Guerra 1939 41 05 31
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La gesta de Creta. La guerra en Creta La SI 31/05/41 p. 1-5
Croacia e Islandia independientes La SI 31/05/41 p. 5-6
Mr. Roosevelt habla nuevamente  La SI 31/05/41 p. 6-7 (ver en Estados Unidos)
La guerra en Abisinia La marcha de la guerra La SI 31/05/41 p. 7-8

La gesta de Creta. La guerra en Creta
La SI 31/05/41 p. 1-5

 a) La hazaña alemana de invadir Creta a base de paracaidistas, y en buena parte a base de deslizadores sin motor, nos lleva a los viejos tiempos heroicos, cuando comenzaba a alborear el sol sobre una Europa salvaje, cuyo sur estaba habitado por razas aún ahora desconocidas. La arqueología europea y oriental ha dado, durante los últimos cien años, pasos de gigante. A medida que nuevas cosas han sido conocidas y desenterradas, han aparecido a los ojos del sabio nuevos problemas a investigar, puestos sobre la mesa precisamente por los descubrimientos hechos. De este modo, al ensancharse el campo de las cosas conocidas, queda mucho más ensanchado el de las cosas desconocidas, cuya explicación en vano buscan los hombres bajo estratos desenterrados de los suelos que fueron pisados por plantas humanas desde los más remotos tiempos.
La invasión de Creta por el aire nos saca el polvo de la memoria de tantas cosas olvidadas, que constituyen, sin embargo, nada menos que nuestros orígenes o parentescos ancestrales. Esos impávidos deslizadores, que han caído ahora del cielo sobre el monte Ida, han tocado nada menos que el monte donde había nacido Zeus, el padre de los dioses clásicos, que llegaba después a Grecia en quien sabe qué divina canoa desde el misterioso sur, donde levantaba cabeza sobre el mar la Creta famosa. Esos combates a morir que tienen lugar, desde hace ocho días, en el lugar de la estrellita en el mapa 1, están rociando con sangre del siglo XX, las ruinas portentosas de Cnossos, uno de los más maravillosos núcleos de la civilización ancestral anterior a Grecia. Y ya era hora que la atención del mundo, ni que fuera a costa de sangre, girase la vista otra vez hacia la isla del Misterio, a la cual quería llegar en vano Ícaro desde Icaria, caballero aéreo con alas de cera, y a la cual han podido llegar ahora realmente miles de ícaros modernos con alas poco más consistentes que las del fabulosos aviador de los días prehistóricos.  
Creta constituye, en la historia de la civilización, algo más importante que la Grecia misma. Y aún podría añadirse –aunque nada nos digan de ello en las amaneradas historias  que nos meten dentro de la cabeza en los días mozos- que esta isla, hoy tan en los labios de todos, fue la civilizadora de la Grecia, a sus pechos amamantándose, no solo los artistas helénicos, para simplemente imitar, sino los políticos y legisladores, que se limitaron a copiar en los remotos días aurorales la sabia legislación del cretense rey Minos.
Por mucha que se quiera remota la civilización inicial helénica, puede afirmarse que la civilización de Creta la precedía en un milenio cuando menos. Cuando Grecia, en sus mocedades bárbaras, se lanzaba al Asia Menor para aniquilar a los troyanos, sus enemigos naturales, Creta estaba viviendo una civilización tan avanzada, que aún la del Egipto era poca cosa a su lado. Disfrutaba la isla de una escritura todavía no descifrada, descubierta en notables obras halladas. Vasos de arte perfecto se han encontrado en toda la isla con profusión rara y con una delicadez de confección insuperable. En algunos, saliéndose de la ornamentación geométrica, llevada a las alturas de una simplicidad pasmosa, se hallan esculturados o pintados actos de la vida de aquellos cretenses avanzados que, en expresión de Delmann, no han sido superados hasta ahora ni en la moderna pintura
 Aquí, donde ahora hay posiblemente un centenar de aviadores que afilan sus uñas para la pelea,  sentados en pequeño y silencioso conciliábulo, se alzaba la sala del trono de Minos rey, desde la cual, rodeado de preciosas pinturas y esculturas, dictaba leyes sobre su imperio, que se extendía más allá de la isla, sobre las innumerables islas del Egeo, sobre el Peloponeso griego y aún sobre gran parte de Sicilia. Y aquí la historia de de la deslealtad de Parsifae, Aquí los enredos de Ariadna. Aquí el Minotauro legendario, que se tragaba cada año siete mancebos y siete lindas doncellas griegas. Aquí el laberinto de cuya entraña científica no han salido todavía los numerosos arqueólogos expertos en cosas de Creta.
 Siglos después, los helenos pasaron de conquistados a conquistadores; e, invadiendo Creta, aplastaban a la vieja raza que los había adoctrinado. Desde entonces, sobre las ruinas maravillosas de la civilización minoica, se alza la griega, más con menos intensidad que antes. y así, siglo tras siglo, la isla fue cayendo en el olvido. Los turcos se apoderaron de ella allá por el siglo XV poseyéndola hasta el siglo pasado, a través del cual los cretenses, ya helenos,