Guerra 1939 42 04 04
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Guerra 1939 42 04 04
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¿Quién engaña a quién? La SI 04/04/42 p. 1-4
Mr. Cripps les toma el pelo a los hindúes La SI 04/04/42 p. 7-8

Balance de la ofensiva rusa en invierno  La SI 04/04/42 p. 8
¿Quién engaña a quién?
La SI 04/04/42 p. 1-4


    Mientras en casi todos los frentes duerme el turbión, sin duda que preparándose los ejércitos para nuevas gestas, van poniéndose de manifiesto ciertas características internas de esa lucha desaforada que está conmoviendo los mismos cimientos del mundo. En los instantes álgidos de una embestida, cuando truena el cañón y tiembla el suelo, aparece con especial relieve lo externo, quedando, bajo una montaña de ruidos y estridencias, como ahogada y escondida, la fisonomía interior de las cosas. En instantes como estos, en que solo pequeñas chispas escapan de la superficie, la objetividad de las cosas aparece con mayor claridad, como si el formato y la urdimbre de las entrañas apretase la epidermis y apareciese en alto relieve la fisonomía interior de los acontecimientos.
    De este modo, si el resbalar sobre los hechos es cosa fácil, casi fatal, en horas de ruidos y hervores periféricos, una clara visión y una serena comprensión están más a mano en los instantes de relativa quietud exterior.
    Uno de los problemas más graves de la actualidad –bélica, económica y política- es el que se refiere a las relaciones entre Rusia y los países plutocráticos que forman con Rusia una alianza actualmente. En numerosas ocasiones los hechos nos han tentado a poner los puntos sobre la íes, después de ver como varios críticos andaban desviados, y no solo en el campo de los aliados. Pero somos de los creen que todo tiene su hora, aún en el hacer ver las entrañas de un problema. Son los acontecimientos los que deben plantearlo, y todavía en horas de relativa quietud. Circunstancias que se dan en estos instantes.

    a) La idea común acerca de las relaciones entre Rusia y sus aliados viene a reducirse a algunos puntos esenciales que es fácil enumerar:
    1º La primitiva alianza e inteligencia entre Rusia y Alemania obedecía a la necesidad alemana doble de no hacer la guerra en dos frentes a la vez y de obtener de Rusia productos naturales indispensables. Por parte de Rusia, obedecía a la necesidad de completar sus preparativos militares para una acción arrolladora contra algunos de los grandes pueblos europeos.
    2º Tanto por parte de Alemania como de Rusia, no se creía que pudiese existir una alianza entre ambos países y ambas idealidades. Fue lógico, por lo mismo, que esa inteligencia se deshiciera, atacando primero aquel que se considerase mejor armado en un instante determinado.
    3º La consiguiente alianza entre Rusia y Gran Bretaña la consideraban lógica ambos lados  de las trincheras. Los del Eje, porque están seguros de que coincidían Gran Bretaña y Rusia en su intento de eliminar a Alemania cuando el momento fuese propicio. Los aliados, porque ambos países coinciden en defender la causa democrática. Los aliados han tomado el acuerdo, no menos real por estrambótico que sea, de que Gran Bretaña, con Cámara hereditaria es una democracia, y que Rusia, donde no existen desde hace 23 años ninguno de los llamados derechos individuales, es otra democracia. De esto se deduciría, con coincidencia perfecta entre Gran Bretaña y Rusia en cuanto a la necesaria eliminación de Alemania como gran Potencia y estorbo.
    4º Como consecuencia de esa coincidencia y ese esfuerzo común, en el supuesto de que ellos ganasen la guerra, se repartirían la Europa en dos esferas de Comando, avasallando Rusia el Oriente y Gran Bretaña el occidente. Por consiguiente, los dos grandes países nombrados, en plena colaboración y convivencia después de la guerra también.
    Alrededor de esas bases, han sido varios los críticos no abanderados que se han preguntado extrañados cómo podía ser que anduviesen del brazo los países capitalistas y el país comunista, representando los unos el extremo individualista y el otro el extremo colectivista, polarmente separados en el terreno económico y social, que es el único que realmente prima en estos instantes históricos. Cierto que cerebros privilegiados no extrañaban esa mixtura plutocrática-comunista. Por ejemplo, Chesterton, cuyas frases han sido frecuentemente citadas, afirmaba que nada había más semejante entre sí que la plutocracia capitalista y el comunismo destripado. Y, hombre profundo que era él, miraba de probar esa su extraña tesis. No tan