Democracia Cristiana
Índice del Artículo
Democracia Cristiana
Página 2
Página 3
Página 4
Página 5
Página 6
Página 7
Florilegio del ideario de Bardina: Democracia Cristiana


a. Democracia Cristiana en la perspectiva de Bardina: opuesta a parlamentarismo y sufragio individual
“El miedo irracional a la Democracia Cristiana” en La Unión, 26/09/24
b. Democracia Cristiana en la perspectiva de Bardina: menos palabras y más cristianismo
“Palabras lapidarias de Gil Robles. Menos palabras y más cristianismo” en La SI 25/01/36 p.6
c. Democracia Cristiana en la perspectiva de Bardina: en la Europa de su tiempo
“Los triunfos demócrata cristianos en Europa” en La SI 23/03/46 p. 5
d. Democracia Cristiana en la perspectiva de Bardina: teoría y práctica
“Cosas de Italia: ¿Palabras puras o régimen cristiano?” en  La SI 29/05/48 p. 4



a. Democracia Cristiana: en la perspectiva de Bardina (opuesta a parlamentarismo y sufragio individual)
                            l
    En crisis completa el sistema parlamentario en todos los países, los pueblos andan en busca de algo que lo substituya, los políticos de buena fe discuten reformas y los sabios de todas las naciones están examinando sistemas ya ensayados y otros posibles para dar con una solución adecuada, que no tiene espera.
    Quien -desde muchos años atrás- haya seguido las distintas manifestaciones de esa inquietud universal; quien haya meditado sobre libros y revistas, leyendo en las entrelíneas cosas que no se quieren decir, pero que se escapan de la pluma; quien, sobre todo, haya hablado amigablemente con personalidades de éste o de aquel país     -porque nos referimos a un problema universal-, habrá notado en el momento una rara cosa: que, en el fondo de no pocas opiniones late una doble contradicción, harto más trágica cuanto que es leal y sinceramente sentida.
    La doble contradicción es ésta:
    numerosas personalidades, y aun partidos enteros, que se llaman partidarios de la democracia, tiemblan al solo anuncio de que va a imponerse una democracia limpia y verdadera;
    cantidad de personalidades católicas, y aun partidos católicos en masa, viven muy avenidos con los sistemas no católicos de parlamentarismo y sufragio individualista, y tiemblan al pensar en que puedan implantarse los principios políticos del catolicismo que se llaman representación por clases y familias y voto libre de los ciudadanos.
    Esta doble contradicción, que es un hecho general a todo el mundo, se palpa igualmente en Chile. Son numerosas las personalidades católicas, y aun los organismos políticos católicos, que se confiesan amigos de la democracia y netamente cristianos; y, sin embargo, que transpiran miedo invencible al solo anuncio de la implantación de los sistemas políticos cristianos, mediante los cuales el voto popular   -la democracia- se manifiesta limpiamente.
    Tratándose de contradicciones flagrantes, los miedosos no pueden manifestar abiertamente las causas de su poca devoción a los principios democráticos y a las bases cristianas de la política. Pero, atando cabos, ideas y palabras, puede fácilmente reconstituirse el pensamiento interior -el miedo invencible- de esas personas y partidos. Piensan de este modo:
    "La democracia es un absurdo. Esperar nada sano del voto popular (y ponen de ello, en su espíritu, ejemplos numerosos) es candidez digna de insensatos. Nos llamamos amigos de la democracia, por necesidades estratégicas: no vamos a proclamar nuestro pensamiento ante el pueblo votante. Pero no tenemos fe ninguna en el voto popular, necesariamente errado.