1947-2
Índice del Artículo
1947-2
Página 2
Página 3
Página 4
Página 5
Página 6
Página 7
Página 8
Página 9
Página 10
Página 11
Página 12
Página 13
Página 14

La reforma mundial universitaria La SI 16/08/47 p.1-4
El medio diplomático de ganar las guerras La SI 04/10/47 p. 1-7
Reforma total de las leyes sociales en Chile La SI 11/10/47 p.1-3
El eje del problema La SI 15/11/47 p.1

La reforma mundial universitaria La SI 16/08/47 p.1-4
Resumen  de ideas
: sobre la reforma universitaria; la distinción entre instrucción y educación; la Universidad tradicional, que instruía, no educaba y omitía la educación moral; la indebida ingerencia de la política en la Universidad; la diferencia entre la Universidad medieval y la moderna; el significado de "universitas"; la distinción entre Universidades y Escuelas Profesionales y la conveniencia para un país de contar con unas y otras; la esencia nacional de las Universidades

            a) En Argentina el Parlamento acaba de aprobar la reforma universitaria.
            No diremos que ella es ideal, en vista de los nuevos tiempos que corremos. Sin embargo, es más que pasable y tiene muchas cosas buenas, que es necesario para América ver y, en lo que tenga aplicación, adaptar.
            Los males de la educación universitaria argentina eran muchos y medulares.
            Uno de ellos, que no educaba. Instruía bastante bien, y nada más. Lo cual quiere decir cero, para los hombres que miramos al mañana.
            La instrucción, por magnífica que sea, es una cosa nunca accidental, siempre eficaz y notable. Pero, no eficaz para el bien, sino o para el bien o para el mal. Un pillo es tanto más pillo cuanto está más ilustrado. Y modernamente la quiebra económica de las naciones, que tiene varias causas, tiene como principal ésa: que saliendo sin educación los universitarios, pero con instrucción, no excelente, pero regular, hacen servir el acervo científico para la inmoralidad, la injusticia, el redondear para sí una buena talega de ingresos, aunque sea a costa del procomún y del hundimiento de la patria.
            Ahora se ventilan en Estados Unidos unos pleitos que han hecho ver (y solo por casualidad se ha descubierto el robo) que unos industriales (y llevaba la batuta del robo un universitario metido en el
berenjenal) fabricaban en tiempos de guerra; que les daban comisiones a los políticos que les concedían la fabricación; que fabricaban esas armas pésimamente, lo cual ocasionó quien sabe los cientos de muertos; que todavía había trampas en el pago de impuestos al Estado.
            Maravilla que haya ciudadanos que estuviesen dispuestos, por unos miles de dólares, a "ganarlos" a cambio de muertos y tragedias de hogares, además de otros cien atentados a la moralidad. Pero es más extraño que todo ello fuese fraguado por un universitario, que la Universidad cuidó de hacer de él un criminal.
            Roosevelt generalizaba la cosa. Y él también era un egresado de la Universidad. Mantenía a su alrededor a un montón de zánganos. Y, en cambio de su consejo instructivo, les daba a cada uno un montón de pedidos de armas, para que lo diesen al fabricante que les plugiera, o, para hablar en cristiano, para el que diese, pagando el Estado, una mayor comisión.
            Se podría citar, a este respecto, mil ejemplos. El de Hopkins, el de sus hijos, el del candidato derrotado en las penúltimas elecciones rooseveltianas salieron en la prensa, sin que nadie se inquietase en el país, como si estuviesen hechos para el robo y el estraperlo. Otro día llamábamos la atención acerca de si esa moral relativa de Roosevelt, que contaba la mayor parte de amigos como fruto del erario y del chantage. Este caballero, candidato derrotado del partido republicano, vivió, después de la derrota, a costa de los enredos que metía dando fabricación de armas a los talleres que le daba la gana. Hizo un viaje alrededor del mundo que -las cifras se publicaron- le costó unos seiscientos mil dólares. Y esa inmensa fortuna la sacaba de los robos al Estado y de su falta de moral. Porque ellos, el dador de las fabricaciones y el agradecido con esa inmoral coima, eran salidos de una Universidad norteamericana, cuyos directores, si sumaban mucha instrucción -lo suponemos- era para que cada cual la hiciese servir para su personal economía y contra el Estado, es decir, los demás ciudadanos.
            También la familia -los hijos- vivían con cosas semejantes. Uno de los hijos viajaba por todo el mundo como representante de su padre. Esa representación personal era servir de correo para algo que no costaba nada, pues Estados Unidos tenía representación diplomática supercostosa en todas partes.