Guerra 1939 41 09 06
Índice del Artículo
Guerra 1939 41 09 06
Página 2
Página 3
Página 4
Página 5
Página 6
Página 7
Página 8
Página 9
Página 10
Página 11
Página 12
Página 13

Después de dos años de guerra. A los dos años de guerra La SI 06/09/41 p. 1-4
Irán, nueva colonia. Irán, democráticamente conquistado La SI 06/09/41 p. 4-6
La Conferencia del Atlántico (continuación) La SI 06/09/41 p. 10-11

 

Después de dos años de guerra. A los dos años de guerra
La SI 06/09/41 p. 1-4

 a) Esta primera semana  del tercer año de guerra se ha caracterizado por tres violentos contraataques rusos a los avances alemanes. Han sido tan formidables, que solo el ejército alemán podía ser capaz de resistirlos y superarlos.
 Dados nosotros a la pura objetividad, lejos de toda superstición prejuicial, y más, todavía, de cerrar los ojos a hechos evidentes, constantemente hemos llamado la atención, desde hace muchos años, acerca del poder enorme de Rusia, que finca en tres causas que los estadistas no han sabido medir perfectamente.
 El hecho está a la vista. Después de derrotas tan gigantescas como las que llevan los nombres ya históricos de Bielostok, Minsk, Smolensk y Dnieper, en las cuales muertos, heridos y prisioneros contados caían más de tres millones de soldados; después de haber perdido lo mejor de la tierra rusa, que es la situada entre el Dniester y el Dnieper; después de haber tenido que abandonar, por una u otra causa, más de 15.000 tanques, 15.000 cañones y 15.000 aeroplanos; después del quebrantamiento de la moral que suponen esos desastres, los ejércitos del Soviet han tenido esta semana agallas para contraatacar tan violentamente en todos los grandes sectores del frente de guerra, que se ha necesitado de toda la ciencia del Estado Mayor más calificado del mundo y de toda la valentía del soldado alemán para poder resistirla sin daños mayores.
 Hemos de insistir en un hecho que prueba la ínfima calidad de buena parte de la prensa mundial en estos tiempos: la campaña idiota que realizaba, durante los últimos veinte años –y especialmente durante los últimos tres años- acerca del “despreciable valor del ejército ruso, absolutamente desorganizado, primitivo y sin disciplina”. Eran soldados –es decir, los hombres a sueldo- de la pluma, la mitad de los cuales son incapaces de ver la luz del sol en mediodía y la otra mitad tiene la suficiente vaciedad moral para escribir lo que se le antoja al amo que paga. Y al amo no le interesan los hechos, sino sus egoísmos.
 Hemos de insistir en lo que decíamos en su tiempo, constantemente contra esas afirmaciones. Y no ya –ello tendría escaso valor- para mostrar aciertos nuestros sino para poner en guardia –y eso sí que tiene valor enorme- al lector contra campañas tan torpes como esas que se habían hecho para mostrar hasta la evidencia que el ejército ruso era un hato de inútiles y de anárquicos
 Estos dos meses de guerra, con los gigantescos ejércitos moscovitas, con innumerables tanques, una aviación fantásticamente densa, docenas de miles de cañones, Líneas mejor hechas que la Maginot, caminos estratégicos notables y cuanto el lector ha visto desfilar durante nueve semanas por las columnas de los cables, aún cercenando mil mentiras y exageraciones, muestra que el ejército ruso era un tan formidable instrumento de guerra, que solo había en él un defecto esencial: que se creía superior al ejército alemán.   
 Y es ahora la misma prensa que nos explicaba a todo compás la nula calidad del ejército ruso, la que nos cuenta mil cosas raras sobre su invencibilidad, añadiendo y amenizando el nuevo cuento con ciertos episodios que inventa –a las órdenes de los amos- el periodista siervo tan común en nuestros días. Ayer recibía la orden de mostrar la nulidad de Rusia militar. ahora recibe la orden de ponderar hasta las nubes esa calidad. y el que así se contradice  se queda tan fresco y es llamado “director de la opinión mundial”.
 Sería interesante un trabajo que se hundiese en el subsuelo de las causas y ver a qué se debe esa fuerza actual de los ejércitos bolcheviques. Por el momento indicaríamos tres, que podrían ser desarrolladas convenientemente.
 Primero, el miedo al régimen zarista. Cualesquiera que sean las barbaridades que pueden contarse con razón del régimen soviético, ni un solo ruso las cambiaría por la salvaje manera de actuar del zarismo, todo el país viviente para una minoría inmoral y cruel, apuntalada sobre el trípode de un ejército de siervos, una iglesia ortodoxa corrompida y una administración sin escrúpulos. El comunismo ruso ha tenido buena cuenta de agitar constantemente la amenaza zarista ante los millones de siervos de la gleba rusa. Lo cual daba al nuevo régimen, ya en los alrededores de 1920, una fuerza tal, que era capaz de vencer a cuatro ejércitos simultáneos pagados por Gran Bretaña