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Bibliografía Macedonio Urquidi, José. El Uti possidetis juris y el de facto. Cochabamba.  La SI 03/01/48 p. 9
María de Maeztu  La SI 24/01/48 p.4-5
Arturo E. Xalambrí, bibliófilo, cervantista y balmesiano  La SI 21/07/48 p.5

Bibliografía
Macedonio Urquidi, José. El Uti possidetis juris y el de facto. Cochabamba.
La SI 03/01/48 p. 9

            La Universidad de Cochabamba en la puerta de los Yungas bolivianos, se distingue por su plétora de profesores siempre al ristre y al pie del cañón. A guisa de Universidad moderna, investigan. Y no realidades abstractas o de interés universal, en cuya zona es tan fácil la copia y el reflejo, sino cosas del terruño, desde el momento bolivianas y tantas veces cochabambinas.

            Es ésta una de sus mejores características. Ha caído generalmente la universidad americana en la mediocridad repetidora, a guisa de Liceo o Instituto, desconociendo la senda superior (la suya) de propia investigación y de hurgar la realidad circundante.
            Un libro del Dr. Macedonio viene a continuar esa senda. En él se estudian los derechos de Bolivia al Chaco y se fundamenta el criterio del “Uti possidetis juris” como el único aceptable.
            Desgraciadamente, ese problema boliviano ya no lo es, porque las armas, y la presión internacional, han solucionado la cuestión y no con arreglo a derecho. Estamos en unos tiempos en que, con pretexto de buena vecindad y de paz, se hacen pasar los mayores gazapos y hemos de tragárnoslos no más.
            Eso no impide señalar el libro del profesor de Derecho internacional boliviano y alentar a aquella Universidad en el sentido de continuación por ese camino real de dilucidar las cuestiones con investigación propia y tendencia localista.

María de Maeztu
La SI 24/01/48 p.4-5
(incluimos esta cita en atención a que JBC le dio cabida en las columnas iniciales del semanario, dentro de la crónica que rubricaba con su firma)
Resumen de ideas: sobre la vida y obra de María de Maeztu

            Copiamos de un diario bonaerense:
            "María de Maeztu, fallecida ayer, tuvo innata vocación para la enseñanza. El recuerdo que deja su figura se enlaza, por sobre todo, a la vasta labor que durante largos años desarrolló en la cátedra, a través del libro y del periódico y en otras tribunas desde las cuales ejerció un duradero y fecundo magisterio espiritual. Así la conocimos cuando, veinte años atrás, vino por primera vez al país, procedente de España, su tierra natal, y la misma menuda y movediza silueta que ocupó entonces los estrados más calificados de nuestra ciudad volvió a animar tiempo después y hasta hace poco, con idéntica pasión por la docencia, las aulas universitarias y los centros argentinos de estudio y de intelectualidad. Fue una pedagoga eximia, dueña de vasto saber y sazonada experiencia en las disciplinas a que se consagró, y de similar magnitud fue su modestia. Vivió intensamente sus sesenta y dos años; múltiples actividades vinculadas todas con su profesión de educadora, nos la mostraron siempre en una gozosa plenitud de trabajo, de creación, como fórmula acabada de existencia. Su lozanía mental, su capacidad de labor, se mantenían aún frescas y firmes; pero la vida le resultó corta para lo que proyectaba realizar todavía con el mismo entusiasmo de la juventud.
            María de Maeztu tuvo una sólida formación inicial que la capacitó con amplitud para el desenvolvimiento de sus singulares aptitudes. Bachiller en letras en la península, conoció en sus épocas de estudiante las principales universidades inglesas, principalmente la de Oxford, y de regreso en España siguió los cursos de la Universidad de Salamanca hasta obtener la correspondiente licenciatura. Pasó después a la de Madrid y allí se doctoró en filosofía y letras. Ortega y Gasset, su profesor entonces, justipreció las condiciones de la alumna y la alentó para la prosecución de sus estudios pedagógicos, en los que habría de sobresalir. La doctora Maeztu viajó más tarde a Alemania, poco antes de la primera guerra mundial, para observar los métodos de educación y perfeccionarse en su propia especialidad. En Marzburgo escuchó las lecciones de los profesores Natorp y Cohen, que la orientaron en el estudio del neokantismo; visitó a París y frecuentó la Sorbona; y de vuelta en Madrid comenzó a aplicar las valiosas enseñanzas recogidas en el