Guerra 1939 41 01
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Guerra 1939 41 01
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La doble resistencia italiana La SI 04/01/41 p. 10-11
Cayó Bardia. La guerra en África La SI 11/01/41 p. 1-3
Alborea una nueva etapa bélica La SI 11/01/41 p. 3-4
Las dos ramas de la V Columna La SI 11/01/41 p. 5 col. 5 y 7 col. 3
Canadá cede un corredor a Estados Unidos. Canadá se desmiembra La SI 18/01/41 p. 1-3
En guardia contra los “Relatos Auténticos” La SI 25/01/41 12

La doble resistencia italiana
La SI 04/01/41 p. 10-11

 a) Esa Bardia de epopeya es un airón de heroicidad levantado a todos los vientos. Ante esa aldea de acero –de acero humano- bien puede afirmarse  que no se han apagado todavía las cenizas de Roma.
 ¿Cuántas ilusiones se había hecho ese impetuoso Mariscal Wavell, al ver que cedían los ítalos en tierra egipcia y se retiraban francamente, después de actos heroicos, agarrándose a las mismas arenas, traspasando la frontera y reaccionando en ese rincón de playa solitaria, cuyo nombre no habían conocido jamás los hilos telegráficos? Conoce ahora, también, las cumbres de la gloria.
 Hace más de veinte días que oficialmente se daba por caída esa aldea. Para hacer la afirmación creíble, el general Wavell decía  que estaban concitadas contra la ciudad todas sus fuerzas de aire, tierra y mar.  Se afirmaba que 260.000 hombres estaban hostigando a los 64.000 que integran la guarnición italiana. Que todos los rigores imaginables llovían sobre sus soldados heroicos.
 Todo en vano. Bardia debía caer hace tres semanas. No ha caído. Y la famosa guerra relámpago que quería ser un pobre sombra de las gigantescas embestidas alemanas sobre tantos ejércitos reunidos, ha pasado a ser una atortugada ofensiva de la vieja escuela, reducida a un segundo sitio de Troya: un ejército que cerca de una ciudad, todavía sin murallas ni fortificaciones espectaculares, y que se siente detenido una, dos, tres semanas, uno contra cuatro en cuanto a hombres; uno contra cien en cuanto a elementos.
  Bardia ya puede caer. Lo mismo da. Había necesidad de mostrar que el soldado italiano se va tornando duro y resistente y que, cuando la ráfaga arrecia, necesita dos contra uno cuando menos. Ello mostrado está ya.
 Esa resistencia en Bardia ha hecho desmoronar los proyectos de Eden en combinación con los ejércitos polinacionales de la defensa británica. La embestida iba dirigida contra Bengazi, corazón de la Cirenaica. El plan ha quedado tronchado. Wavell debe organizar otro. En ese fracaso han naufragado dos cosas: la manía inglesa de imitar a Alemania y el derrumbe de Italia y del marxismo.
 Hace tres semanas que ni podemos cambiar el mapa. Sería un chiste ultra-cómico hablar de guerra relámpago.
 El general Wavell ha perdido una ocasión extraordinariamente ventajosa. Al ceder las primeras líneas italianas, juzgó mal la resistencia. Sobre ese juzgamiento edificaba un optimismo fuera de ley. Chocaban sus fuerzas mecanizadas contra ese granito que ha resultado ese ejército romano.  Y quedaban melladas. Bardia resistirá o cederá. Lo mismo da ya. La ofensiva no arribó a su objetivo.

 b) Sobre ese episodio líbico se han escrito cosas notables. Han disparatado sobre él los corresponsales a lo largo y a lo ancho. Tenemos a la vista unas hojas que escriben animadamente  quien sabe qué entusiastas incondicionales de uno de los dos bandos, dispuestos a ver la luna convertida en sol si así conviene a su tribu cordial.  Y la osadía –y el escaso sentido común- de ese alegre comentarista llega al extremo de hablar “de la triunfadora y heroica retirada de Noruega”, cuando sesenta mil soldados alemanes echaban al mar, en ataques verdaderamente relámpagos a los ejércitos noruego, británico y francés.
 Se comprenden todos los apasionamientos. Pero habría de haber una ley represora de bromas como esa del que, sabiendo que existe Bardia y sus héroes, nos habla de Andalness y de Trondjeim. Hay extremos que son contrarios a lo que se pretende. Y esas frases tontas dan una pequeña idea de los ejércitos que por manera tan inadecuada y cómica son tan alabados.
 Es comprensible la Vl Columna. No todos pueden amar la verdad  por encima de todos los ideales y todos los apasionamientos. Pero con un límite que no traspase la zona de lo humano, payaseando sobre tragedias respetables.
 Hay en el hombre que se llama moderno, cosas raras, rayanas en la nulidad mental. Arrancan franceses y británicos de Noruega y todos se toman en serio esas retiradas fantásticamente rápidas  y desmoralizadas. Arrancan de arenas ardientes, ante fuerzas