Guerra 1939 41 05 03
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Guerra 1939 41 05 03
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El derrumbe británico en los Balcanes: causas y consecuencias. Esta campaña en la técnica militar. ¿A dónde se dirigirá inmediatamente la ofensiva-relámpago alemana? La SI 03/05/41 p. 1-8
Hacia la idiotización del mundo. El descenso calitativo de la crítica bélica La SI 03/05/41 p. 9

El derrumbe británico en los Balcanes: causas y consecuencias. Esta campaña en la técnica militar. ¿A dónde se dirigirá inmediatamente la ofensiva-relámpago alemana?
La SI 03/05/41 p. 1-8

1. La Grecia trágica
           
            ¡La suerte perra de esa Grecia, que estaba destinada por quien sabe qué constelaciones desfavorables a ser eternamente hija de la tragedia! El mundo, al pensar en ese pueblo famoso, recuerda sus sabios y sus artistas, sus filósofos y sus arquitectos. Ese Aristóteles que hundía su cerebro en las más hondas metafísicas, guiaba a la humanidad durante dos milenios y, reído y burlado por la miseria filosófica de la Edad Moderna, había de ser resucitado por la biología y el renacer del siglo XX. Ese Platón inmortal, que paseaba su gesto desde los cielos materiales, sorprendiendo en ellos la música de las maravillosas armonías, hasta los cielos sociales de la utopía humana, ensoñando hombres felices, viviendo sin leyes por propia virtud. Ese Partenón insuperable, admiración de todos. Esa Venus serena en la cual una sencillez estupenda ha llegado al supremo arte. Y esas obras mil de la pluma y el arte, que han legado a la humanidad un tan fecundo y admirable tesoro.
            Pero lo más interesante de esa Grecia inmortal son sus trágicos. Y no porque no haya artistas en otras ramas tan altos como ellos, sino porque la inspiración terrible de Sófocles y demás trágicos bebía sus temas en la misma Grecia, zarandeada por las pasiones más bajas; y, aún los que una historia nos presenta como insuperables caudillos, presa de todos los apasionamientos y actores en los más bajos dramas políticos y sociales, que, excepto muy breves años, forman la negra tela que constituye la historia griega.
            Grecia, como ningún otro pueblo, ha tenido la suerte de contar, entre la minoría de sus ciudadanos ilustres por su cerebro, a media docena de historiadores, artistas medulares y tan mentirosos como la generalidad de los historiadores. Ellos, con arte inmortal, han sabido bordar un sin fin de miserias griegas con hilos de arte. Y la humanidad se ha acostumbrado a leer como cosas heroicas, una vida nacional que, trasladada a otro pueblo, nos parecería el colmo de la insensatez.
            Toda la vieja vida política está formada por un montón de guerras civiles de bajo estilo, las envidias de un Estado contra otro, la minificación de Gobiernos, apenas ocho millones de hombres divididos en Estados hostiles, que llegan a ser a veces hasta dieciséis, disparando unos contra otros las flechas más sutilmente envenenadas. Desde los mismos días de la ocupación de la Grecia (porque los griegos entraron al país en son de conquista armada y reduciendo a los dueños del suelo a la más vil esclavitud), se dedicaron los helenos a triturar la familia nacional; a matarse mutuamente, los dorios baqueteados a morir por los jonios, los jonios a matar con los áticos, las cuatro ramas de la familia nacional sangrientas luchas continuas, sin más ideal que eliminarse mutuamente. Las guerras del Peloponeso, puestas en las nubes por los historiadores, son la mayor vergüenza nacional  que haya podido tener un pueblo. Y que los generales más famosos, como el heroico Epaminondas, no hicieron más en su vida que matar griegos, toda la saña del tebano empleada en herir a Atenas en sus mismas entrañas. A pesar de lo cual, ha habido un Plutarco que, elogiando las innegables virtudes militares del general, no ha sabido estigmatizar el fratricidio.
            La historia antigua de Grecia, larga de siglos, es un tejido de guerras abominables. Solo ante el peligro exterior persa saben por unos pocos años unirse. Y solo esperan la derrota del asiático, para volver a las andadas, cazando unos helenos a los otros, hasta que –consecuencia fatal- asome por los llanos de la Tesalia la cabeza audaz de un extranjero, y todo el país, anarquizado eternamente, caiga en manos de Filipo.
            El lector sereno de esas historias del mundo antiguo ha de saber volver las cosas en su lugar, y cargar sobre cada hombre, cada pueblo y cada época sus propias culpas, sin dejar de reconocer sus propios méritos. Demóstenes era un singular orador; pero fue un gran cobarde, que, azuzando a las masas contra Filipo, arrancó como liebre al estar apenas en las Termópilas las tropas macedonias. Pelópidas fue un gran general, pero toda su ciencia militar fue empleada contra sus mismos hermanos, los griegos de Atenas. La guerra de Troya fue una singular y amena aventura, pero –aparte la leyenda de Helena- no se trataba más que de eliminar a una raza