Guerra 1939 41 11 08
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Guerra 1939 41 11 08
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Cayó Crimea. La marcha de la guerra  La SI 08/11/41 p. p. 1-4 
EE. UU ordena a Finlandia La SI 08/1/41 p. 5
Persia pierde su independencia.  Un Dictado a Persia La SI 08/11/41 p. 5-6

Cayó Crimea. La marcha de la guerra
La SI 08/11/41 p. p. 1-4

 La ola llegó a Crimea. Crimea es el mirador del Cáucaso. Gran Bretaña y Estados Unidos ríen con un ojo y con el otro lloran.  Lloran, porque ven que no hay quien pueda contener la aplanadora, que avanza con la facilidad de lo inevitable. Ríen, porque, al decir Crimea, sospechan –y sospechan bien- que el Cáucaso está en capilla. Que, en consecuencia, cuando la punta de lanza fatal hienda más allá de Rostov, se estará autorizado para invadir el Cáucaso sin pedir permiso a Rusia. Y será llegada la hora histórica –que ellos creen erróneamente histórica- de hacerse con el petróleo y con el resto. La han esperado durante más de siglo y medio, con paciencia benedictina del que sabe sentarse cómodamente para esperar que la ocasión advenga.
 Esta semana ha sido especialmente fatal para esa pobre Rusia, que soñaba avances y estabilidad y se halla en la continua agonía de las eternas gloriosas retiradas. Trágica para la Rusia, no solo por los avances alemanes, sino también por lo otro: por estar en potencia propincua de perder el Cáucaso, sobre el cual guiña socarronamente el ojo el defensor de los rusos, mariscal Wavell.
 Pero vayamos por partes. En esta portada hemos trazado un mapa con la totalidad de la Línea de Guerra, que marca los avances del Eje en toda la longitud del frente. A él ha de acudir quien quiera ubicar la parte ubicable de esta ligera crónica. 

 a) En la extremidad norte, de la cual no venían noticias desde hace algunas semanas, ha habido, en estos días, avances que han permitido  a los finlandeses y alemanes llegar hasta escasos kilómetros de Murmansk.  Los telegramas precisan: 20. Los triplicaríamos y diríamos 60, en la seguridad de que, aún así, se trataría de algo de pésimas consecuencias para los rusos.
 Cierto que ese puerto tan codiciado –Murmansk- no sirve ya a los rusos, por haber los fineses cortado el ferrocarril que va al sur por lo menos en cuatro partes. Más, aún así, es de gran importancia. El puerto de Murmansk, por especiales circunstancias locales, no se hiela en todo el año. Es posible, por lo mismo, embarcar y trabajar eficientemente en él. Desde la ciudad, además, sería posible correrse fácilmente hacia oriente de la península de Kola y adueñarse de la entrada del mar Blanco. Con ello quedaría cortada la línea principal de ayuda a Rusia por parte de Gran Bretaña y Estados Unidos. 
 La flecha a) del mapa muestra Murmansk. La flecha b)  señala el ferrocarril que comunicaba Leningrado con el Ártico. A estas alturas es donde, además del extremo sur entre Onega y Ladoga, ha habido esta semana pequeñas ofensivas, que amenazaban cortar el ferrocarril también en su parte media, al sud del mar Blanco.
 Si el lector echa una ojeada al ferrocarril que de Arkángel va a Vologda, verá cuál es el camino que sigue ahora la ayuda aliada a Rusia y cómo la ocupación de la península de Kola lo inutilizaría absolutamente.
 Como se ve, esta ofensiva en Murmansk tiene sus miras lejanas, no parando hasta Arkángel. Para completar la inutilización de esa vía de ferrocarril que de Arkángel va a Moscú,  pasando por Vologda, una nueva ofensiva, de fuerza reducida, ha sido iniciada por el lado donde la flecha c) señala a lo largo del ferrocarril que de Leningrado va hacia el Oriente, constituyendo, en rigor, el primer tramo del transiberiano.
 Detrás de esa flecha, y siempre como parte del sector septentrional de la enorme línea de combate, Leningrado aparece cercada. Durante esta semana los rusos han realizado  conatos constantes de salida, para intentar romper la línea  alemana de cerco. No lo han logrado.  han sacrificado muchas armas y numerosos tanques, también muchas vidas. La artillería alemana los ha segado en su hora. Las tres causas de esas contraofensivas locales son de fácil comprender.
 Primero, el estado desesperado de la ciudad. Cierto que la previsión bolchevista había sido notable, habiendo acumulado en la antigua capital enormes cantidades de alimentos y de material de guerra. No se podía sospechar, sin embargo, que vendría alojando más de cuatro millones de habitantes cercados completamente. Los que escapan de ella, desertando, explican cosas verdaderamente trágicas. Seguramente que la realidad es más trágica todavía. el hambre y la peste son los amos de la urbe. Con ellos, el Comisario,  que fríamente sabe cumplir las