1947-1
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Es general el anhelo de reforma educacional La SI 04/01/47 p.4-7
Estados desunidos ibero-americanos. Los valores espirituales La SI 15/03/47 p. 9
Argentina y la enseñanza religiosa La SI 29/03/47 p.4-5
Henry Ford, ha muerto La SI 19/04/47 p. 7 col. 1
El odio formal La SI 10/05/47 p.3-4
La educación en Estados Unidos La SI 17/05/47 p.4-5
Dos complejos: el del mundo y el de Mr. Bevin. Cuestión de “complejos” La SI 05/07/47 p. 1-2

Es general el anhelo de reforma educacional
La SI 04/01/47 p.4-7

Resumen de ideas: sobre el anhelo de reforma educacional y su causa; el movimiento de escuela nueva y su causa; una crítica al cerebralismo y optimismo pedagógico del s. XlX, postulando un vitalismo complejo y optimismo moderado en educación; la reforma escolar inglesa; el sistema escolar norteamericano; los cuatro principios de la reforma escolar en boga.

    a) En épocas de optimismo, sea real, sea ficticio, la gente no piensa en reforma educacional alguna. El hombre es un animal muy irracional. Y acostumbra ir en busca de un paraguas así que comienza a llover. Su inteligencia le sirve poco para prevenirse; y generalmente no piensa en el paraguas hasta que llueve.
    Así es cómo no piensa en modificar nada, mientras el tiempo le pasa felizmente.
    O que "se cree" que le pasa felizmente. Porque una cosa es la realidad implacable, y otra es la opinión que uno tiene de la realidad, especialmente en instantes extraordinariamente extremosos, en bien o en mal.
    Sucede que a veces uno tiene una creencia pesimista, demasiado en extremo. La sociedad es tan infantil, que hay en sus pensamientos mucho de subjetividad. Acontece como en las fiebres de la gente menor: suben a grados insospechados, que harían temer por la vida de cualquiera. Sin embargo, pasan unas horas, y ha desaparecido todo síntoma de temperatura.
    El por qué se explica en esa sabia disposición de la providencia oculta, que sabe complementar la humana ignorancia con una dosis en cada instante variable de acción providencial (a veces la llaman "inconsciente") subterránea. Es el que llamaban los viejos "el instinto", el cual ponía en un acto humano una acción (o inclinación a la acción) complementaria del obrar consciente del hombre.
    Cuando un ser debiera pensar, porque es capaz de ello, y operar en consonancia, cómo que la acción oculta lo abandona, dejándolo a sus solas expensas. Así un hombre puede caer en mil abismos, porque tiene la suficiente fuerza interior para obrar bien. No usando voluntariamente esa fuerza interior se abandona a sí mismo, y no hay fuerza oculta que le lleve y guíe. Pero, si se trata de un niño, o de quien no es capaz de dirigirse autónomamente, acude siempre una Mano oculta que, sin él mismo quererlo ni notarlo, lo salve de mil peligros, operando el instinto (o lo que sea) en él por modo inconsciente y maravilloso.
    Pasa en los pueblos lo mismo que en el individuo, con ciertas diferencias que exige el paso del individuo a una acción colectiva. ¿Por qué la desnudez en los pueblos salvajes no lleva a las desastrosas consecuencias que ella llevaría en los pueblos civilizados? Porque hay la Mano que frena sus cosas en su lugar debido. Los civilizados tienen la suficiente inteligencia para que se frenen a sí mismos. Si no se frenan, caen en las aberraciones más indeseables.
    Volviendo a la tesis arriba apuntada, a veces -en un individuo, en un pueblo- uno se cree en una dificultad gravísima, cuando no lo es tanto; en una situación irremediable, cuando, siendo grave y exigiendo un buen esfuerzo, es del todo remediable. Es decir, que el pensamiento subjetivo no capta realmente la situación tal cual es, sino peor de lo que es.
    Cuando un pueblo se cree (siéndolo en la realidad, o no siéndolo) muy enfermo, suele pensar en una reforma educacional, para poner remedio en las raíces mismas del mal, o de lo que él cree mal. Que es la educación, la manera de elevar a los que se van formando. Cuando un pueblo no se cree mal llevado o en peligro, es cuando sus hombres responsables, y con ellos un cierto instinto subterráneo, piensan en una reforma educacional, para enderezar, al menos en el futuro, la marcha de la “ciudadanía”.
    Así es como, después de todas las guerras graves, se piensa generalmente en cómo se educa a los niños, y se quiere reformar el sistema. Toda guerra deja un vencido, y al recapacitar sobre las causas de su derrota, piensa en la necesidad de reformar algo que está en las mismas raíces de la vida. Pero, siempre, y especialmente en estos tiempos, los que pierden una guerra son los vencidos y a la vez