Guerra 1939 41 02 22
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Guerra 1939 41 02 22
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Marte en los Balcanes. Otra vez los Balcanes La SI 22/02/41 p. 1-6
Paracaidistas sobre Italia La SI 22/02/41 p. 6-8
Bibliografía Anónimo. Los hechos hablan. Santiago. La SI 22/02/41 p. 12

Marte en los Balcanes. Otra vez los Balcanes
La SI 22/02/41 p. 1-6

            a) La sirena del Enigma canta otra vez a los mortales por los mares mediterráneos.  Era fama que esas lindas y escurridizas mujeres acuáticas, nacidas en el mar para encanto y perdición de los hombres, tenían sus moradas cabe el palacio submarino de Vulcano,  por allá donde los escollos de Scylla y Caribdis reciben de vez en cuando las lavas ardientes del Etna. Y cuando las sirenas cantan  -decía Homero- el claro mar de Frigia se torna mar de la sombra y la duda. Porque la sirena es, no solo Seducción, sino Seducción en el Enigma.
            Ese Mediterráneo, país de las sirenas, por esto ha  sido tantas veces el mar de la Duda.  Y ahora otra vez lo es, especialmente para los que, poco avezados a esas regiones, no saben ver a través de las aguas y a través de los entretelones tras los cuales los hombres del destino forjan –son instrumentos para forjar- los acontecimientos
            ¡Cuántas cosas no han sucedido en estos últimos días en esos Balcanes y sus alrededores que tendrán influencia en la guerra! Conferencia entre Franco y Mussolini en Bordighera, entrevista entre Franco y Petain en la Costa Azul, conversación entre los jefes del Gobierno yugoslavo y Hitler en Austria, firma de la declaración búlgaro-turca de neutralidad. Y allá, lejos, en las amarillas aguas del Pacífico, la flota japonesa proa a Singapore y tropas australianas a Málaca.
            Y esto es la parte visible de los sucesos, siquiera en su periferia. Porque, si esta parte visible está dentro de la duda y del misterio, porque se conocen solo los hechos visibles pero no sus contenidos ¿qué duda no suscitarán otra reuniones misteriosas que han tenido lugar entre las dos Francias, las habidas entre el duque de Alba y Churchill en Londres, las sostenidas entre dos prelados españoles  en Roma y el cardenal secretario de Estado, la misteriosa desaparición simultánea de tres príncipes balcánicos . de sus lugares habituales: el regente de Yugoslavia príncipe Pablo, el rey Boris de Bulgaria y el hermano germanófilo del rey Boris de Bulgaria de cuyo nombre no puedo recordarme ahora?
            El mundo está en marcha. Es en vano que haya quien intente empujar la barca de los acontecimientos contra la corriente que determina el Dedo del destino. Los Reinos y las Repúblicas, los Imperios y los sistemas no están excluidos de la sentencia que los lleva de la cuna al sepulcro. El “nuestras vidas son los ríos”, con que el poeta nos quería poner a la vista lo efímero de lo más substancial en el mundo, el hombre, no excluye las relatividades como organismos en devenir constante. Y ahora hay muchas cosas que están derrumbándose y muchas otras que surgen de sus cenizas, el tiempo en arremolinador cambio de dirección.
            Esa esquina que estamos doblando está íntimamente ligada con esos Balcanes y como por arte de una buena hada. Porque nadie negará que han sido esos pueblos balcánicos –desde que la mano gruesa de las grandes potencias se ha metido en sus cosas- centro caótico de huracanes arruinadores. Decir Balcanes era nombrar al diablo internacional. Y la palabra “balcanizar” se erguía, orgullosamente sobre las columnas del diccionario como delatadora de un estado inferior en el cual razas primevas se rompían mutuamente el espinazo por meras tonteras.
            Ciertos que esos pueblos eran las víctimas y no los actores. Cuando más, actores autómatas. Porque los verdaderos actores y Maeses Pedros  que tiraban de los hilos  eran las grandes cancillerías, ansiosas de potencia, manchadas de sangre humana, inescrupulosas y farsantes, que caían sobre esos nobles y sanos pueblos y pegaban fuego por el lado que más les convenía. Y así es como esa inocente tierra balcánica ha gemido de dolor durante cien años largos, constantemente rugiendo la tempestad sobre sus granjas organizadas para la paz.
            Y he ahí ahora otra cosa rara. Teniendo lugar en esos Balcanes algo que tira a justicia, a paz definitiva y a hermandad, es nada menos iniciativa –todo ello- de una gran potencia. Es decir: que, mientras los Maquiavelos de las cancillerías más nombradas se entretenían metiendo fuego entre esos pueblos, es ahora una potencia grande la que está moviendo algo que parece tirar hacia el lado contrario: la justicia y la paz. Porque el lector hallará un buen hilo para sacar consecuencias justas en medio de la espesa bruma de los acontecimientos si, al analizarlos, tiene en cuenta un hombre que merece un destacamiento extraordinario en el actual mundo internacional: el barón de Ribbentropp