Francia
Índice del Artículo
Francia
Página 2
Página 3
Página 4
Página 5
Página 6
Página 7
Página 8
Página 9
Página 10
Florilegio del ideario de Bardina: Francia


a. Francia: la Revolución francesa
    14 de Julio. Sentido de eficacia de la Revolución Francesa La SI 15/07/39 p. 1-2
b. Francia: en el siglo XX
El Tratado de Versalles está agonizando.  Las cuatro crisis del actual momento francés. El frente ex aliado está roto. El abortado convenio militar franco-español. La Liga de Naciones sobre la mesa de discusión La SI 04/12/33 p. 3
    La Francia ante un nuevo 14 de Julio La SI 17/0/737 p.1
c. Francia: guerra 1939: derrota
    El derrumbe La SI 22/06/40 p. 1-11
d. Francia: Petain
    Francia y la Wall Street parisina La SI 16/11/40 p. 8
    Petain acierta La SI 19/07/41 p. 7-8
e. Francia: Degaulle
    Gran Bretaña invade Siria francesa en La SI 14/06/41 p. 4 col. 4  
    La traición en Francia. Traidores a Francia  La SI 23/08/41 p. 5-6 en Francia



a. Francia: la Revolución francesa
                        l                        
    Se han escrito sobre la Revolución Francesa, millares de libros, profundos algunos, apasionados todos. Es un hecho que hizo vibrar los nervios de los escritores, y, según el plano en que vegetaban, engarzaban elogios apasionadísimos sobre el movimiento, o hacían vibrar los mejores rayos de sus iras contra él.
    El fenómeno es explicable. Se trataba de uno de los fenómenos político-sociales más graves de la historia, mucho más trascendente de lo que pensaban sus mismos actores. Hizo temblar docenas de tronos y de intereses creados. Tocó a lo más sagrado: la vida de los ciudadanos, la doctrina de la Iglesia, el orden social.  Hundía sus raíces en las capas más hondas del subsuelo espiritual.
    Además, había nacido entre apasionamientos. Se había desarrollado entre tragedias. Había pinchado el sentimiento de todos. Así, a la trascendencia doctrinal se unía la virulencia pasional. Y los escritores, del brazo sus principios con sus pasiones, transmitieron sus hirvientes opiniones a las páginas candentes de sus libros.
    Así surgían volúmenes de puro elogio, en que la Revolución era comparada en influencia a la aparición del cristianismo. Y surgían otros libros que, publicando las listas ensangrentadas de 200.000 asesinados, creían haber agotado toda la crítica con los relatos trágicos de los crímenes revolucionarios.
    Más, los años han transcurrido, apagando pasiones, clareando las aguas turbias del sentimiento, frenan elogios inmoderados, templando críticas que se salían de lo justo. Y, al fin, han podido aparecer libros –como el de un religioso francés, cuyo nombre no tenemos a mano ni en la memoria- que han sabido hundir en la complejidad de aquel movimiento una pluma imparcial,  loando aquí, condenando allá y diciendo siempre, como conclusión final, una palabra justa.
    Quisiéramos contribuir a ese juicio sereno de aquella Revolución con una sola idea, que intentaremos explicar aquí sumariamente. Es ésta: la Revolución Francesa –no como obra de hombres, sino como movimientos instintivo humano- tuvo el carácter de una reacción violenta hacia los ideales político-sociales del cristianismo”.
                        2
    Los librepensadores mundiales, los mismos revolucionarios que tomaron parte en la gran tragedia revolucionaria, tenían de sus finalidades una idea harto equivocada. Solían decir entonces, suelen repetir ahora los calcadores de idea viejas: “hay que acabar con el despotismo, las ideas, las instituciones de la Edad Media y del Cristianismo”.