 24/05/41 p. 14

Arabia y Francia se ponen de pie
La SI 24/05/41 p. 1-9  ver antes La SI 17/05/41 p. 1-6

1. Cuando la hora suena (ver después La SI 31/05/41 p. 8)

            El que pretenda entender estos tiempos tan movidos, ha de partir de la siguiente y doble base: que estamos en el cambio de una Edad histórica y que el nudo central entre las dos Edades –la que se va ruidosamente y la que adviene tras ella- está representado por el tridecenio 1914-1944
            La primera base en estas columnas constantemente puesta a la vista desde años, ha entrado ya en las conciencias de la gente. Y se da el caso raro siguiente: que aún los que se emperran en la continuación de una economía y una política en ruinas, lamentando los movimientos actuales, están ya con nosotros en cuanto a afirmar que un Mundo Nuevo está en ciernes en medio de los acontecimientos bélicos. Es decir, que hay ya unanimidad en cuanto a ver todos un cambio de Edad histórica, sufriendo la manera de ser de las cosas, los hechos y los hombres un cambio trascendental de fisonomía.           
            La segunda base (nudo común del cambio: el tridecenio que va de la guerra mundial a la guerra actual) es menos comprendida, más no por esto menos clara. Hay que aceptar esto a ojos cerrados, en la seguridad de que no hay error posible en ello. La guerra del 14 al 18 fue la apertura del ciclo del parto. La guerra actual cierra ese alumbramiento.
            Siendo la sociedad algo que marcha a la manera de un organismo gigantescamente complejo, dotado todavía de autodeterminación dentro de límites infranqueables, se comprende que nada hay que tenga lugar de golpe a la manera de las cosas mecánicas. Yo acostumbro a decir que una cosa es clavar un clavo y otra cosa el desarrollo de una semilla. Y, si esto es algo de estar por casa y eminentemente modesto, piénsese que el mundo va mal muchas veces por no tener en cuenta las cosas más sencillas y modestas.
            La agonía (¡qué sabiduría etimológica en esta palabra!) la agonía de la Edad que se va se iniciaba en los últimos decenios  del siglo pasado. Podemos considerar el último tridecenio (1870-1900) como la primera fase de la ya descendente decadencia. Muchos no ven esto, porque son gentes de epidermis y no aciertan a oler las podredumbres interiores. Todo en aquellos treinta años parece de una manera (porque los ojos ven la superficie, que continúa dorada) y comienza a ser de otra en las entrañas de los sucesos. ¿No nos dice nada que en ellos se iniciasen tantos partidos políticos raros, que se publicase en ellos la “Rerum Novarum”, que el Imperialismo llegase a los más desalmados excesos y que apareciese el fenómeno de la sobreproducción en marcha acelerada, que es el hecho central dentro del cual todos los demás males y todas las demás podres vienen a reunirse? Concibamos esos treinta años como algo que se inicia, acentuándose mes tras mes el cambio.
            De principios de siglo al año 14 (con duración de la mitad del primer período) los cambios y los males se acentúan más rápidamente y comienza a flotar por la superficie de los diarios acontecimientos. La madurez va en marcha acelerada. Y ya son más los que ven apuntar sobre la superficie de la manzana humana aquellos puntos que delatan que adentro están a sus anchas los gusanos. Es un segundo período que desemboca en la gran guerra, que no es precisamente entre Alemania y Gran Bretaña, sino entre algo substancial que viene no perfectamente comprendido por aquellos dos nombres de naciones. La Edad en decadencia ha entrado en la ultramadurez de la putrefacción. Y todo es pastoso, sin relieve, mugre y hedor. Por esto surge Wilson, que predica 14 principios aceptables y se dedica a pisotearlos constantemente, no solo en América, sino en París. Por esto se anuncian nuevas cosas aún por los más anticuados hombres de aquellos días. Por esto se promete mucho y no se hace nada, lógicamente, por cuanto son los hombres de antaño los que prometen como por arte de engaño, y es natural que las nuevas cosas se tomen su tiempo para la fructificación.
            De 1914 a la guerra actual pasan veinte años que representan la caída de la fruta en tierra abonada, donde la tenue y prometedora semilla va realzando su oculto trabajo. Los que se desesperan al contemplar las torpezas de esos veinte años, una Sociedad de Naciones criminosamente actuando, los políticos que envejecen sin atinar a ver lo más claro, realizando los que se creen las mejores cabezas obra de locos, intentando los favorecidos por la Edad