Estados Unidos 41 11 22
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Mr. Roosevelt dictador integral La SI 22/11/41 p. 1-4

Mr. Roosevelt dictador integral
La SI 22/11/41 p. 1-4
(Un cuarto de la página 1 lo ocupa un mapa 1 elaborado por JBC bajo el cual se lee: Mr. Roosevelt está realizando esfuerzos extraordinarios para cimentar un Imperio norteamericano que, substituyendo al Imperio británico, domine a la Europa y a la América Latina. Aparecen en el mapa las bases aéreo-navales establecidas antes de este año y ya conocidas (cuadrados), las bases establecidas en  estos últimos meses de una manera callada (círculos), y las bases por cuya instalación y posesión se está trabajando en estos instantes en el lado del Atlántico (triángulos). Ver el inicio de la letra h de esta crónica.

            La ley de neutralidad era un cadáver. Roosevelt la había audazmente asesinado. El parlamento norteamericano acaba ahora de enterrar su cadáver en una votación ajustada absolutamente a las disposiciones legales.
Esa derogación de la ley abarca dos problemas muy distintos: uno, las consecuencias que ella puede tener en el desarrollo de los acontecimientos. Otro, las relaciones de esa derogación con lo que, en estos tiempos, se ha llamado Democracia e Imperialismo. En la prensa mundial se acentúa de tal modo la importancia del primer problema, que apenas se da al segundo más trascendencia que la de un episodio más o menos pintoresco.

            a) Desde el punto de vista de la neutralidad: tres reformas capitales abarcaría la enmienda a la Ley establecida por el parlamento norteamericano: el poder armarse los buques comerciales; el poder llegar esos buques, con material bélico, a puertos británicos y rusos, es decir, a zonas de guerra;  y el poder ir esos buques comerciales escoltados por buques de guerra norteamericanos.
            Esas tres condiciones anulan las características esenciales de la Neutralidad. Por lo mismo, no puede aceptarse que Estados Unidos tenga una Ley de Neutralidad reformada ahora, y, por lo mismo, subsistente. Esa llamada Ley de Neutralidad es una ley de ataque unilateral, y, por lo mismo, es una Ley de Guerra que anula toda neutralidad. Es una declaración de guerra sin la hombría y la audacia que supone siempre el acto de enorme responsabilidad de declarar una guerra y realizarla.
            Los efectos de esas tres disposiciones han de acarrear, a la corta o a la larga, actos de guerra. Alemania, dentro de la ley internacional, tiene el derecho de registrar esos buques, y de torpedearlos en caso de que, por circunstancias graves, ese registro no pueda ser realizado. Máxime si, armado el buque o escoltado, no acepta las órdenes del buque beligerante que quiera atajar el transporte del material bélico.
            Ese incidente, que podría llevar a la guerra abierta, es de desear que tenga lugar pronto. Siempre hay que desear situaciones francas. Y no ha de darse gusto jamás a los que, queriendo luchar en condiciones dispares y sacar ganancia del revuelto mar internacional,  no se atreven a dar la cara, entrando en la lid sin la visera levantada. Estados Unidos no está preparado para iniciar una lucha seria en el terreno de las armas.  Esto no es razón para que tenga la pretensión de limitar de tal modo “su” lucha, que le vengan ventajas y no deba cargar a su vez con los inconvenientes.
           
            b) Lo interesante de esta nueva ley (enmendadora de la ley de Neutralidad) es enfocarla a base de la democracia de que nos habla continuamente ese santo varón que es Roosevelt.
            Los que conocen elementos de derecho constitucional saben que, en el caso, que no es imposible, de que un candidato solicite su elección al pueblo a base de un problema determinado, y, una vez elegido, se vea precisado a substituir ese programa electoral por el programa contrario, ha de recurrir sin subterfugios a uno de los dos medios siguientes para legitimar su actuación: o disuelve las Cámaras para que vengan otra llamadas a legitimar –o rechazar- esas rectificaciones, o acude a una manifestación plebiscitaria de la voluntad de la nación. Mr. Roosevelt aseguró constantemente a sus electores que jamás, y por ningún motivo, un solo hijo de Norte América sería enviado fuera del continente como soldado; que, por lo mismo, no se iba a la guerra. Han sido enviados ya más de 20.000 soldados fuera del continente, la mitad a Europa (Islandia, Groenlandia, Irlanda). Era deber elemental del Presidente norteamericano someter ese cambio a la consulta nacional, para que no apareciese como