Guerra 1939 42 03 21 28
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Guerra 1939 42 03 21 28
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La India despierta La SI 21/03/42 p. 1-5 ver en Asia países
Sumatra cae totalmente. Un paréntesis en Oriente  La SI 21/03/42 p. 5-7
Absurdos en las prácticas bélicas. Absurdos en el derecho de guerra La SI 21/03/42 p. 7-8 
Aún las mentiras exigen mesura. La medida en las patrañas La SI 21 /03/42 p. 9-10
Canadá pierde su costa Pacífica. Canadá y su costa del Pacífico  La SI 21/03/42 p. 8-9
La lógica de las exigencias soviéticas. Rusia exige lógicamente  La SI 21/03/42 p.9-10
Los 4 triángulos quebrados. Los cuatro triángulos del Oriente La SI 28/03/42 p. 11-3
Los tres “otros” La SI 28/03/42 p. 3-4
El Soviet confiesa el fracaso de su gigantesca ofensiva. La ofensiva rusa mellada
Cómo un australiano juzga a Gran Bretaña La SI 28/03/42
El botín de Singapore La SI 28/03/42 p. 8
La India despierta
La SI 21/03/42 p. 1-5
ver en Asia países
Sumatra cae totalmente. Un paréntesis en Oriente
La SI 21/03/42 p. 5-7
 Después de la espectacular conquista de Java en 9 días, y del derrumbe del Imperio Holandés en menos de dos meses, se han realizado cuatro movimientos, a cual más interesante. Ellos son el preludio de una acción al parecer dirigida sobre Australia y la frontera de la India a la vez 
 a) Primero, en Nueva Guinea y el estrecho de Torres. Último residuo de las posesiones de los países aliados en ese Oriente amarillo.
 Contra lo que habían anunciado los estrategas aliados, los avances en Nueva Guinea se han hecho por tierra. Desde el nordeste invadido, los japoneses se han ido corriendo hacia el sur, para salir contra Port Moresby por su espalda. En estos instantes, los ladinos nipones están escalando la cordillera intermedia, “yunglas impracticables absolutamente”: era este el informe aliado. Los japoneses han penetrado en esas yunglas altas. Y ahí están, renovando las hazañas de Málaca, cuando apaleaban a los aliados saliéndose de en medio de las más enrevesadas selvas tropicales.   
 Entre tanto, las numerosas pequeñas islas que emergen entre Nueva Guinea y la punta septentrional de Australia han sido unas invadidas, otras bombardeadas. Y nos cuentan los aliados que una escuadra nipona respetable está dando vueltas por el estrecho de Torres, cuya dominación ya efectiva priva a todo el norte de Australia, de socorros por este lado. Para salir en auxilio de Port Darwin habrá, en adelante, de correr por tierra, atravesando los interminables desiertos, o dar la vuelta por mar por el lado occidental…si los japoneses no deciden lo contrario.
 Precisamente en estos instantes del miércoles, una noticia que hace circular el Ministro de la Guerra norteamericano nos cuenta que ha habido ya un desembarco japonés en la parte occidental de Australia.  Añade que por aquellos mares  viaja una poderosa escuadra nipona dueña de aquellas aguas. Los mapas de portada de los números  1.044 y 1.046 muestran las ciudades que interesarían a los nipones, no solo como primer paso sobre Australia, sino también –y principalmente- como vigilancia y dominio de ese mar Índico, que es el punto más sensible, actualmente, de los intereses aliados.
 Una noticia está poniendo cara alegre a los aliados,  baqueteados por un rosario de ininterrumpidas derrotas. Ha llegado a Australia el general Mac Arthur, el héroe de las Filipinas, para encargarse de la defensa de la enorme isla, así como de toda esa zona oriental.
 Dos aspectos tienen esta noticia, y llamamos la atención del lector sobre ellos, para no dejarse cazar en la trampa de generalizaciones absurdas.
 Primero, el lógico gozo de los aliados, y especialmente de los australianos,  por la llegada del general norteamericano. Han sido tan continuas las derrotas y tan espectaculares los triunfos nipones; han mostrado ser tan perfectas nulidades los generales británicos, Wavel al frente, así como los australianos, gallos que se lo querían comer todo y han resultado desplumados completamente; han perdido tanto los aliados y es tan grave el peligro para esa Australia de unos políticos tan incapaces, que ha de darse como lógico y natural el gozo que rezuma por los poros de toda la prensa abanderada a favor de la causa aliada. Los australianos, ayer tan soberbios y sabios, se han declarado ineptos a sí mismos. Los británicos lo mismo. La gallarda defensa filipina realizada por Mac Arthur pondría esperanzas en cualquiera; pero en los pueriles y torpes campos aliados pone más: seguridad de victoria.  
 Segundo aspecto de esa nueva dirección militar es éste: Mac Arthur es una nulidad exactamente igual –por no decir más grande todavía- que los generales ya derrotados: Wavell, Gordon Bennet, van Mook  y sus similares. Añadamos, antes, que solo los hechos nos guían en estas críticas, desconociendo completamente la personalidad del general norteamericano, para que puedan interponerse prejuicios y desviaciones.