Guerra 1939 42 02 07
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Guerra 1939 42 02 07
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Sitio de Gibraltar Oriental. La guerra en el Oriente La SI 07/02/42 p. 1-6
Las cosas raras del África. El Eje va conquistando Cirenaica. La SI 07/02/42 p. 6-7
Cuatro discursos La SI 07/02/42 p. 8
Sitio de Gibraltar Oriental. La Guerra en el Oriente
La SI 07/02/42 p. 1-6
 a) Málaca ha caído totalmente. Los nipones están en el estrecho –estrechísimo- que separa la península de la fortaleza e isla de Singapore, el bastión mejor fortificado del mundo, cimiento número 1 del Imperio Británico. Estamos, pues, ante una admirable obra realizada y en expectativa de notables cosas ante esa Línea Maginot del Asia imperial.
 La obra realizada por los japoneses en Málaca es tan notable, que podemos asegurar que abre un capítulo nuevo en la historia militar. Hasta aquí, todas las grandes batallas, todas las interesantes campañas, habían tenido lugar en países de tierras agrícolamente domeñadas y totalmente –en más o en menos- civilizadas. También en climas de ambiente europeo, es decir, de zona templada.
 Dos años atrás, por obra de rusos, fineses y germanos, tenían lugar las primeras luchas científicas en suelos helados. La campaña de Rusia contra Finlandia tendrá su lugar en la historia, no solo porque fue realizada según plan científico, sino también porque era la vez  primera en que medios modernos de combate eran empleados a fondo en tierras nevadas y a varios grados bajo cero. Y ahora, por virtud del Japón, han tenido lugar en esa Málaca pintoresca los primeros ensayos –que han dejado de serlo, porque se trata de algo perfecto- en suelos tropicales, en yunglas cerradas y en calores que convierten el terreno en hirviente criadero de toda clase de putrefacciones e insalubridades.
 Hasta aquí no había tenido lugar lucha científica alguna en las zonas tropicales. Las conquista imperialistas británicas, que han puesto en sus manos millonadas de kilómetros cuadrados de tierras cálidas y yunglas, no fueron obtenidas a base de batallas verdaderas. Se ha tratado siempre (India, Málaca, África central, etc.) de avances de fuerzas armadas europeas sin enemigos a cuales combatir, porque se trataba de tribus primitivas, sin caudillos ilustrados, sin principios guerreros reducidos a ciencia, sin armas modernas. Y todavía los invasores no sujetándose a regla alguna moral y menos científica, aplastando como les daba la gana a las infelices multitudes “nativas” de esas yunglas, para explotarlas económica y políticamente.
 (De ahí ha venido un error de apreciación que ha sumido a Gran Bretaña en tantas derrotas durante esta guerra, y que ha sido una de las causas del derrumbe militar de Francia. En esos dos países se hacía gran caudal del “oficial colonial” como si las luchas armadas en las colonias yunglares pudiesen ser escuela de guerra. Podían ser causa de fortaleza corporal, pero no de guerra científica, porque no había tal guerra, desde que faltaba uno de los dos bandos forzosamente necesarios para una pelea. Se trataba de fuerza bruta que aplastaba a multitudes desarmadas científicamente. Ese “oficial colonial” que pasaba por ser el mejor, estaba indefenso ante una verdadera guerra en que se enfrentase con un enemigo igualmente armado y civilizado como él. De ahí el fracaso del Estado Mayor francés (una de las varias causas), que procedía del África y la Indochina. De ahí el fracaso de los Auchinleck, los Dill, los Wavell, los Gorth, los Cunningham. Conocían la guerra (que no es guerra, sino batida) en las Colonias contra multitudes desnudas de cuerpo y alma. No han sabido hacer nada y han quedado incapaces ante un enemigo científico, civilizado y con armas iguales a las suyas).
 La primera guerra en yungla que registrará la historia militar es esta de Málaca. De ahí su importancia para la técnica militar. En plena revolución esa técnica actualmente, ahí tenemos una de las más interesantes novedades.
 Las causas de los constantes triunfos nipones en Málaca son muchas. Hemos anotado lo anterior, para que no se pierda de vista una de ellas: el encontrarse los nipones preparados para una guerra científica, mientras que sus enemigos (británicos, australianos, holandeses) no disponían más que de una oficialidad avezada a imponerse a indios sin contrincante, hallándose ahora fuera del único terreno que les era conocido.
 De ahí tantas cosas raras como realizaban y otras, todavía más raras, que no atinaban a realizar. Por ejemplo, se fortificaban (la palabra les venía ancha) en las riberas de un río cualquiera, como si los enemigos no tuviesen cantidades de aviones que habían de sacarlos inmediatamente de esas aguas. Durante la campaña de Málaca, los británicos (es decir, los hindúes dirigidos por australianos), se han atrincherado, uno tras otro, tras seis ríos. Y ni aún en el sexto comprendieron que era esto algo absolutamente inútil, y aún algo favorable a los