diplomáticas 42 07 09
Índice del Artículo
diplomáticas 42 07 09
Página 2
Página 3
Página 4
Página 5
Página 6
Página 7
Página 8
Página 9
Diplomáticas  Petrificación del Derecho Internacional X1 La SI 04/07/42 p. 10
Diplomáticas  Petrificación del Derecho Internacional X11  La SI 11/07/42 p. 10
Diplomáticas  Petrificación del Derecho Internacional X111 La SI 18/07/42 p. 10
Diplomáticas  Petrificación del Derecho Internacional X1V La SI 25/07/42 p. 13
Las cláusulas secretas La SI 25/07/42 p. 13
Diplomáticas  Petrificación del Derecho Internacional XV La SI 01/08/42 p. 13
Diplomáticas  Petrificación del Derecho Internacional XV1 La SI 08/08/42 p. 10
Contra derecho La SI 08/08/42 p. 10  
El Japón y la Santa Sede La SI 08/08/42 p. 10
Diplomáticas Petrificación del Derecho Internacional XV11 La SI 15/08/42 p. 10
Diplomáticas Petrificación del Derecho Internacional XV111 La SI 22/08/42 p. 10
Diplomáticas Petrificación del Derecho Internacional X1X La SI 29/08/42 p. 10
Diplomáticas Petrificación del Derecho Internacional XX La SI 05/09/42 p. 8
En Suecia neutral La SI 05/09/42 p. 8
Los reyes que vuelven La SI 05/09/42 p. 8
Diplomáticas Petrificación del Derecho Internacional XX1 La SI 12/09/42 p. 10
Campos de Concentración La SI 12/09/42 p. 10
Diplomáticas Petrificación del Derecho Internacional XX11 La SI 19/09/42 p. 10
Diplomáticas Petrificación del Derecho Internacional XX111 La SI 26/09/42 p. 10


Diplomáticas
Petrificación del Derecho Internacional X1
La SI 04/07/42 p. 10


    Los acontecimientos que día a día vienen sucediéndose alargan cada vez más la lista de los nuevos problemas internacionales planteados por los nuevos métodos bélicos y las costumbres internacionales. Un telegrama de estos días nos enteraba, por ejemplo, de la orden de un jefe de brigada británica en África en que mandaba que se tuviese a los prisioneros –soldados y oficiales- sin comer, beber ni dormir hasta que se les hubiese puesto en interrogación con el fin –decía cínicamente- de poder hacerlo en el estado anormal de un infralimentado y carente de sueño.
    Ordenes de esta clase –que el Gobierno británico debía haber castigado con destitución y cárcel inmediatamente- habrían de quedar, bajo todos los aspectos, dentro de la competencia de un organismo internacional. Cierto que algo hay acordado sobre la materia. No basta. La Cruz Roja, por ejemplo, debería ser integrada por un Tribunal de Hombres Buenos dentro de cuya esfera quedasen comprendidos cualesquiera, militares o civiles, que actuasen anormalmente dentro de la zona de los prisioneros y sus alrededores.
    La razón salta a la vista. No se trata de algo nacional, sino supernacional, con lo cual quedan afectados intereses de varios países. Se trata, ya dentro de esa zona internacional, de algo eminentemente inhumano y salvaje: condicionar declaraciones con hambre y falta de dormir.
    En la abundante bibliografía concerniente a la vida de Napoleón, falta un volumen que se titularía así: “De las crueldades de que se valía el Emperador para lograr lo que se proponía”. Veríamos, al lado de la figura gloriosa del general, una figura siniestra repelente, que también es del general. De no ser así, presentando un personaje, la historia es una solemne mentira.  Y en aquel volumen colocaríamos en una página preferente el suplicio a que sometió ese salvaje coronado al general español Álvarez, que le había frustrado todos sus planes sobre la rendición de Gerona: lo condenaba a muerte por el suplicio de no beber ni dormir, pinchándole un soldado con la bayoneta cuando cerraba los ojos…
    Hay que hacer intervenir el Derecho de Gentes en esas crueldades, que la humanidad no debe tolerar ya más, respecto a prisioneros. Y encargar la sanción –porque debe haberla, inmediata y dura- a un organismo supernacional que aplique las medidas a sea quien sea.
    ¿Qué país podría negarse a una colaboración humanitaria sobre el trato de prisioneros?


Diplomáticas
Petrificación del Derecho Internacional X11
La SI 11/07/42 p. 10


    El Derecho Internacional nuevo es necesario que nos hable muy concretamente de “los cielos territoriales”, si la frase no se tiene por contradictoria.
    La irrupción del avión sobre la técnica de la guerra, llegando a tener, según algunos, el papel decisivo en los modernos combates, ha sido tan rápido,  que la escasa doctrina internacional sobre esa arma es, no solo insuficiente, sino absolutamente anticuada. Porque la petrificación no es cosa que se mida por los años, sino por la rapidez con que cambian las circunstancias.
    Sabido es que la teoría -y el hecho- de las aguas territoriales se basa en una determinada faja de mar a través de la cual la artillería enemiga no puede atacar la costa eficazmente. Si miramos el problema del “aire nacional” bajo este mismo punto de vista, las circunstancias son distintas: desde cualquier altura de él puede atacarse el suelo, por lo mismo que se trata pura y simplemente de dejar caer proyectiles, y de que, cuanta más sea la altura desde la cual son disparados, peores son los efectos sobre las poblaciones contra los cuales son disparados.
    Sin embargo, hablan los técnicos de cierta ineficacia en dar contra los objetivos a medida que aumenta la altura desde la cual los aviones descargan sus proyectiles. En este caso