Alemania 41 11 y 12
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Alemania 41 11 y 12
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Bibliografía Reymer Lidia: La familia en la nueva Alemania. Berlín.-  La SI 15/11/41 p. 9
Autopsiando cuatro discursos Habla Hitler La SI 22/11/41 p. 7 
Bibliografía Shirer, William L., Berlin Diary. Nueva York La SI 06/12/41 p. 14
Bibliografía Hagermann, Gustavo. Asistencia social a los ancianos y débiles en Alemania. Berlín. La SI 20/12/41 p. 10

Bibliografía
Reymer Lidia: La familia en la nueva Alemania. Berlín.-
La SI 15/11/41 p. 9

 Un texto todo medular acompañado de 25 excelentes fotografías. Lo más interesante de él –todo substancia- es el Servicio del Trabajo femenino, obligatorio, puesto al servicio de las familias que, por algún motivo, necesitan el reemplazo de la madre. Es la caridad hecha deber social y encarnada  ya en una institución modelo. Los demás países han de enterarse y tomar lo acomodable a las circunstancias especiales de cada uno.


Autopsiando cuatro discursos (Roosevelt 15/11/41 p. 5-7), Hitler 22/11/41 p. 7, el rey Jorge 29/11/41 p. 7, Stalin 06/12/41 p. 11)
Habla Hitler (texto mismo en Documentación de La SI 15/11/41 p. 10-11; La SI 22/11/41 p. 10; La SI 29/11/41 p. 8-9)
La SI 22/11/41 p. 7 

 El jefe alemán es hombre de pocas palabras. Ello es de hombres de acción. Los que se pasan las horas hablando como urracas están hechos a las derrotas y a las gloriosas retiradas. Cuando el caudillo alemán habla, lo hace cortamente, en recios discursos de pocas parrafadas. De ellas están desterradas dos cosas que constituyen el último clavo a que se agarran los fracasados: el futuro y las ilusiones. Diremos, pues, ahora: ¿por qué Hitler ha pronunciado ahora un discurso relativamente largo, discurriendo sus párrafos sobre un pasado maravillosamente triunfador?
 Las circunstancias son especialmente graves. Si repetimos las palabras del Führer tan sinceras –“También yo me equivoqué en cuanto a las fuerzas rusas”- tenemos la clave de esa gravedad y la estrategia de esa oración hitleriana, que va dirigida a la vez, al exterior y a su pueblo.
 Rusia constituía una incógnita perfecta para la mayoría, aunque no para los que saben mirar a través de la epidermis. Los que miraban las cosas para la propaganda, y substituyen los hechos por sus ilusiones, nos predicaban cosas mil sobre la completa fofedad del Soviet y la mala calidad de sus ejércitos. Son los que equivocan todos los juicios, porque en la ecuación viva de los problemas en desarrollo substituyen la realidad por la fantasía y los propios deseos.  Rusia tenía una juventud decidida, un ejército ultrapoderoso, una gobernación inteligente.
 Aún los que sabíamos ver a Rusia tal cual era –fuerte y resuelta- nos equivocamos bajo algunos aspectos. Quien esto escribe conoce el talento de Stalin y sus enormes capacidades. Se engañaba en esto: en suponer que ese talento le haría ver el absurdo de entablar guerra con Alemania, así como la necesidad moral y material de que las tierras negras ucranianas fuesen explotadas a duo por Rusia y Alemania en beneficio de Europa. No llegaba a esas alturas el talento de Stalin, quien –campesino, al fin- ultrapreciaba las propias fuerzas.
 Es evidente que –como ha escrito recién “The Times”- el Estado Mayor Alemán es, no solo la mayor fuerza militar existente, sino que su valor integral sobrepasa a cualquier Estado Mayor que haya jamás existido; que sus éxitos –tiempos y lugares comparados- sobrepasan enormemente a los de los más grandes conquistadores de todos los siglos. El ha elevado el arte militar a ciencia perfecta dentro de la movilidad de la psicología humana. Y el centro de ese Estado Mayor es la persona de Hitler.
 Dicho esto, puede añadirse que ese Estado Mayor, como ha reconocido Hitler, se había equivocado al infra estimar las fuerzas totales de la resistencia rusa. Decimos de “la resistencia” rusa. Lo cual nos lleva a dos corolarios que esa mala estimación ha traído cosas imprevistas en los planes alemanes; que se trata de resistencia, y, por lo mismo, de acontecimientos que, si pueden alterar los planes del ofensor, no pueden llevar al defensor a la victoria. Por ende: equivocaciones que han afectado gravemente a la marcha de la guerra, pero no pueden afectar a su resultado.