Sociedad
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Florilegio del ideario de Bardina: Sociedad

a. Sociedad o Liga de Naciones.  Su razón de ser
En La SI 09/10/33 p.7
b. Sociedad de Naciones  La hora de lo internacional siglo XX
En La SI 09/10/33 p.7
c. Sociedad de Naciones 1919
    El cadáver insepulto de Ginebra en  La SI 18/12/37 p. 1 col. 1
d. El Tratado de Versalles
Los búlgaros se suman al Eje en La SI 08/03/41 p. 1-5
Croacia adhiere al Pacto Tripartito. Croacia y Turquía firman en La SI 21/06/41 p. 7 col. 4-5
e. El Cuarto Estado siglo XX
El advenimiento al poder del “Cuarto Estado”  en La SI 24/01/48 p. 1-4




a. Sociedad o Liga de Naciones Su razón de ser.
    Está reunida en Ginebra, en estos instantes, la XlV Asamblea de la Sociedad de Naciones. Y estimamos interesante para nuestros lectores resumir en una serie de artículos comprensivos la vida, desarrollo y proyecciones de esa entidad internacional sobre el futuro.
    Hasta hace dos o tres años se hablaba continuamente, en diarios, revistas y conferencias, de la Liga de Naciones. Ahora, por causas que vamos a indicar más adelante, la prensa habla poco de ella; y como una rara atmósfera de silencio se ha acumulado a su alrededor. Es ahora, por lo mismo, cuando más interesante puede ser dar una noticia concreta y un juicio desapasionado sobre la institución ginebrina.

1. Su razón de ser.
    En el mundo de las utopías, tan extenso como pintoresco, hay dos que tienen relación estrecha con la Sociedad de Naciones: el Anarquismo y el Neo-nacionalismo.
    a) El anarquismo científico sostiene una teoría que, cuando menos, está reñida con los hechos actuales: actuales y de siempre. El anarquista no quiere gobiernos, códigos, ni leyes. El hombre, para él, es susceptible de tal perfección que puede muy bien pasarse sin disposiciones legales y sin autoridades que se las haga cumplir. Cada cual debe de tal modo ser fiel a su deber y a lo que "debe ser", que no ha de haber necesidad de coacciones legales ni personales para forzarle a llenar perfectamente su rol social y humano. Leyes y autoridades son inútiles. A-n-arquía, es decir, no gobiernos.
    Estamos en el terreno de la novela, donde cada cual es dueño de fingir un mundo a su especial gusto. De este modo Platón fingió su ciudad ideal comunista; los milenarios cristianos sostenían que Cristo es suficiente para que la paz sea un hecho; y el mismo Cervantes hacía delirar a Don Quijote con ensoñaciones anarco-comunistas.
    Pero, los hechos tiran claramente por el otro lado. Los hechos nos imponen, no sólo de transgresiones continuadas al deber, sino de la existencia de dos leyes íntimas, contra cuya realidad nada podemos hacer, que van derechas contra aquella perfección que el anarquismo supone. La ley de la libre determinación, que anida dentro de nosotros. La ley del progreso, que nos impele avanzar siempre, y, por lo mismo, a faltar y caer continuamente, sin lo cual no hay avance posible.
    Siempre habrá de haber, en la realidad vivida, leyes e instituciones que las hagan cumplir.