Rusia 41 02 01
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Rusia 41 02 01
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Rusia, polola La SI 01/02/41 p. 6-8

Rusia, polola
La SI 01/02/41 p. 6-8

            Alemania y Rusia acaban de subscribir tres nuevos Tratados. Por uno de ellos, determinan establemente sus fronteras en tierras que fueron polacas, aunque no lo eran racialmente. Por otro, amplían su colaboración económica, en el doble sentido de aprovisionar  Rusia a Alemania de productos naturales y de seguir Alemania armado el aparato industrial para la Rusia de un mañana próximo. Un tercer Tratado elimina definitivamente del mundo internacional esos Estados artificiales liliputienses que, con los nombres de Lituania, Letonia y Estonia, no eran más que avanzadas de la plutocracia occidental imperialista. “Rusia, ha dicho Molotov respecto a esos Tratados, está dispuesta a colaborar con todos aquellos Estados que, no solo no amenazan al Estado ruso, sino que están luchando para derrocar los imperialismo existentes”.
            Tienen estos Tratados un aspecto de importancia más que extraordinaria, tanto respecto de la guerra como respecto de la paz futura. Habrá de ser este último aspecto objeto de un estudio especial en estas columnas. Respecto de la guerra, continúa Rusia, con mayor intensidad cada día, surtiendo a Alemania y a la Europa central de materias primas y alimenticias, guardando las espaldas de Alemania e Italia contra cualesquiera ataques activos o pasivos que pudiesen venir por estos lados.
            Es interesante observar, respecto a esa Rusia que se agiganta cada día más, como la están pololeando todos los grandes Estados de la tierra, cambiando una política de ataque que era tradicional en ellos.
            Era lógico que Rusia fuese el blanco de los países de armazón capitalista. El Vaticano tenía razones espirituales para hacerle frente, tan graves como las tiene para hacer frente a los Estados plutocráticos. Rusia y éstos son ateos, con un franco ateísmo confesado Rusia; con un ateísmo práctico (“corolario esencial del Liberalismo”, Mella) los Estados plutocráticos de base materialista. Más los Estados liberales no alzaban razones espirituales, sino aquellas que tendían a derrocar todo lo que, viniendo de Rusia, representaba un peligroso a las hegemonías materialistas de las minorías económicas mundiales.
            De ahí las guerras con que comenzaba la política franco-británica contra Rusia hacia 1922, que costaban millones de libras a esos erarios; y, posteriormente, una serie de obstáculos puestos constantemente al desarrollo ruso en su mismo espacio vital, deseado por los pueblos coloniales.
            Esa antipatía, no por ser absolutamente lógica, dejaba de ser pueril y torpe. Recordemos, para poner un solo ejemplo, la burdidad con que era tratada Rusia en los peligrosos días precedentes a la guerra actual, cuando Gran Bretaña, desestimando la fuerza de ese pueblo, despreciaba la amistad que se le brindaba desde Moscú para que tomase forma de una alianza. Toda la fuerza intelectual de Litvinoff, que es enorme, fracasaba en ese intento de conciliar a Gran Bretaña con Rusia y Estados Unidos.
            El advenimiento de Molotov y su terriblemente fina labor diplomática hacían caer de burro a esos países plutocráticos. Cuando ya no había remedio, cambian de postura. Y los anteriores desprecios se convierten en constantes y sabrosos halagos, pasando continuamente la mano sebosa por la espalda peluda del oso ruso.
            Sería tema de un libro pintoresco que mostraría la absoluta incapacidad diplomática de los pueblos aliados, ese repentino cambio de postura, trocando el ataque y la insidia por el halago y la loanza, y precisamente en el mismo instante en que la cosa ya no tiene remedio. Rechazaba la amistad en los días de soltería, la trabajaba cuando ya Rusia aparece definitivamente casada con Alemania, después de los Acuerdos conocidos –y de Acuerdos secretos que cualquiera puede oler- que las manos hábiles de la pareja Ribbentrop-Molotov tejían con maestría.
            Gran Bretaña está realizando todo para atraerse a esa Rusia de sus anteriores desdenes. Con un detalle que llamará la atención de los que en el porvenir, historien este punto: que la suprema inhabilidad demostrada al no querer firmar pacto con Rusia años atrás, es ahora superada por esa extrasuprema inhabilidad en requerir de amores a esa terca nación que parece que no ama los divorcios políticos.