La SI 42 01 24
Índice del Artículo
La SI 42 01 24
Página 2
Página 3
Página 4
Página 5
Chile y Argentina se cuadran La SI 24/01/42 p. 5-7
Chile y Argentina se cuadran
La SI 24/01/42 p. 5-7


    a) Escribimos estas notas en instantes en que, desorientado el mundo por unas agencias interesadas en esa desinformación, a las órdenes del Gobierno norteamericano, todo parece contradictorio en la Conferencia y aún los más claros acontecimientos se nos presentan enturbiados.
    El punto más abusivo de ese noticierismo desorientador ha consistido en la invención de una Conferencia telefónica entre el Presidente brasilero y el Presidente argentino. Pelos y señales a la vista. La conferencia habría durado tantos minutos. Habríanse tratado tales y tales asuntos. Los resultados habrían sido satisfactorios…Todo farsa. El jefe del Gobierno argentino ha declarado que no ha hablado por teléfono una sola palabra con Río. Invento de las agencias a las órdenes de Gobierno extranjero, interesadas en enredar la madeja,  y que ni siquiera han rectificado el infundio.
    Salgámonos de esa madeja. ¿Qué está pasando en Río? Sería largo agotar la materia, tantos como son los asuntos y problemas. Venimos preparando el ambiente desde atrás. Detengámonos solamente en algunos puntos capitales tratados.
    
    b) Ante todo, el carácter netamente antidemocrático que ha intentado dar a la reunión  la Delegación norteamericana y sus protegidos del Caribe. Tres pruebas solamente, pero de primera fuerza.  
    1º La proposición norteamericana de dictadura total sobre las radios y agencias extranjeras que no estén sometidas a los gobiernos británico o norteamericano
    Durante la otra guerra mundial, una de las armas más poderosas para loa aliados fue la inexistencia de la radio como sistema comunicador, todo dependiendo de los cables submarinos en manos aliadas. Las cosas que no convenían al bando aliado el mundo las ignoraba. Las mentiras que convenía hacer circular, circulaban sin un desmentís serio. Las patrañas más absurdas salían de las oficinas de tergiversación de Londres para embaucar al mundo. Se ha publicado en los últimos veinte años la historia de esos embaucamientos, con todos sus trucos, pelos y señales; y uno no sabe qué cosa admirar más: si el burdo proceder de los embaucadores o la mansa receptividad corderil de un mundo que se llama democrático e inteligente.
    Otra cosa ha sido ahora. La radio no está sujeta a la tiranía de la plutocracia de habla inglesa. Sabemos lo que acontece. Por ejemplo ahora, cuando la U. P. anuncia que están los australianos atacando terriblemente, sabemos que están cercados y diezmados; cuando nos hablan del poderío aliado de los mares, sabemos el Pacífico dominado por el Japón; cuando nos dice Knox que la escuadra norteamericana es la más poderosa de la tierra, sabemos que no sale de sus ratoneras. Cuando nos hacen caer siete veces Mojaisk, sabemos que Mojaisk está firme; y así del resto.
    Las democracias –las tiranías que se llaman democracias- están locas con ese saberse la verdad y esa batida que a sus agencias dan otras agencias.  Son democráticos, quieren, por lo mismo, cerrar la boca a los de enfrente. Son liberales, y no toleran, por lo mismo, la competencia.
    El proyecto presentado por el democrático Mr. Summer Wells es la mordaza total y absoluta. Los que no piensan como los escasamente pensadores de la Wall Street no tienen derecho a hablar. Los gobiernos americanos prohibirían toda comunicación que no fuese la amañada por las agencias a las órdenes de EE. UU.
    Cualquiera diría que, en señal de democracia y liberalidad, Estados Unidos proponía en América libertad absoluta de noticias, y aún nosotros añadiríamos la suspensión temporal de toda agencia que se demuestre ha inventado un infundio. Mr. Summer Wells no entiende. Quiere ser democrático del todo, afirmando la mordaza sobre millones de hombres libres. Una mordaza que solo en la Rusia de los años más terribles tendría un antecedente; una mordaza ante la cual la fiscalización totalitaria es libertad y democracia.
    Estos pueblos no tolerarán tal desmán. Rechazamos la mordaza. Aunque lo aceptasen los países americanos de civilización menos avanzada. Toleraríamos un contraste de noticias y