Italia 42
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Italia 42
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Las cadenas invisibles La SI 21/03/42 p. 11
¿Qué pasa en Cerdeña? Italia entre ceja y ceja  La SI 23/05/42 p. 6-7
Las cadenas invisibles
La SI 21/03/42 p. 11


    En la historia de los pueblos, desde los más antiguos a los nuestros, se notan dos clases de cadenas con que unos tienen a otros aherrojados. Hablando en términos de hoy día, nombraríamos a la India y al Japón.
    La India enorme está atada con cadenas visibles al carro, hoy chirriante, del Imperialismo británico. No dispone de voluntad para autogobernarse no cultiva lo que quiere y cómo lo quiere. No dispone de sus productos. No impone los tributos que crea necesarios. No emplea esos tributos en lo que mejor le parece. Sus príncipes, nadando en un mar de abundancia sobre las miserias de la plebe, son sostenidos por bayonetas extranjeras. Su parlamento no sale de la voluntad nacional. Sino del arbitrio y de la arbitrariedad de una raza dominadora. Gobierna un caballero rubio venido de las lejanías, que no habla las lenguas nacionales. Una policía en manos ajenas maltrata a las masas. Son aprehendidos y desterrados, cuando no fusilados, los que no aceptan esas humillaciones. La justicia está en manos de caballeros que no entienden el habla de los acusados. Las cárceles están llenas de patriotas y los palacios llenos de extorsionadores. Cadenas. Cadenas a la vista. Cadenas que mantienen bien y recias el pueblo que se dice campeón de la democracia, Gran Bretaña, y que subraya y apuntala otro pueblo que, bajo la batuta de Mr. Roosevelt, se proclama simuladoramente campeón de la libertad de los pueblos
    Pero, a lo largo de los siglos, especialmente últimamente, hay otra clase de cadenas. Nombremos a Italia y sabremos a qué atenernos    
    Italia, después de la epopeya de la unificación estatal, aparece en los mapas de los últimos cien años como pueblo soberano, libre y dueño de sus destinos. Aparece. Entremos en ella, y, desde luego, se notan cosas raras. Gran Bretaña tiene una población relativa sensiblemente igual a la de Italia. Dice, explica, grita por todos lados que no pueden vivir tantas gentes en tan escaso terreno. Y sobre esa afirmación y esa exigencia edifica los cimientos morales de su Imperio. “Los ingleses no serían libres –escribía no hace mucho uno de los mejores pensadores británicos, Rudyard Kipling- si no tuviesen la seguridad de que en el espacio imperial hallan con seguridad todo aquello que necesitan y que no les puede dar, a causa de la escasez de suelo, la verdadera patria”.
    Según este eminente escritor, no es libre un país cuando no posee lo que necesitan su cocina y sus fábricas. O, trasladando a la vida colectiva uno de los postulados más claros de la sociología moderna, un país no es libre, sino sujetado y esclavo, si no tiene independencia económica. En otras palabras: la libertad política, escrita y a la vista nada vale y no es más que apariencia, si no viene edificada sobre la libertad y suficiencia económica.
    Es una tesis británica, y a fe que tiene base, y que marca una verdad sin réplica. A base de ella, en el terreno individual, ya solo masas ignaras se contentan con lo que llaman democracia política mientras sufren las más grandes miserias económicas, víctimas de una economía sin espíritu, estilo siglo X1X. A base de ello, en el terreno de las naciones, un país no es independiente más que en pura apariencia, si no dispone de aquel suelo y aquellos naturales recursos que son necesarios para una correcta vida nacional.
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    Lo raro es que Gran Bretaña y Estados Unidos, que predican para sí estas doctrinas, las crean erradas y herejía cuando las adopta otro país. Por ejemplo, Italia. Y ahí está la raíz de la mayor parte de los actuales conflictos, consistentes en acaparar unos lo que necesitan  y lo que les sobra ampliamente, negándolos a los que lo necesitan.
    Y ello encierra, como se ve, un fondo de Egoísmo y otro fondo de Envidia. Egoísmo inhumano y dictatorialismo, porque se sale de lo Moral y de la satisfacción de las necesidades el acaparar lo que sobra. Envidia y pequeñez de alma, porque hay aquí el anhelo de mantener débil y angustiosa a otra raza que tememos que, a derecha ley y cara a cara y en iguales circunstancias, podría tal vez superarnos y ascender más arriba que nosotros.
    Si se tratase de un lucha grasa para hacerse con productos escasos, sería lastimoso ese luchar, pero tendría una explicación, siquiera animal, de ese supuesto estado de cosas. Más, tratándose de bienes naturales ampliamente sobreros, muy superiores, aún en el estado actual de