América 42
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América 42
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América ante un nuevo anzuelo La SI 11/04/42 p. 6-7
10 votos contra 10 La SI 25/04/42 p. 7-8


América ante un nuevo anzuelo
La SI 11/04/42 p. 6-7


    a) Estas conmovidas Américas en trance de peligros por todos lados, están ahora abocadas a uno nuevo, representado por esa imposición –más que oferta- de los proyectados convoyes comerciales.
    En la capital norteamericana se han reunido jefes militares de todos los países de América para esa cosa rara que han inventado los yankis apellidada “Defensa de América”. De una América cuyos peligros no se ven, como no sea en el imperialismo norteamericano, que aprovecha cualquier pretexto y usa de toda amenaza para intervenir colonialmente en la vida libre de estos pueblos continentales.
    Mr. Sumner Wells –cuya presencia sobraba, evidentemente, en una reunión de técnicos- pronunciaba un discurso en el cual quería convencer a los reunidos de que la primera y capital cuestión “militar” que debía tratarse era la referente a la formación de convoyes protegidos entre los puertos sudamericanos y los de Estados Unidos, a causa de la campaña submarina tan dinámica realizada por los submarinos alemanes especialmente en el Atlántico.
    La afirmación es exacta. La campaña submarina alemana en esa mar va resultando catastrófica para Norte América. En el mismo día en que Sumner Wells hablaba de este modo ante los militares continentales, solo los submarinos alemanes hundían cien mil toneladas delante mismo de las costas estadounidenses. De seguir un ritmo que no ceja, el derrumbe de la navegación norteamericana puede venir más que de prisa. Problema realmente serio…para Estados Unidos.
    En manera alguna, para los pueblos sudamericanos. Los vapores hundidos son o norteamericanos o extranjeros al servicio y bajo la responsabilidad norteamericana. El que hayan sido 6 buques no norteamericanos al lado de cerca de 200 estadounidenses carece de todo valor práctico. Además, esos buques sudamericanos llevaban mercaderías a Estados Unidos, que necesita urgentemente, y bien pueden cargar estos países nuestros los riesgos de los hundimientos a cuenta del comprador, rico y necesitado.
    Además hay países –Argentina, Chile- que nada tienen que ver con ese hecho. Sus buques pasean el pabellón nacional, aun llevando material de contrabando, por esos mares, sin que los submarinos alemanes les molesten. Bastaría entrar en convoyes, para que lógicamente pudiesen ser hundidos.
    Estados Unidos está embocando el problema de “los otros” con manos menos fina, todavía, que Gran Bretaña. La mitad de la flota hundida por submarinos alemanes en la costa norteamericana era de propiedad noruega y de tripulación extranjera, pero fletada por norteamericanos. Ellos sacan las ventajas de la carga, si se salva. Se hunden barcos extranjeros y mueren extranjeros en honor de Estados Unidos, si son hundidos. Cuando las tripulaciones extranjeras se niegan a ponerse en peligro en aras de un país extranjero, la policía norteamericana, pasando por sobre todas las leyes pertinentes, las encierra en campos de concentración  en condiciones que han motivado ya intervenciones internacionales.
    Si los riesgos son norteamericanos, ha de ser Norte América la que organice, con buques propios y personal norteamericano, convoyes y naves comerciales y de guerra, que protejan el convoy. No han de ser naves de otros países las que vayan al fondo del mar por intereses ajenos. Aún para los tontos que aceptan la teoría de “los otros” han de exigir un límite a su torpeza, más allá de la cual solo vegetan los tontos.
    El hecho es, aparte ese afán porque “los otros” se maten por mí, que Estados Unidos está flaqueando falto de buques. Y busca que sean otros los que conozcan el fondo del mar, liberando ni que sea  algunos buques norteamericanos de un ataque seguro. Buques y soldados. Porque se busca, también, con ello que sean expertos en marinería sudamericanos los que desaparezcan para los intereses netamente norteamericanos.

    b) Este problema se pone más serio si se tiene en cuenta una serie de hechos que vienen a reafirmar lo que un año atrás advertíamos como cosa natural a estos pueblos, respecto a esas promesas norteamericanas sobre que EE. UU les compraría toda la producción, que antes era vendida en Europa. Hubo diarios argentinos, cuya mala mano hizo todo lo posible para agravar