diplomáticas 42 01 a 03
Índice del Artículo
diplomáticas 42 01 a 03
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El secreto diplomático 1X La SI 03/01/42 p. 10
Rotación diplomática
No es aceptable
El secreto diplomático X La SI 10/01/42 p. 14
Contra derecho
Persia se defiende
El secreto diplomático X1 La SI 24/01/42 p. 10
El secreto diplomático X11 La SI 31/01/42 p. 10
El secreto diplomático X111 La SI 07/02/42 p. 10
El secreto diplomático X1V La SI 14/02/42 p. 10
El secreto diplomático XV La SI 21/02/42 p. 10
El secreto diplomático XV1 La SI 28/02/42 p. 10
El secreto diplomático XV11 La SI 07/03/42 p. 10
El secreto diplomático XV111 La SI 14/03/42 p. 10
El secreto diplomático X1X La SI 21/03/42 p. 13
El secreto diplomático XX La SI 28/03/42 p. 1



Diplomáticas
El secreto diplomático 1X
La SI 03/01/42 p. 10


    Hay que insistir en la observación del párrafo anterior, porque, no sólo entraña gravedad suma, sino que ahí radica una de las farsas más a la vista de los regímenes que se llaman a sí mismos democráticos.
Ni aún los más partidarios del secretismo diplomático podrían llegar al extremo de acordar una persona –o un grupo de media docena de personas- gravísimos compromisos internacionales, sin que se enterase nadie más que ese grupito, que se colocaría, por el hecho mismo de hacerlo,  en el extremo más grave de la dictadura.
Sin embargo, no solo hay países –no: hay Gobiernos; tampoco: hay grupitos dentro de un Gobierno o régimen determinado- que han caminado por rutas tan despóticas, sino que precisamente se ha realizado esto por parte de los Gobiernos o regímenes que quieren pasar por ultrademocráticos.
Por estas columnas han desfilado dos hechos que rememoraremos otra vez, porque su misma gravedad lo aconseja. Nos referimos a actos recentísimos que afectan a Gran Bretaña y a Francia.
Hemos explicado cómo, en la pasada guerra mundial, unos pocos caballeros británicos celebraban un Pacto de Alianza con Francia sin consultar al parlamento y sin que siquiera estuviesen enterados de ello los diputados de la Comisión de Relaciones, y ni aún los ministros que eran parte del Gobierno.
Más reciente todavía: se sabe ahora perfectamente que, cuando Gran Bretaña declaraba la guerra a Alemania, en virtud de acuerdos tomados por el Gobierno francés sin que tuvieran noticia de ello diputados ni senadores, Francia estaba obligada a seguir a Gran Bretaña. Y como resistiese el Gobierno a dar cumplimiento a ese Pacto, Mr. Bullit, el embajador norteamericano, le forzó a cumplir la palabra dada.
Es el secretismo más extremado que pueda darse. Y sobre problema tan grave como una guerra que arrojó a Francia al abismo. Realizadores de ese sincretismo inmoral, los dos gobiernos que continuamente nos hablan de democracia: Gran Bretaña y la Francia de los “affaires” anterior al desastre.

Rotación diplomática

    Argentina, continuando algunos ensayos tímidos de otros países, ha establecido firmemente una rotación de diplomáticos que se van sucediendo en los distintos países, reemplazándose mutuamente.
    En la historia del fracaso de la diplomacia de la mitad del siglo que corremos –continuación del fracaso del siglo pasado- hay múltiples causas, dos de las cuales -desde luego, no las mayores-  van siendo consideradas actualmente por varios gobiernos: uno, el casamiento de diplomáticos con mujeres extranjeras; otro, la larga residencia de un diplomático en un mismo país, que convierte a los representantes en tibios defensores de los intereses de los países que representan.
    La historia de la diplomacia de largas residencias en un mismo país nos mostraría hechos muchas veces beneficiosos, pero muchas veces lamentables. ¿No ha habido diplomáticos que han realizado, en realidad, más bien labor contra su mismo país que favorable a los intereses que representaban?
    Argentina ha iniciado este año la rotativa diplomática, siendo en estos instantes reemplazados mutuamente los Embajadores en Lima y Montevideo. El Dr. Levillier pasa a Lima y el Dr. Quintana a Montevideo.

No es aceptable
    Gran Bretaña ha establecido durante esta guerra, un procedimiento que ni las costumbres diplomáticas ni el derecho internacional pueden aceptar. Nos referimos a haber obligado a los países que democráticamente están bajo de férrea férula a limitar los derechos  de los diplomáticos que representan países que están en paz con el de su residencia. Por el ejemplo: